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Laura Bellver
Miércoles, 12 marzo 2014
Artesanía

Donde los metales preciosos se cobijan

Aunque las Fallas no se queman hasta el 19 de marzo, la ciudad de Valencia ya está que arde con motivo de ello. En 360 Grados Press hemos aprovechado esta coyuntura para aproximarnos a una artesanía que subsiste en esta urbe, en gran medida, gracias a dicha fiesta popular: la orfebrería.

[Img #19697]Todos los talleres siempre tienen una historia detrás”, afirma Elena Santamaría. Sin duda, el entorno no hace más que corroborar sus palabras a la par que las pronuncia: poco después de entrar pueden contemplarse las fotografías de unos faroles de finales del siglo XIX y principios del XX; más adelante, una puerta grabada hace unos cien años marca el paso entre la zona de atención al público y la de trabajo; y ya en éste último espacio, algunas piezas del mobiliario – como unas mesas o un plomo desarrollados exclusivamente para este trabajo – pueden presumir también de ser prácticamente centenarias. “Y suelen ser familiares. A una persona no se le ocurre ahora montar un taller así de repente. Esto no nace de esta forma, sino que cuando lo has vivido es cuando te planteas dedicarte a ello en un momento dado. Puede que salga o que no, porque conozco familias cuyos hijos no han continuado”, prosigue Elena.


Siguiendo en sus términos, no cabe duda de que en este caso sí que salió. Tanto es así, que entre los Santamaría ya se cuentan cinco generaciones de orfebres. Desde la calle de las Danzas, donde fue abierto el primer taller en 1870, pasando luego por la calle Cajeros y llegando, finalmente, a la calle Maldonado. De hecho, aquí es donde Elena ha aprendido junto a sus dos hermanas, Carmen y Amparo, de la mano de su padre, Vicente. Y es también donde su sobrino, homónimo de éste último, ha cogido ahora el legado. Todos ellos contribuyen, por tanto, al mantenimiento y a la evolución del oficio. “Mi bisabuelo trabajaba mucho para la iglesia, pero luego eso se fue perdiendo. Mi abuelo empezó a hacer las peinetas para los grupos de danza tradicional. Fue mi padre quien empezó a introducirse en el traje regional valenciano y sus correspondientes complementos para las mujeres. Principalmente, este es nuestro fuerte”, relata Elena.


Como en Fuenteovejuna, pero en el buen sentido

[Img #19704]De esta forma, el tiempo no se mide en este taller en la semana previa a la celebración de las Fallas. Porque, aunque la gran mayoría fueron encargados con tiempo, muchos pedidos son entregados por estas fechas, de manera que no se concibe un horario fijo. Eso sí, la organización no puede faltar bajo ningún supuesto. Por ello, el joven Vicente junto a Pepe, quien trabaja con los Santamaría desde hace más de cuatro décadas, cincelan sendas peinetas mientras que Fernando, que lleva 15 años en el negocio, platea el broche de un aderezo, el cual pasará luego a manos de Carmen o de Amparo para montar la piedra o la perla, según corresponda. Elena, por su parte, ha cumplido previamente con su labor, los diseños. “Recupero muchos antiguos y, a la vez, voy innovando, porque esto también se ha convertido en una moda. Pero siempre hay que recordar que, dentro de la moda, es una tradición. El traje de valenciana tiene que seguir siendo un traje tradicional, porque es lo que representa. Nosotros en nuestro taller intentamos no salir exageradamente de esa tradición y de ese traje, pero sí, cada generación quiere ver cosas distintas”, explica ella misma al respecto. Se trata, en definitiva, de un trabajo en equipo.


Esto, aquello, lo de siempre y algo más

Pero la orfebrería, obviamente, abarca más allá de peinetas y aderezos de valenciana, así que este taller no se dedica exclusivamente a dichas piezas. Un collar de reina que espera su turno sobre una mesa para ser rematado o un cinturón para Semana Santa que descansa ya terminado en la estancia contigua son prueba de ello. Ambos confirman, además, que las fiestas populares son una suerte de asilo para el oficio en general. De hecho, gran parte de sus profesionales se refugian en éste mismo a lo largo y ancho de la geografía española. Porque, aunque todavía queda demanda de imaginería religiosa – resplandores, aureolas, custodias… –, el volumen ha descendido considerablemente en los últimos tiempos. Por el contario, la tendencia es ascendente en frentes relativamente nuevos, como es el caso de los complementos para novias: tocados, pendientes, brazaletes… En palabras de Elena: “Empezamos con ello hace unos quince años y lo hicimos por los clientes, porque había quienes nos lo pedían. Ahora, cada vez llega a más gente y lo trabajamos más”.


Un valor añadido a descubrir

[Img #19705]Y en este sentido, en el del vínculo del orfebre con los consumidores, sucede algo peculiar. “Quien prueba, repite”, asiente Elena. Sin embargo, la problemática viene dada por el desconocimiento que la sociedad presenta sobre este oficio, tanto en concepto como en esfuerzo, lo cual hace que muchas personas no lleguen a conocerlo, abocándolo sin pretenderlo a la extinción. Según apuntan los protagonistas de estas líneas, es un mal que padece la artesanía en todas sus vertientes, pero que podría remediarse fácilmente. “El cliente tiene que saber que lo que está comprando está hecho a mano y que llega un momento en que los precios no se pueden bajar más. Pero esto hay que enseñarlo, porque cuando nos conocen, ¡nos valoran tanto! Por eso, las ciudades tendrían que fomentar bien la artesanía que en ellas existe”, concluye Elena. A la espera de que esto suceda, la orfebrería seguirá resguardándose en talleres como este, donde tradición y maestría se alean con los metales preciosos.


@LaBellver

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1 Comentario
Elena Santamaria
Fecha: Viernes, 14 marzo 2014 a las 17:29
Gracias por este reportaje, en mi nombre y en el de todo el equipo.
Esta precioso.

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