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David Barreiro
Miércoles, 19 marzo 2014
Pelaezleaks

Entre arenques y parchís

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Seguro que a ustedes les ha sucedido también. En algún momento de la vida se han cruzado con alguien que ha ejercido gran influencia en su manera de pensar o en su carrera profesional. Suelen ser considerados como auténticos padres por la entrega y devoción con la que nos han tratado siempre.

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Algo así cree el jefe de Peláez que le ha sucedido con su vasallo periodista, si bien no le ha enseñado más que la mejor manera de empinar el codo o escapar de los acreedores que suben por las escaleras. Así, sintiéndose un padre no reconocido, ha terminado una semana complicada que comenzaba con un resfriado del ínclito jefe cogido en pleno Golpe de Estado del 81y que transcurrió entre partidas de parchís y ahumados de arenques. Nada nuevo bajo el sol de este sin par periódico.

 

 

Jueves, 13 de marzo

 

– Buenos días, jefe.
– ¡Atchís! días, Peláez.
– ¿Está constipado?
– Desde el 81, cogí frío en el Golpe de Estado y hasta hoy.
– ¿Estuvo cubriendo el Golpe de Estado?
– No, lo escuché por la radio, pero con la ventana abierta. ¡Atchís!
– Pues ya sabe, jefe, zumo de naranja.
– Correcto. Con cuatro churros azucarados, café doble, copita de anís y unos torreznos. Desayuno mediterráneo. ¡Atchís!
– Quiero decir que tome zumo de naranja para el catarro.
– ¡Atchís! ¿Para el catarro?
– Claro, tiene vitamina C, es estupendo.
– Perfecto, compre sesenta kilos de naranjas
– ¿Sesenta?
– Tengo mucho catarro, Peláez, pero mucho.
– Está bien. También necesitaré un exprimidor.
– Hable con ese acreedor de ahí, no para de exprimirme.
– ¿Tanto le debe?
– Hasta el catarro era suyo.
– Hablaré con él.
– ¿Hará eso por mí? ¡Atchís!
– Solo si se cuida y toma zumo. Tome, aquí tiene un vaso.
– ¿Puedo añadirle un poquito de ginebra?
– No.
– Está bien… Glup glup glup. Está rico…
– Claro, jefe… ¿Se encuentra mejor?
– Pues sí. Aunque, me entra algo extraño por la nariz…
– Es oxígeno, jefe.
– Oxígeno... mola.
– Perfecto. Ahora voy a hablar con el hombre.
– Suerte, Peláez. Respirando espero.

 

Viernes, 14 de marzo

 

– ¡Peláez!
– Dígame, jefe.
– ¿Le gusta este piano?
– Jefe…
– ¿No le agrada?
– Son las uñas de sus pies, no un piano.
– Carajo.
– Sí, jefe, es que no se las veía con la barriga.
– Tengo que ponerme a dieta.
– Lleva así toda la vida…
– No tengo fuerza de voluntad... Bueno, ¿qué está haciendo?
– Ultimando el suplemento dominical.
– Déjelo y échese un parchís.
– No puedo, jefe, mañana hay que enviarlo a imprenta.
– Sáquelo el lunes.
– ¡Es dominical!
– Llámelo lunático.
– Usted sí que es un lunático.
– No se pase. Tire el dado.
– Cinco. Salgo de casa.
– Me rindo.
– ¡Jefe! Si acabamos de empezar…
– ¿Lo ve? no tengo fuerza de voluntad… estoy acabado…
– Está bien, jefe, volvemos a empezar.
– Gracias...
– Venga, tire usted.
– Un puto uno buaaaaaaaaa…
– Repita, jefe…
– ¡Cinco!
– ¿Lo ve? Usted puede…
– Le voy a destripar, Peláez.
– ¿Estaba fingiendo?
– Jejeje… ¡seis! ¡Vuelvo a tirar!

 

Lunes, 17 de marzo

 

– Buenos días, jefe.
– ¡Constipados no!
– ¿Qué?
– ¡Gripe fuera!
– ¿De qué habla?
– ¡Nosotros tosimos, nosotros decidimos!
– No le entiendo…
– Me manifiesto contra el invierno y a favor de la primavera. Que la pongan de una vez.
– Eso no depende del gobierno, jefe.
– ¡Todo depende del gobierno! ¡Menos el capullo de Messi, que es autosuficiente!
– No, jefe, no es así.
– Se equivoca, Peláez, ayer miles de ciudadanos salimos a la calle e hizo un sol del carajo. ¡Porque defendimos nuestros derechos!
– Es al revés.
– ¿Defendimos nuestros izquierdos?
– No, hacía sol, luego salieron a la calle.
– ¿Es que usted no se manifestó?
– Estuve aquí trabajando, jefe.
– Luego querrá primavera universal, sin copago.
– La primavera siempre es universal.
– Usted no vivió en la dictadura, hijo. Cuarenta años de invierno.
– Eso es metafórico.
– ¡Y una mierda! ¡Me congelo solo de pensarlo!
– Está bien, jefe, bueno, voy a trabajar…
– De acuerdo, yo subiré a manifestarme a la azotea.
– ¿Con periódico, copa y hamaca?
– Pues sí, espero que no me lo confisquen los grises.
– Ya no hay grises, jefe.
– Cierto, gracias a gente como yo, el cielo es ahora azul.
– Lo que usted diga.
– Adiós.
– Adiós.

 

Martes, 18 de marzo

 

– ¡Jefeeeee! ¡Fueeeeeego!
– Se equivoca.
– ¡Vámonossssssss!
– Ni de coña.
– ¡Jefeeeeeeeeeeeeee!
– Que soy yo, Peláez.
– ¿Su puro otra vez?
– No, hombre, estoy ahumando unos arenques.
– ¿Qué?
– Sí, rollo nórdico, ya sabe.
– Jefe, esto es una redacción.
– Pruebe, pruebe.
– Me niego.
– Están para chuparse los dedos.
– No lo niego, pero debemos centrarnos en el trabajo.
– No me centraré jamás, siempre seré comunista.
– Pues ejerce de déspota empresario.
– ¿Qué la hace pensar eso, vasallo?
– Ha recortado mis derechos sindicales.
– No los he recortado, se los he quitado.
– Pues peor aún.
– Es la nueva vía.
– ¿Ah sí? ¿Y en qué consiste?
– Arenques, vino blanco y pasión desenfrenada.
– No pienso acostarme con usted.
– Lo haremos de pie.
– Jefe, está perdiendo los papeles.
– No, los quemé para hacer el humo.
– ¿Qué papeles?
– Periódicos antiguos, su contrato… cosas así…
– ¿Mi contrato?
– Nos ata nuestra palabra, Peláez.
– ¿Promete pagarme el sueldo firmado?
– No recuerdo haber firmado nada…
– ¡Jefe! ¡No tiene palabra!
– Salud, Peláez, no se agobie.
– No quiero vino.
– Glup Usted se lo pierde glup.
– Me voy a trabajar.
– Aquí le espero Ñam.

 

Miércoles, 19 de marzo

 

– Buenos días, jefe.
– Ejem.
– ¿Cómo se encuentra?
– Ejem ejem.
– ¿Perdón?
– Ejeeeeeem…
– ¿Qué le pasa?
– ¿No piensa felicitarme en mi día?
– ¿Se llama José?
– ¡No, por favor!
– ¿Entonces?
– Yo… soy… tu… padre…
– ¿Qué?
– Lo que oye, Peláez.
– Eso es mentira.
– ¿Ah sí? ¿Quién le enseñó a andar en bicicleta?
– Mi hermano mayor.
– ¿Y quién le llevó por primera vez al zoo?
– Mis verdaderos padres, Agustín y Margarita.
– ¿Quién le dio las primeras nociones de periodismo?
– Mis profesores en la facultad.
– ¿Quién le enseñó lo que era el amor?
– Las mujeres que se cruzaron en mi vida.
– ¡Me cago en la hostia! ¡Desagradecido! ¡Le desheredo!
– Es que no soy su hijo, jefe…
– Me decepciona usted, Peláez…
– Pero siempre será un ejemplo para mí, jefe…
– ¿De verdad?
– Sí. Y no es necesario celebrarlo cuando diga El Corte Inglés, sino todos los días.
– ¿De verdad?
– De verdad.
– Brindemos, Peláez.
– Chin chin.
– Glup glup glup glup
– Jefe…
– Glup qué glup glup
– No ha puesto champán en mi copa…
– Cuando seas padres comerás huevos, Peláez. ¡Glup!


Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress.

La foto es de @Marga_Ferrer

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