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Laura Bellver
Miércoles, 2 abril 2014
Culturas

Damasco habla en español

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Existe una popular frase atribuida a la escritora inglesa Margaret Drabble que dice así: «Cuando nada es seguro, todo es posible». Esta semana en 360 Grados Press nos hemos topado con un caso que prueba dicha máxima. Para conocerlo hemos de trasladarnos por escrito hasta Siria.

[Img #19807]Micrófono en mano, un joven toma la palabra en medio de la celebración para hablar en nombre de los estudiantes. Sus palabras son de agradecimiento, pero también de ánimo. Por ello, para concluir, invita a los presentes a entonar la canción titulada Color esperanza, la cual se ha convertido en una suerte de himno para el optimismo. “Saber que se puede, querer que se pueda…” tararean todos a una misma voz en el estribillo. Lo cierto es que la elección no podría ser más acertada: esta escena se enmarca en la fiesta organizada por el segundo aniversario del Centro Hispánico de Damasco, el cual recibe cualquier muestra de aliento con los brazos abiertos, pues las dificultados para llevar a cabo su actividad no son pocas. De hecho, conocidos procedentes de diversos rincones del mundo llenan estos días el muro de su perfil en Facebook con mensajes motivadores. Cómo no, “Enhorabuena” es una de las palabras más repetidas.

 

La historia de este cumpleaños comienza en marzo de 2012, coincidiendo con el cierre de la sede que el Instituto Cervantes regentaba en la capital siria. Fue entonces cuando un grupo de sus profesores – como Soledad Fernández, Ignacio Melgosa y otros – asumieron la responsabilidad de continuar con la enseñanza del español, así como con la difusión de su correspondiente cultura, de manera que decidieron fundar para el caso dicha institución. Y todo ello, bajo solicitud expresa de los propios alumnos. Sin embargo, el agravamiento del conflicto que había comenzado hace prácticamente un año antes propició que esos docentes, a excepción de Rocío Rojas, también abandonasen el país. En sus palabras: “Para mí Siria ha sido siempre muy especial. Aquí he sido muy feliz. Esta es una manera de retribuir todo el cariño que he recibido. Para mí es una suerte haberme quedado y vivir todo lo que estoy viviendo”. Ella, por tanto, ha posibilitado en gran medida la continuidad del proyecto.

 

El legado de Cervantes y más

Pero, sin duda, la permanencia del Centro Hispánico de Damasco no tendría sentido alguno sin sus estudiantes, quienes han visto aquí la oportunidad de proseguir con el aprendizaje que habían iniciado hace años, lo cual se ha convertido, a la par, en una manera de evadirse del caos que les rodea con motivo de la guerra. Asimismo, ante el cierre del resto de centros educativos en general y de idiomas en particular, muchos niños y jóvenes han encontrado en esta entidad una guarida para su formación. Podría decirse, en definitiva, que la labor que el Instituto Cervantes venía desarrollando desde finales de la década de los cincuenta en Siria – con el nombre de Centro Cultural Hispánico hasta 1994 – se ha visto ampliada en su vertiente más social durante estos dos últimos años. Es más: a pesar de la actual carencia en infraestructuras, el interés por la lengua que el organismo público español había logrado despertar durante dicho tiempo se mantiene con vida gracias a este proyecto.

 

Allanando el camino hacia el tercer aniversario

Con todo, el Centro Hispánico de Damasco es el único que queda en esta ciudad con profesores nativos. En concreto, con tres, los cuales imparten clases a poco más de medio centenar de personas. El acceso a los cursos no tiene requisitos de edad ni de formación académica previa, sino que los condicionantes vienen de fuera de la entidad, como el escaso transporte hacia la capital, el encarecimiento de la vida por el conflicto o la falta de libros, entre otros. Así, la donación de material didáctico, la concesión de algún tipo de ayuda financiera para costear el alquiler de las aulas o la dotación de becas para que los jóvenes no dejen sus estudios se plantean para la institución como necesidades básicas. A la espera de que éstas se satisfagan, dicho proyecto seguirá como hasta ahora: optimizando al máximo aquellos recursos de los cuales dispone y haciendo propio el significado de esa canción que dice “Saber que se puede, querer que se pueda…”. Desde luego, la esperanza, sea del color que sea, es lo último que se pierde.

[Img #19808]





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1 Comentario
Fecha: Sábado, 5 abril 2014 a las 11:44
Tamara Arronte
Desde Alepo, mi enhorabuena !!! Sois un gran ejemplo, Saludos.

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