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David Casas
Miércoles, 13 noviembre 2013
Sugerencias

Alcocéber, paraje natural de frío y playa

El frío cada vez se hace más presente en el Levante valenciano, pero aún es tiempo de visitar la costa. ¿Playa y mar a mediados de noviembre? Pues sí. Desde 360 Grados Press os invitamos a abandonar el sofá y la manta para conocer Alcocéber, una joya a primera línea del mar de Castellón. Respira la suave brisa que recorre sus playas, su gastronomía marítima y sus excelentes vinos, fuera de las aglomeraciones turísticas y del sofocante calor del verano.

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Ocho meses de calor, ocho meses de verano interminable. Más de uno habrá pronunciado estas palabras al notar las primeras brisas de frío que llegan estos días, después del llamado “veranillo de San Miguel”, a la costa valenciana. Notas breves, pero muy deseadas de frío que ya comienzan a recorrer nuestra piel y que están terminando por culminar el trasvase de ropa de verano al fondo del armario para dar paso a la manga larga, las chaquetas, abrigos y bufandas. Siempre mirando de reojo alguna prenda corta, que la semana pasada a más de un visitante le pudo sorprender ver los 30 grados que marcaban los termómetros de la ciudad del Turia.


Lejos quedan los helados, los refrescos, las sombrillas, los chiringuitos y los turistas colorados. Pero, ¿por qué abandonar la costa levantina, a pesar del frío? Qué mejor momento que este para conocer qué hay detrás de las playas, calas y del mar en una temporada en la que las grandes masas de turistas los abandonan para refugiarse en el sofá y el abrigo de las mantas. Por ello esta semana hemos visitado una de las zonas que mejor recoge estas características de la costa levantina. Se trata de Alcocéber, un núcleo poblacional de la costa de Azahar, en la provincia de Castellón, que pertenece al municipio de Alcalá de Chivert.


Es un verdadero placer recorrer (eso sí, abrigado) los cerca de diez kilómetros de playas y calas que envuelven este núcleo sitiado por grandes hectáreas de pinos y de zonas verdes endémicas que aún conservan una parte de la virginidad mediterránea. Una oportunidad para depurar nuestros pulmones y respirar aire (frío) puro al mismo tiempo que regalamos nuestra vista y nuestros oídos con un mar limpio y cristalino de relajante melodía de olas que chocan con el resto de los sentidos.


[Img #18841]Cinco son las grandes playas que se pueden visitar: la del Cargador, la Romana, la del Moro, la de Manyetes, de cantos rodados y que comparte terreno con la pedanía de Capicorp, y la de Las Fuentes, con manantiales de agua dulce que brotan de la arena entre dunas y que proceden de los ríos que pasan por la Serra d’Irta. No desmerecen tampoco sus tres calas: Tres playas, Cala del Moro y Cala Blanca, que se encuentra junto al clásico y reconocible faro que guiaba años atrás a los barcos que se acercaban a la costa. Ni tampoco las torres defensivas a primera línea de playa que protegían a los habitantes de Alcocéber ante los abundantes ataques barberiscos del siglo XIV, como la que reclama la mirada del paseante en la playa de Manyetes.


Y es que esta antigua tierra de pescadores y de agricultores de cultivos de secano ofrece una gran cantidad de oportunidades para el visitante que desee conocer lo que resulta de combinar la costa con el frío incipiente. Ahora que las playas se quedan vacías de submarinistas y de amantes del kitesurf, el windsurf o la vela, es momento de descubrir el interior salvaje de Alcocéber, sus bosques y rutas naturales donde realizar senderismo, barranquismo, bicicleta y, en el caso de los incondicionales del motor, recorridos en segway, quad o buggy. Disfrutar de las vistas desde los miradores del parque natural de la Serra d’Irta también es uno de los regalos que conceden a nuestros ojos estos agradecidos paseos. Además, los más intrépidos pueden realizar escalada por su relieve abrupto, uno de los mayores de Castellón, y espeleología en sus cerca de 60 cavidades con buena topografía, entre las que destaca la más profunda, el Avenc del Collet Roig.


Y si entre paseo y actividad se desea llenar el buche, Alcocéber conserva una rica gastronomía tradicional compuesta por paellas de marisco y de carne, pero también otros tipos de arroces como el negro, a banda y el arrossejat que preparaban los pescadores con el género que no vendían. Y de postre, rollets de cullerà, d’anís, carquinyols, coca mal feta y pastissets de boniato, sin dejar de lado las sabrosas frutas que nacen de sus tierras como la cereza, la naranja y el higo. Un sinfín de sabores que se pueden combinar con largos paseos bien abrigados por la brisa del mar y de rutas verdes que retratan el paraje de Alcocéber de forma magistral. Amantes de la fotografía y de la naturaleza costera de otoño, estáis de suerte con este paisaje, remanso de tranquilidad y de belleza y panacea del estrés urbano.

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