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Laura Bellver
Miércoles, 22 enero 2014
Entrevista

"El cine no es muy fiel con las mujeres y eso no sucede con el teatro"

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Reconoce que prefiere responder largo y tendido a los periodistas antes que dar opción a interpretaciones. Podría decirse que ello es otro reflejo de la misma convicción que luego transmite en cada una de sus respuestas, las cuales salpica ocasionalmente de ironía. Su entorno y su recorrido han propiciado que las tablas se conviertan en una suerte de segundo hogar para ella. Justamente, es en este espacio donde esta semana hemos podido conversar durante unos minutos con Amparo Larrañaga.

[Img #19326]Tu idea era estudiar enfermería, pero finalmente te decantaste por ser actriz. ¿Podría decirse que llevando los apellidos Larrañaga y Merlo no pudiste evitarlo?

Pues fue cosa de mi abuelo. Yo no tenía un especial interés por ser actriz hasta que pasé un año en su casa viviendo con él cuando tenía unos 14 años. A diferencia de mis padres, que no querían mezclarnos en esto, él me empezó a envenenar llevándome a los teatros. A los 15 ya estaba trabajando. Y mira tú dónde he acabado (risas).


En tu familia destacan mujeres imponentes como tu abuela María Fernanda Ladrón de Guevara, tu tía Amparo Rivelles, tu madre María Luisa Merlo… ¿Qué influencia han tenido todas ellas en tu trayectoria?

¡Mucha! ¡Imagínate! Yo soy de la cuarta generación de actores. En mi familia ha habido muchas más mujeres, como mi bisabuela Amparo Piquer, que no han sido tan conocidas, pero que yo he conocido. Hablamos de gente que podía hacer varias funciones todos los días de la semana, compaginándolo con televisión y cine, que tenían una gran vocación y que guardaban muchas anécdotas y vivencias. La experiencia que ellas me han transmitido como mujeres independientes es incalculable.


Has afirmado en más de una ocasión que prefieres a las actrices antes que a los actores. ¿Por qué?

Yo he vivido en un mundo de hombres: hermanos, hijos, sobrinos… Y en el mundo de los hombres me manejo muy bien. Cuando empecé en esto se decía que las mujeres son más ambiciosas, más complicadas, pero me empecé a dar cuenta de que en esta profesión no es así. Los tíos son mucho más lunáticos, maniáticos, pesados, hipocondríacos… Es verdad que luego solucionan muy rápido los líos que pueden tener entre ellos, pero yo con las actrices me he llevado siempre mucho mejor.


[Img #19329]Justamente, en la obra en la que estás trabajando ahora, Hermanas, las mujeres sois mayoría. Esta historia parte de un encuentro tras la pérdida de un padre. ¿Hasta qué punto ha sido una ventaja o un inconveniente que coincida con un episodio similar a nivel personal?

Ha sido muy curioso. Cuando me dieron esta función me encantó, pero cuando mi padre cayó enfermo la paramos. La pusimos en marcha cuando salió de la UCI, así que cuando murió ya estaba funcionando. Tuve la opción de dejarla, aunque era muy complicado porque el tren ya estaba en marcha. Entonces empecé a pensar en todo lo que le había visto hacer a mi padre, que trabajó cuando su madre falleció. Y lo mismo le ocurrió a mi madre. Y a toda mi familia. Así que lo convertí en un homenaje. Ha sido dificilísimo y, a la vez, como una catarsis diaria. Porque yo no podía vivir el duelo cada día, pero esta obra me ha dado la oportunidad de hacerlo. Me siento muy orgullosa de haberlo hecho así y creo que le ha dado un punto muy especial a la obra.


En comparación con televisión y teatro, tu paso por el cine ha sido más bien testimonial. ¿Se ha tratado de una decisión personal o de una cuestión coyuntural?

He hecho películas con gente bastante importante, pero el cine para mí terminó cuando con 24 años creé una empresa teatral. Llegadas a una edad, el cine no es muy fiel con las mujeres y eso no sucede con el teatro, ni en términos de espectadores ni de textos. Tienes ese momento con 28 ó 30 años, cuando eres una tía cañón y te ofrecen cuatro o seis películas, por lo que no puedes hacer teatro aunque tengas una empresa montada. Pero sabes que eso te puede durar poco, así que yo elegí lo otro.


Aprovechando tus dos facetas, como actriz y como empresaria, ¿sabrías decir cuál es la fórmula para llenar los teatros a pesar de los tiempos que corren?

Pues no lo sé, con sinceridad. En mi caso, tenemos un cerebro en la familia, que es mi hermano Pedro, el cual cuenta con tres ases, que somos Luis Merlo, Maribel Verdú y yo. Los tres tenemos una carrera de fondo teatral, así que intentamos hacer siempre buenos textos rodeados de gente profesional. Y aún así, te la pegas, porque si no esto lo estaría haciendo el Banco Santander. Hablamos de un negocio inseguro y que tiene otra desventaja: todo lo que ganas en el teatro privado lo reinviertes en él también. En cualquier caso, nuestra carrera de fondo hace que la gente que no se decepciona con nuestras obras venga a vernos. Es decir, nosotros vamos mucho a taquilla, cosa que otros no se pueden permitir. Digamos, en resumen, que hay un poco de valor, un poco de cabeza, un poco de fidelidad de la gente y un poco de sentido común sobre lo que tienes y lo que no puedes hacer por las circunstancias.


Cambiando de tercio: te has declarado fan de varias series norteamericanas. ¿Es justo establecer una comparación con las producciones españolas?

No, no es justo. Aquí no hay dinero y no tenemos lo que ellos tienen, como actores de cine de primera línea que hacen series de televisión para cadenas que sólo tienen un millón de espectadores allí, porque luego las importan al mundo entero. Cuando aquí, por ejemplo, compran la idea de Los misterios de Laura o de Pulseras rojas es la leche. Esos son los logros de las televisiones nacionales: ir a contracorriente y hacerlo bien. Otras veces, menos bien, como en todas partes, porque también hay una bazofia tremenda. Pero, en definitiva, allí viven del cine porque es una industria como tal, de ahí que haya senadores o presidentes que sean actores. Tú imagínate a Resines de presidente del Gobierno. Sería inviable (risas).


Para terminar: estamos en plena cuenta atrás para la gala de los premios Goya, que se han convertido en un altavoz para el cine en particular y para el mundo de la interpretación en general. ¿Qué mensaje te gustaría escuchar este año?

El mensaje fundamental de los actores ya está dicho y redicho. Médicos, educadores, etc. pueden salir a manifestarse por sus cosas, pero cuando sales tú en tu plataforma que son los Goya a pedir lo tuyo te ponen a parir en muchos sitios. Lo nuestro es desolador, incluso cuando hablamos de un Gobierno porque creemos que lo está haciendo mal. Es lo que le pasó a mi cuñada (Maribel Verdú) el año pasado: aunque ella no tiene, decidió hablar de las hipotecas porque esa misma mañana se había tirado un tío por una ventana y se armó la que se armó. Ni hablando de lo nuestro ni de los demás te salvas, así que yo no haría nada, porque por más que haga no tenemos el favor de la gente. Es por eso que vivo de espaldas totalmente a ello.

[Img #19325]


Agradecimientos: Teatro Olympia.

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