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Laura Bellver
Miércoles, 30 abril 2014
Educación

Dislexia: otra forma de aprender

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Aunque se estima que el 10% de la población mundial presenta el trastorno, todavía es un gran desconocido para mucha gente, lo cual es motivo de falta de confianza, frustración y fracaso escolar. Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado a dicha realidad.

[Img #19963]Pasé la infancia pensando que era tonta”, afirma la lingüista Luz Rello. En concreto, esta sensación se prolongó hasta sus doce años, cuando una profesora dedujo que la dificultad en la redacción y en la comprensión de textos que presentaba su alumna tenía una causa con definición propia. “La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura de carácter persistente y específico que se da en niños que no presentan ningún hándicap físico, psíquico o sociocultural y cuyo origen parece derivar de una alteración neurobiológica”, explican desde la Asociación de Dislexia y Familia (Disfam). Así, Luz comenzó a realizar ejercicios que se salían del estándar aplicado en el aula y se obró lo que algunos llegan a dar por casi imposible. “A partir de entonces pasé a tener un rendimiento normal”, reconoce ella misma.


Una misma evidencia para el fallo y el éxito

El caso de Luz no es, ni mucho menos, aislado; pues la incompatibilidad con el actual sistema educativo da lugar a frecuentes equívocos. “Los niños disléxicos deben poner tanto esfuerzo en las tareas de lectoescritura que tienden a fatigarse, a perder la concentración, a distraerse y a rechazarlas. Los padres y los profesores procesamos esta actitud como desinterés”, admiten las fuentes de Disfam. En otras palabras: es una impremeditada ignorancia la que, en la gran mayoría de ocasiones, merma las capacidades de los estudiantes con dicho desorden. Sin embargo, experiencias como la de la protagonista de estas líneas prueban que su potencial puede ser desplegado con otras metodologías. Justamente, esto es lo que defiende el protocolo Prodislex, el cual indica medidas tan asequibles como usar sistemas fonológicos o refuerzos de carácter visual y auditivo, educar mediante proyectos vivenciales o permitir el uso de ordenadores y grabadoras en clase, entre otros. “Yo soy optimista y creo que con estas estrategias de compensación las personas con dislexia se pueden desarrollar sin problemas, incluso en la investigación”, declara Luz.


Conocimiento en abierto por el bien común

Sin duda, esta lingüista sabe de lo que habla: el pasado 2013 recibió el premio de la asociación Euroscience a la mejor investigadora joven europea por DysWebxia. Ella trabajaba el procesado del lenguaje natural cuando sus compañeros le sugirieron que podría emplear su saber para ayudar a otras personas con dislexia. “Ello inspiró mi tesis doctoral, que ha consistido en un estudio que cambiaba las condiciones textuales y medía mediante un ‘eye tracker’ con cuáles se llegaba a una lectura más rápida y a una mejor comprensión”, ilustra. Los resultados del mismo se han plasmado en una serie de herramientas, como son un lector de libros electrónicos para Android – cuya versión para iOs será lanzada en breve – y un portal específico que adapta sitios web. Ambos modifican la presentación de los textos – espaciado entre caracteres, tamaño de las tipografías, colores, etc. – y sustituyen aquellas palabras más conflictivas para los disléxicos por sinónimos.


[Img #19964]Además, no contenta con hacer altruistamente más accesibles los soportes digitales, Luz también se embarcó recientemente junto con dos amigas en otro proyecto, para el cual ha empleado su tiempo libre restante. Se trata de Piruletras, una aplicación móvil que, basada en una serie de patrones, presenta errores comunes para que los niños con dislexia los corrijan y, a la par, los padres sepan qué confusiones son habituales en sus hijos. “De esta forma, se aprende jugando”, matiza su precursora. Con todo, la creación cuenta ya con 13.000 descargas provenientes de más de 70 países. Aún le queda para alcanzar las más de 35.000 que ha registrado su anterior producto, pero todo hace pensar que va por el buen camino.


Orden, por favor: ¿cómo se detecta y cómo se debe proceder?

Obviamente, tanto la denominada adaptación no significativa – que comprende los métodos alternativos para la adquisición de conocimiento – como los recursos citados son útiles tras un diagnóstico certero y, cómo no, cuanto más precoz, mejor. Para ello, tanto padres como docentes tienen que estar pendientes de síntomas característicos como la dificultad para recitar el alfabeto, realizar rimas simples o clasificar sonidos, así como la lentitud, las omisiones o las inversiones en la lectura y la confusión entre derecha e izquierda. De confirmarse el trastorno a través de algunos de estos indicios, el paso a seguir es bien sencillo. En palabras de los miembros de Disfam: “Lo primero que debería hacer la familia es acercarse a la asociación de dislexia más cercana para dejarse asesorar por expertos e informarse sobre todas las cuestiones que tengan relación con el tema. También es de suma importancia normalizar el trastorno en casa y en la escuela”.


Un futuro mejor pasa por esto… y por un ‘filtro’

Con todo, poco a poco se está logrando combatir el desconocimiento que aún rodea a una Dificultad Específica del Aprendizaje (DEA) como ésta y, aunque comprometido por los presentes recortes en educación, se está tratando de forjar un compromiso por parte de la Administración para que las personas con dislexia gocen de la igualdad de condiciones que merecen, lo cual sigue dependiendo en gran medida de la buena voluntad del profesorado y de iniciativas particulares como las de esta lingüista. Asimismo, aquellos sensibilizados con la dislexia mantienen una particular lucha por implantar en España lo que ya está funcionando con éxito en otros países. “Si de mí dependiese, estaría claro: la primera medida a aplicar sería presentar en los colegios un test a todos los niños cuando todavía no saben leer ni escribir para detectar cuáles están en riesgo de tener problemas de adquisición del lenguaje. Es tan sencillo como eso y, en el largo plazo, se ahorraría mucho fracaso escolar y muchos recursos”, concluye Luz. Al fin y al cabo, lejos de segregaciones y estigmas innecesarios, no se trata más que de localizar a quienes sólo precisan de otra forma de aprender.

[Img #19965]





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