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José Manuel García-Otero
Jueves, 5 diciembre 2013
El Butacón del Garci

Entre José y Juan, mi abuelo y mi padre

Cuando era chico mi padre me llevó a ver el monumento de Joselito en Gelves. Una vez delante del torero, sentí un nudo en el estómago o puede que en la garganta, no sé, la piel se me puso de gallina, lo recuerdo muy bien y no era por el frío, porque estábamos en junio y el calor comenzaba a sacudir las macetas.

[Img #19133]Yo me quedé casi como el bronce de aquellas figuras. Vivíamos en Triana, muy cerca del Tardón, y Gelves me pareció tan lejos como Barcelona. Esa tarde, con el sol cansado de dar luz, las chicharras parecían un orfeón y un olor a barbo y a brea me decía clarito que el río no andaba muy lejos.


El regreso a casa lo hice en silencio. Mi padre me preguntaba si me pasaba algo y yo le dije: “No, Joselito. Qué grande, papá”.


Mi abuelo se llamaba El Alcalareño y fue matador de toros. A mi abuelo le dio la alternativa Rafael El Gallo y como testigo Joselito. Fue en la plaza de toros de Murcia, y de eso hace tantos años que creo que las hojas de la hemeroteca se encuentran tan amarillas como un campo de plátanos maduros.


Mi abuelo era “Gallista” furibundo. Adoraba al maestro: José representaba lo que mi abuelo, también José, pero bajito y simplón, no podía ser jamás. Lo respetaba y admiraba. Y en las discusiones con los belmontistas, en el casino de Alcalá de Guadaira, mi abuelo parecía un pitbull taurino, asestando estocadas verbales y levantando una voz, el puño y un acento por encima de las estrellas. Mi abuelo era corazón, un corazón de Joselito ensartado en la muleta; decía que José, parecía poseer una llave mágica que abría todas las puertas y murallas.


Cuando Joselito murió, mi abuelo entró en depresión y se marchó a América. Allí toreó muchas tardes y se lució con el Papa Negro, aquel padre de los Bienvenida, que hizo gloria y Colombia en tierra de amor, cumbia y cafetales.


Ya viejo, mi abuelo José reconoció la gloria de Juan, “aquel trianero feo de tanto arte”. Mi padre, también Alcalareño, solo llegó a novillero. Culpó a la guerra no dar el siguiente paso. Pero la guerra se llevó muchas culpas y, sobre todo, secuestró aficiones. Mi padre era Belmontista. Pero nunca se lo dijo a su padre.


[Img #19134]De Juan lo supo todo. Y compartió secretos. De Belmonte se grabó en las venas gotas de incienso y magia, portalones de pureza y un río de temple que pellizcaba su corazón de artista. Mi padre respetaba como nadie a José (me llevó a ver su monumento como un cristiano a Santiago y no dejaba de contarme sus gestas: como torero y como hombre), pero siempre me dijo que Juan Belmonte fue el hacedor del toreo de hoy; una manera de bailar al son de los duendes, con los filos del asta rozando la taleguilla, y paseando la lentitud hasta los cielos. Todo eso era Juan: puro cante por bulerías, señor Bethoven de Triana, rey con la muleta y el capote; y con esos atributos conquistó el corazón de la gente. Y miraba. Como miraban los reyes. Y los dioses.


*Desde el martes 15 de octubre hasta el domingo 15 de diciembre. La exposición “Joselito y Belmonte. Una revolución complementaria (1914-1920)” estará abierta de martes a sábado en horario de 10 a 14h. y de 17 a 20h., en el Espacio Santa Clara de la calle Becas y en el Castillo de San Jorge  en la Plaza del Altozano. Los domingos el horario se reduce, abriendo sus puertas de 10 a 14h.

@butacondelgarci 


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