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Marcos García
Miércoles, 29 enero 2014
Clásicos del Cómic

Watchmen

Quis custodiet ipsos custodes?
Es posible que muchos hayáis visto la película de Watchmen. Pasó por los cines con un considerable éxito y, en general, no cosechó opiniones demasiado desfavorables. Zack Snyder lo hizo razonablemente bien. Pero como Alan Moore se ocupó de anunciar por activa y por pasiva mucho antes de que la película estuviese siquiera en producción, el blockbuster de 2009 no es exactamente lo que él tenía en mente cuando en 1986 puso patas arriba el mundo de los superhéroes.

[Img #19392]Watchmen se lanzó como una miniserie que pretendía renovar el Universo DC para conseguir darle un impulso frente a su eterna rival Marvel que, en aquellos momentos, la estaba vapuleando en ventas. El resultado, sin embargo, fue muy diferente del esperado.


Ese es quizá el principal fallo que pueda achacársele a la película de Snyder. Porque, mientras que la versión cinematográfica es en esencia una película que trata sobre las vicisitudes de ser un vengador enmascarado, el monumental cómic de Alan Moore y del dibujante David Gibbons, es una reflexión desnuda sobre el Poder. Con mayúsculas.


Durante la Edad de Planta del cómic norteamericano los guionistas ya habían introducido elementos como la moralidad del héroe y su legitimación. Esa frase, erróneamente atribuida al Tío Ben, que Spiderman repite hasta la saciedad no es más que un ejemplo de esa nueva preocupación.  Como heredero de aquella corriente, Moore recoge esa reflexión pero la lleva un paso más allá.


Partiendo de un verso de Juvenal que ha encontrado con frecuencia eco en la literatura anglosajona – especialmente en la de ciencia ficción – Alan Moore escribe la que posiblemente sea su obra más monumental. La revista TIME consideró que Watchmen era la consagración definitiva del cómic como un vehículo de expresión literaria más y la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía le otorgó en 1988 el Premio Hugo. Era la primera vez en la historia del galardón que ganaba una novela gráfica. 


Watchmen es una ucronía, una ficción situada en una realidad alternativa en la que los superhéroes llevan patrullando las calles de EEUU desde los años veinte. Hasta que el gobierno, temeroso de su poder, decide prohibirlos amparándose en la terrible situación de alarma social que generan sus actividades. El argumento es falaz y, tal y cómo vemos en el desarrollo de la narración, oculta una lucha encubierta entre las diversas facciones del poder estadounidense. Todo esto se produce, además, en un momento en el que la Guerra Fría está a punto de devenir en holocausto nuclear.


A partir de este punto Moore aprovecha para hacer una metódica disección de los mecanismos del poder y de cómo estos se sirven del miedo y de la propaganda para conseguir manipular conciencias. La obra es también un retrato bastante aproximado de cómo funciona la formación de la opinión pública en las democracias occidentales y, por encima de todo, es capaz de ilustrar con un elemento ficticio – el superhéroe – cómo funcionaba el precario equilibrio que evitó que durante la Guerra Fría medio mundo hiciese saltar por los aires al otro medio.


Ya sólo por esa capacidad para retratar la sociedad en que él estaba viviendo – y en anticipar de algún modo la sociedad-espectáculo que vino después – vale la pena echarle un vistazo a esta novela gráfica. Pero, como todas las obras de Moore, Watchmen es mucho más de lo que tenemos a simple vista. En la obra son frecuentes y abundantes las referencias culturales y científicas, desde el Watergate hasta John Milton y su Paraíso Perdido, pasando por la física nuclear o las obras de William Burroughs.


[Img #19391]Watchmen no fue, ni mucho menos, la primera obra de Alan Moore. Ni siquiera fue la primera que firmaba para DC Comics, pero sin duda fue la que lo encumbró. Con su edición en formato de novela gráfica en 1987 la obra recogió tal cantidad de críticas favorables y supuso tal prestigio para su autor que Moore se vio convertido, de algún modo, en el padrino de la nueva generación de autores que han sentado las bases del actual cómic mainstream para adultos.


El prestigio de algunas de sus obras fue el que llevó a Hollywood a fijarse en ellas a la hora de encontrar nuevas historias que llevar a la gran pantalla: las adaptaciones de From Hell, La Liga de los Hombres Extraordinarios y V de Vendetta (de las que Moore también ha renegado una y otra vez) acercaron sus obras al gran público. Pero no sólo eso, volvieron a poner de actualidad los cómics originales en los que se inspiraban, suscitando la curiosidad de los espectadores que se aproximaban a las historietas atraídos por las historias que habían visto en el cine.


Sin Watchmen, Moore no habría tenido el crédito ni la capacidad para crear esas otras obras y posiblemente el cómic seguiría siendo hoy algo minoritario o con una imagen entre el gran público limitada a los superhéroes  y sus mallas. Paradójicamente, el cómic que lo hizo posible fue encargado y recibido en su momento como una miniserie más de superhéroes.


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