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Laura Bellver
Miércoles, 30 octubre 2013
Libros

El mundo es una encrucijada de lecturas

Existe una red a nivel global que promueve el intercambio continuo de libros. Una vez pasan a formar parte de dicho sistema, éstos inician un viaje de mano en mano que nunca se sabe cuándo ni dónde puede terminar, si es que lo hace algún día. Esta semana en 360 Grados Press hemos conocido de cerca el recorrido de esta práctica.

[Img #18741]Raquel Carlús guardó un libro en un táper, el cual selló con silicona y pegó a un corcho. Una vez preparado este particular dispositivo, fue a la playa de la Barceloneta para dejarlo flotar a su antojo en el Mar Mediterráneo. A diferencia de otras obras, de ésta no ha obtenido réplica alguna, al menos por el momento. Ella sabía de esta posibilidad, pero el simbolismo le pudo más que la razón en esta ocasión. Porque con este gesto quería conmemorar sus cinco años como bookcrosser, es decir, como persona que “libera” ejemplares de lectura en lugares públicos para que otros los encuentren, disfruten de ellos gratuitamente y los pongan de nuevo en circulación.

 

[Img #18739]Así, el de Raquel no es un caso aislado, ni mucho menos. Según los datos oficiales de la propia organización, la comunidad de BookCrossing en España cuenta con 41.012 miembros, lo cual la convierte en la quinta más grande del mundo, después de Canadá (46.084), Alemania (69.410), Reino Unido (86.545) y Estados Unidos (336.115). Una cabina telefónica, un cajero automático, el banco de un parque… Cualquier sitio es susceptible de convertirse en una “zona de cruce”, desde el más transitado hasta el más insólito. De hecho, algunos ya se conocen por ser habituales. “Yo he llegado a liberar libros en el congelador de un supermercado (risas). Luego hay lugares más míticos; por ejemplo, la cola de uno de los leones de la Plaza de Oriente de Madrid”, afirma esta miembro del colectivo.

 

El rastro de los lectores como base de su funcionamiento

La idea de esta red no es sólo poner en circulación libros, sino también poder seguirles la pista. Por ello, toda su actividad se articula en un portal oficial, donde se debe dejar una huella de cada cambio de manos y de ubicación. En palabras de Raquel: “El primer paso es registrarse con un seudónimo y una dirección de mail en la web. Acto seguido, se recibe una librería para registrar libros con un número BCID – BookCrossing Identity –. Esto genera una etiqueta que se debe imprimir y pegar en aquellos que se quieran liberar. Por su parte, las personas que los cacen tienen que introducir a su vez ese código en la web. De esta forma, se puede rastrear su recorrido”. Asimismo, en algunos países se han desarrollado réplicas u espejos de esta página, como en España, de manera que se puede obtener información más específica.

 

Los gérmenes del BookCrossing

[Img #18743]Esta plataforma vio la luz el 17 de abril de 2001 en Misuri (Estados Unidos) de la mano de Ron Hornbaker. Webs como PhotoTag – dedicada a seguir las andanzas de cámaras desechables que se abandonan a su suerte con unas instrucciones para que quienes se topen con ellas tomen fotografías y, finalmente, sean devueltas a sus dueños – o Where’s George – la cual hace lo propio con los dólares estadounidenses gracias a su número de serie – inspiraron a este programador informático. Así, tras comprobar que su idea de rastreo de libros no tenía precedentes en Internet y lograr el apoyo de sus socios en la empresa de software y desarrollo Humankind Systems, Inc., Ron puso en marcha la maquinaria del BookCrossing.

 

Y ésta no ha dejado de funcionar desde entonces. De hecho, la organización señala que actualmente presenta más de dos millones de bookcrossers en 132 países, por los cuales están viajando cerca de diez millones de libros. Cierto es que la época de auge parece haber quedado atrás – por ejemplo, el BookCrossing aterrizó en España en 2003 y su crecimiento se comprendió entre 2004 y 2006 –, pero la actividad continúa. “Aunque han surgido otras iniciativas como el Geocachingque consiste en la búsqueda de tesoros escondidos por otros miembros con la ayuda de un GPS –, no es que esto haya decaído, sino que sencillamente nos hemos estabilizado”, matiza Raquel al respecto.

 

Algo más que compartir lecturas

[Img #18742]Con todo, la red de BookCrossing pone en contacto a personas con un interés en común, lo cual propicia la organización de actividades complementarias. Es el caso de las liberaciones puntuales de libros, los encuentros mensuales por ciudades o la quedada nacional de varios días, que se ha celebrado anualmente hasta el presente 2013, cuando se ha decidido hacer un paréntesis. “Este año no la hemos realizado principalmente por la crisis, porque la gente no tiene dinero para viajar, pero la idea es retomarlo”, apunta Raquel. De esta forma, algunos bookcrossers han pasado de ser extraños que permutan libros a buenos conocidos que emprenden juntos iniciativas.


Precisamente, la experiencia de Raquel es buena prueba de ello en este sentido. “Yo me mantengo por la gente que he conocido. Soy de Barcelona, pero ahora sé que gracias al BookCrossing puedo ir a cualquier sitio de España porque tengo amigos allí. Hablo de unas treinta personas aproximadamente, que son principalmente los encargados de mover los libros en sus zonas. De hecho, en 2009 me fui con siete de ellos en un viaje a Japón”, explica ella misma. Así, lejos de estancarse, las ideas para con este movimiento siguen fluyendo. Por ejemplo, con vistas a Navidad, la comunidad de bookcrossers está barajando celebrar la tradición del Caga Tió en la Plaza del Rey de Barcelona con libros infantiles en lugar de chucherías, entre otras acciones en el resto de ciudades. En definitiva, todo apunta a que el mundo seguirá siendo una encrucijada de lecturas.


@LaBellver


Todas las fotografías de este artículo han sido tomadas de Flickr contando con la licencia Creative Commons. Así, la firma corresponde con el nombre de usuario de los autores. 


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