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Manolo Gil
Miércoles, 12 marzo 2014
Reseña

El Griego de Toledo

Desde el 14 de marzo se puede visitar la exposición El Griego de Toledo en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Comisariada por Fernando Marías, esta exposición constituye el eje central de los actos conmemorativos del IV Centenario de El Greco, que arrancaron el pasado 14 de enero en el Museo del Prado.

[Img #19685]El Griego de Toledo reúne las obras más destacadas del pintor, desde sus inicios en Creta, su paso por Venecia y Roma, y su establecimiento en Toledo. Esta exposición monográfica, la primera que como tal se celebra en Toledo, se complementa con la obra expuesta en los llamados Espacios Greco (Catedral de Toledo, Iglesia de Santo Domingo el Antiguo, Santo Tomé, Capilla de San José y Hospital Tavera). Además, y también como complemento, se puede visitar  desde el 1 de abril, en el Museo del Prado, La biblioteca del Greco, una exposición comisariada por Javier Docampo y José Riello en la que se reconstruye la librería del pintor con 39 libros, cuatro de los cuales le pertenecieron con toda seguridad.

 

Más allá del interés conmemorativo, estas exposiciones, así como el resto de actos programados con motivo del Año Greco, tratan de mostrar una imagen de El Greco diferente a  los tópicos que pesan sobre él. Olvidado durante siglos, Domenico Theotocópuli fue revitalizado a principios del siglo XX, tras la gran exposición que le dedicó el Museo del Prado en 1902 y la monografía de  Manuel Bartolomé Cossío publicada en 1908. Desde entonces se le ha presentado como un místico, un asceta que supo representar de manera ejemplar el espíritu de la Contrarreforma y el alma hispánica. Un pintor que, aunque griego, fue universal y sobre todo español. Nada más lejos de la realidad.


[Img #19720]


Actualmente, gracias a la documentación que disponemos, estos tópicos hacen aguas. Han tenido que pasar cuatrocientos años desde su muerte para reconocer que no se sintió español ni fue místico ni asceta. Domenico Theotocópuli  fue griego y siempre se sintió griego, no renunciando jamás a sus orígenes y firmando sus cuadros como El Greco. Todo un acto de afirmación de su propia identidad. Perteneció a una familia ortodoxa y, a pesar de haber cambiado de religión, manifestó bastante relajación en sus prácticas: no perteneció a ninguna cofradía, como era habitual,  ni hizo testamento ni encomendó ninguna misa para cuando muriese. Fue difícil, pues, que fuera un místico.


Lo que no hay duda es sobre su genialidad y modernidad, tal y como se entendían ambas en  el siglo XVI. Fue pintor, diseñador de arquitecturas, escultor…  Leyó a Vitrubio y  Vasari, y escribió notas en los márgenes de los libros en las que manifiestó que nunca se tuvo por un pintor místico ni español. Asumió los principios coloristas de la pintura veneciana, más cerca de Tintoretto que de Tiziano, y concibió su arte como un instrumento que le permitía imaginar el más allá de la realidad. Además, hoy se pueden admirar algunas de sus  pinturas en sus colores originarios. Un elemento más no exento de polémica, como la que surgió hace un par de años tras la restauración de El caballero de la mano en el pecho que ha permitido mostrar el gris original del fondo del cuadro y no el negro.

 

Es obvio que hoy sabemos más de El Greco que en 1908. Solo refiriéndonos a los documentos, en la época de Cossío se conocían 37 documentos, hoy más de 500.  Por otra parte, la sociedad española vive otros contextos socioculturales y la percepción varía. Actualmente es difícil justificar que El Greco  fue un místico que defendió el espíritu de la Contrarreforma y la hidalguía española. Han pasado cuatrocientos años para hacer que El Greco vuelva a vivir en  Toledo como Domenico Theotocópuli, y  vuelva a su contexto histórico. Fue hijo de su tiempo y vivió su arte desde la atalaya del Manierismo. Fue un artista personal, alejado de las especulaciones y las etiquetas que exceden lo artístico. Un hombre del Renacimiento. Cuatro siglos después de morir vuelve a  Toledo para ser lo que realmente fue y se sintió:  El Griego de Toledo.


 

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