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Marcos García
Miércoles, 26 marzo 2014
Clásicos del Cómic

El príncipe de la noche: Vampiros de serie B

Pese últimamente parece que haya zombies donde quiera que miremos, si hay un monstruito que ha despertado la más absoluta fascinación durante generaciones ese es sin duda el vampiro. Docenas de series de televisión clónicas nacidas a la luz de Crepúsculo así lo atestiguan. Sin embargo para los fans de los chupasangres de toda la vida ese nuevo vampiro emo y postmoderno carece del encanto que tiene el vampiro de toda la vida: el auténtico Príncipe de la noche. Así es, precisamente, como se titula este álbum del belga Yves Swolfs que recupera para las viñetas a el elegante transilvano que encarna nuestros miedos más profundos y ancestrales.

[Img #19790]Vladimir Kergan acecha desde hace siglos en las tinieblas buscando desdichados con los que apaciguar su inmortal sed de sangre. Su cacería, sin embargo, ha estado continuamente amenazada por la estirpe de los Rougemont, una casta condenada a perseguir al vampiro a través de la noche en una cruzada fanática en la que la familia ha sacrificado generación tras generación. Ahora, en el país de los años 30, el último de los Rougemont deberá encarar la batalla final y vencer al Príncipe de la noche o perder su alma para siempre.


[Img #19785]Desde luego el planteamiento no es demasiado original, para qué vamos a engañarnos. En realidad el guión no es uno de los fuertes de este cómic. Los clichés son frecuentes y hay algunos diálogos que chirrían. Sin embargo el resultado general compensa esas pequeñas imperfecciones puesto que Swolfs logra devolvernos un relato de vampiros absolutamente tradicional. Y lo consigue sin caer en el pastiche. Al contrario, es un continuo homenaje a los clásicos del género en el que el apartado gráfico brilla especialmente.


Swolfs trabaja con un trazo realista en el que, además, busca la verosimilitud en la reconstrucción de los escenarios históricos, logrando así una reconstrucción muy detallista del París de los años 30. Y es que ese detallismo en la reconstrucción histórica es una de las constantes más importantes en la obra de Yves Swolfs. El autor ha dibujado recurrentemente obras ambientadas en el pasado que lo han llevado a reconstruir para las viñetas desde el lejano oeste a la Francia revolucionaria. 


Pero el realismo no es el único motivo por el que el aspecto gráfico es reseñable. El trabajo del color desde un punto de vista de la historia de manera que, como si se tratase de la fotografía de un filme, las viñetas emplean los tonos para reforzar aspectos narrativos: las gamas frías y grisáceas para la soledad de un castillo, el resplandor dorado para las noches en el teatro de la ópera o el rojo y el negro para las veladas de invierno  junto a la hoguera.  En ocasiones el resultado es verdaderamente cinematográfico.


[Img #19786]La analogía fílmica no es casual y, desde luego, la inspiración cinematográfica es muy importante en el desarrollo de la obra. Swolfs trabajó con fotografías de actores clásicos del cine francés como Jean Gabin para caracterizar a los personajes. Además el universo vampírico bebe directamente del relato gótico de finales del siglo XIX y, muy especialmente, del cine inglés de terror de los años cincuenta. Los personajes y los escenarios deben muchísimo a las películas de la Hammer en las que Christopher Lee encarnó al segundo Drácula más carismático de la historia.


El Príncipe de la noche no es ni mucho menos original y en ocasiones cae en algún que otro tópico prescindible pero desde luego es una buena obra que entusiasmará a los incondicionales. La estructura del relato es muy ágil, el dibujo de Swolfs es esmerado y minucioso y el vampiro, ese entrañable chupasangres que tantos escalofríos nos ha proporcionado, está retratado con toda la dignidad que un clásico de su categoría se merece.


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