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Laura Bellver
Miércoles, 13 noviembre 2013
Iniciativas

Cafés pagados buscan destinatarios anónimos

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Esta semana en 360 Grados Press hemos ido de barra en barra de bar para conocer una nueva práctica solidaria con mucha historia a sus espaldas.

[Img #18832]¡Hola! Dos cafés, por favor: uno para mí y otro pendiente”. “Buenos días. ¿Me pone cinco cafés? Dos que sean pendientes”. “Buenas tardes. Quería el almuerzo popular y un café pendiente. Gracias”. Estas demandas, u otras similares, son las que parte de los clientes de diversos locales de España vienen realizando desde el pasado mes de marzo. Posteriormente, otras personas totalmente desconocidas, las cuales no pueden permitirse un desembolso tal, acuden al mismo sitio preguntando por dichas consumiciones abonadas por adelantado. En líneas generales, este es el funcionamiento de Cafés Pendientes, un proyecto nacido en Italia que Gonzalo Sapiña ha importado recientemente. “La verdad es que la cultura de bares que hay en nuestro país es muy grande y, al tratarse de una iniciativa cuyo centro o inicio son éstos, pues pensé que se podría adaptar perfectamente a nuestra sociedad. De hecho, en los bares se habla mucho de temas sociales. ¿Qué mejor que esta práctica para colaborar?”, afirma él mismo.

 

En concreto, esta idea data del siglo XVII y tiene su origen en el barrio napolitano de Sanità, donde los obreros acostumbraban a tomar un café y, cuando tenían algo que celebrar, dejar otro pagado para quien viniese después de ellos, generalmente alguien con escasos recursos. Era lo que se llamaba caffè sospeso – café suspendido –, una tradición que parecía perdida hasta 2008, cuando la coyuntura económica no sólo invitó a retomarla, sino también a ampliarla en lo que a significado se refiere. En palabras de Gonzalo: “Todo empezó con los cafés, pero al final se ha extendido a la filosofía ‘de lo pendiente’, ya sean bocadillos, menús, otras bebidas o comidas”. En gran medida, esta expansión se debe a la asociación Rete del Caffè Sospeso, la cual ha trabajado por su recuperación hasta el punto de establecer el 10 de diciembre como efeméride específica para el caso.

 

Un plan prácticamente rodado

[Img #18833]Justamente, que Gonzalo leyese una noticia en un periódico acerca de la celebración de este día tan particular fue el punto de partida de esta iniciativa en España. Y el hOlé hOlé en Santa Cruz de Tenerife, la primera cafetería en sumarse a ella. “La verdad es que fue una gran ilusión. Por fin algo se materializaba y estaba muy contento. El chico de hOlé hOlé me ayudó mucho en la promoción de Cafés Pendientes. Le debo mucho”, confiesa al respecto su precursor. Desde entonces, esta práctica no ha hecho más que crecer. Así, el registro de la correspondiente web cuenta actualmente con 200 locales activos. Además, restan cerca de 150 por ser incluidos. Sin duda, la acogida por parte de la sociedad ha sido fundamental en la consecución de semejantes cifras en cuestión de pocos meses. “La respuesta ha sido muy buena, muchísimo, por las dos partes, ya que los que  pagan los cafés se sienten gratificados por poder ayudar a los más cercanos y los que lo reciben se evitan un gasto que, tal vez, para ellos es muy importante o ni siquiera pueden realizar”, explica Gonzalo.

 

Todo preparado a conciencia

En este sentido, en el de la adhesión social, la puesta en escena de Cafés Pendientes ha jugado un papel sustancial, ya que se ha creado una serie de recursos gráficos distintivos para todos los establecimientos que forman parte de esta plataforma. “Esta acción invita a hacer una pregunta, es decir, hace que la gente pregunte al propietario del local qué es o de qué se trata”, apunta Gonzalo. En otras palabras: se refuerza el poder del boca a boca. De hecho, comenzar a ‘suspender’ cafés pasa a ser tan sencillo como que los hosteleros rellenen un formulario online, impriman el emblema y lo coloquen en un lugar visible para sus clientes. Asimismo, el proyecto comprende que personas contacten individualmente para promocionarlo por su ciudad o, también, que se colabore donando vasos y platos de usar y tirar con vistas a “cubrir aún más el abanico de locales que se quieren añadir”.


Con todo, Cafés Pendientes consigue que lo que se había convertido en un lujo o, incluso, un imposible para muchas personas sea algo factible gracias al mero acto de sumar una consumición de más en la cuenta; un gesto frecuente entre conocidos extrapolado ahora a extraños que verdaderamente lo necesitan. Las invitaciones para esos destinatarios anónimos se acumulan.


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