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David Casas
Miércoles, 6 noviembre 2013
Salud

El fenómeno de los cigarrillos electrónicos

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El tabaquismo se ha impuesto como la primera causa de mortalidad prevenible en los países desarrollados y los cigarrillos electrónicos se han alzado como el nuevo y supuestamente definitivo método para combatirlo, pero, ¿es peor el remedio que la enfermedad? Desde 360 Grados Press acercamos este incipiente dispositivo de sustitución y su doble faceta de inhibidor de la adicción al tabaco y de perjudicador de la salud.

[Img #18789]El coto de caza de los consumidores de tabaco y del propio tabaquismo cada día se cierra más a nivel global en los países desarrollados y, en concreto, en España. Desde las primeras campañas televisivas antitabaco como las desarrolladas por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) ha llovido mucho. El proceso de concienciación pública de los efectos dañinos (y mortales) que provoca el acto de fumar ha ido creciendo en los últimos veinte años: desde la obligación por ley del Ministerio de Sanidad a incluir en las cajetillas mensajes tan duros como ciertos sobre las consecuencias del tabaco hasta la prohibición de la publicidad, promoción y patrocinio de productos del tabaco a través de la ley 28/2005 o de fumar en lugares cerrados y en aquellos de uso colectivo abiertos debido a la nueva ley antitabaco, la 42/2010.


Porque la puesta en marcha de acciones tan severas como estas radican no solo en las graves consecuencias producidas por los elementos que componen los cigarrillos corrientes que se comercializan, sino a que, aproximadamente, el 33% de la población mundial es consumidora habitual. Además, gran parte de ella desea y ha intentado abandonar esta práctica que culmina en el tabaquismo. Esta enfermedad adictiva y crónica “se mantiene merced a la dependencia física que produce la nicotina y otros factores como los sociales, gestuales o sensoriales”, según afirma Esther Verdejo, neumóloga del Hospital General Universitario de Valencia y master en tabaquismo por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).


Fuera de la mera concienciación social, desde el servicio de Neumología del Hospital General se trabaja por ayudar a aquellos que quieran dejar de fumar y presenten la patología, a través de consejos sanitarios, terapias cognitivo-conductuales y el debido tratamiento farmacológico que “evite la sensación desagradable que produce la adicción nicotínica”, como asegura Verdejo. Todo ello con la firme convicción de reducir la afluencia de una adicción que va unida al 33% de las enfermedades cardiovasculares, además de provocar la aparición de tumores (pulmón, laringe, esófago, etc.) a través del alquitrán y las nitrosaminas que componen el humo del tabaco; la EPOC por las sustancias oxidantes, o el infarto cerebral en personas jóvenes debido al monóxido de carbono.


La llegada estelar de los cigarrillos electrónicos

[Img #18788]Pero actualmente Verdejo y sus compañeros neumólogos se muestran pendientes y muy analíticos, al mismo tiempo que asisten junto al resto de la sociedad al fenómeno de los cigarrillos electrónicos. A pesar de que el producto fue patentado hace ya diez años en China por el farmacéutico Hon Lik (Herbert A. Gilbert hizo lo propio en los años 60, pero sin nicotina ni éxito), el negocio de las franquicias que ofrecen este dispositivo se ha extendido por España de manera fulgurante en los últimos años.


Muchos de los “adictos” al tabaco que se han propuesto dejar de fumar, ya sea por su salud o por el elevado precio de las cajetillas, se han aferrado a este nuevo método por la supuesta efectividad que se le ha otorgado. Este punto a su favor ha aumentado su consumo en un 800% en los últimos tres años, con un paso casi directo desde los establecimientos farmacéuticos hasta las tiendas especializadas y, desde octubre, los estancos.


¿Qué suponen para la salud del consumidor?

Estos cigarrillos son físicamente muy similares a los convencionales y constan de una boquilla, una batería con una luz LED que se enciende al dar la “calada” y un vaporizador donde se introduce la sustancia comercializada y que es la responsable de simular el clásico humo. El problema principal de estos dispositivos, según cuenta la neumóloga Verdejo, es que contienen nicotina, en diferentes cantidades, y tóxicos como etilenglicol, metales pesados y alquitranes. Además, aunque no existan estudios suficientes a largo plazo, es consciente de que en un lapso temporal corto “una calada produce los mismos efectos deletéreos del tabaco”, con un aumento de la resistencia pulmonar y una caída de la función pulmonar, hecho que ha provocado su retirada inmediata de los comercios en países como Canadá y Australia.


[Img #18790]A pesar de esto, en un estudio comparativo presentado en el último congreso de la European Respiratory Society, celebrado en Barcelona, se desveló que los cigarrillos electrónicos y los parches de nicotina producían resultados efectivos similares a los seis meses de abandonar el tabaco. Aun así, ni la Organización Mundial de la Salud (OMS), SEPAR, la European Respiratory Society (ERS) ni la American Thoracic Society (ATS) recomiendan su uso como terapia para dejar de fumar. “No existe evidencia científica y ni siquiera hay una regulación para su venta”, argumenta Verdejo.


Fenómeno de futuro incierto

Lo cierto es que la venta de cigarrillos electrónicos se encuentra sumergida en un auge de crecimiento que, de momento, parece imparable, aunque Verdejo cree que es fruto de “la novedad” y de los “diferentes sabores que los hacen atractivos para los jóvenes”, hecho que les convierte en la principal “población de riesgo”. La neumóloga aboga por “no fumar absolutamente nada” y sustituir el hábito por “parches, chicles y comprimidos como el bupropión y la vareniclina”. Además, cree que el futuro de los cigarrillos dependerá de “las leyes, su variante precio” y de los resultados que puedan aportar los clínicos respecto a su “tolerabilidad, eficacia y seguridad”. Habrá que esperar a ver cómo se avecinan los acontecimientos.


@casas_castro

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