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Laura Bellver
Miércoles, 16 octubre 2013
Música

El "cant valencià" tiene ganas de vivir

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Ocurre que parte del patrimonio cultural, sea del tipo que sea, escapa del conocimiento de la sociedad, de manera que puede caer en el olvido e, incluso, ser condenado a la desaparición. Esta semana en 360 Grados Press queremos centrar la atención en uno que, poco a poco, va alejándose del borde de ese precipicio.

[Img #18679]Decenas de personas se encontraban congregadas el pasado domingo 6 de octubre por la tarde en uno de los patios del Centre Cultural la Beneficència de Valencia. En el centro, unos músicos portando guitarra, guitarrón, trompeta, trombón de varas y clarinete auguraban una actuación. Asimismo, presidiendo el corrillo formado por el público se encontraba un cantador que, poco después de entonar las primeras palabras, precisó de alguien que le dictara al oído cómo seguía la estrofa. Y esto, que en otro contexto hubiese puesto en cuestión la profesionalidad del espectáculo, aquí no logró inmutar a nadie. Porque todos los presentes sabían que quien susurraba la composición era un versador y que la escena se trataba de una muestra del cant valencià.

 

[Img #18678]En concreto, esta exhibición correspondía con el cant d’estil, una modalidad que guarda un fuerte vínculo con la tierra, literalmente. “Es muy complicado definir el origen del ‘cant d’estil’, pero los documentos que tenemos hasta fecha lo datan bajo la dominación romana, cuando los labradores entonaban los denominados ‘cants a l’aire’ mientras trabajaban la huerta. Es, por tanto, el canto más antiguo de España”, explica José Ballestero Guillén, presidente de la Asociación Cultural de Cant Valencià d’Estil. Así, esta tradición musical se ha empapado de todas las culturas que han pisado tierras valencianas – como la arábiga – y ha evolucionado con el tiempo en algún sentido. Por ejemplo, el cant d’estil pasó de ser acompañado exclusivamente con instrumentos de cuerda a incorporar algunos de viento a partir del siglo XVIII, lo cual resulta del desarrollo de las bandas de música civiles.

 

No ha ocurrido lo mismo con las variantes de este canto, como son l’u i dos, l’u i dotze o l’u, las cuales se han mantenido fieles a su primigenia esencia rural. Pero ello no ha sido cuestión de casualidad, sino que se debe al cuidado de la tradición y al trabajo de documentación que durante muchas generaciones se viene realizando al respecto. “Actualmente practicamos también la ‘riberenca’, que se había perdido prácticamente y que hemos logrado recuperar”, apunta José. Y en esta línea más invariable han permanecido también las albaes, la segunda modalidad del cant valencià. Fechadas posteriormente al cant d’estil y de procedencia urbana, éstas presentan algunas diferencias de forma, que no de fondo. En palabras del presidente de la Asociación Cultural de Cant Valencià d’Estil: “En las ‘albaes’ puede haber uno o dos ‘cantadores’ que se alternan, pero tampoco saben lo que van a cantar. Y, en este caso, el canto se acompaña de ‘tabal i dolçaina’ – tamboril y dulzaina – únicamente“.

 

La exclusividad como rasgo distintivo   

[Img #18681]En lo que a puntos en común se refiere, el cant d’estil y las albaes atesoran una característica que, a su vez, les distingue especialmente de otros cantos. “Aquí podría decirse que cada actuación es única”, señala José. Sin duda, factores como el escenario y las voces marcan siempre una diferencia en cualquier género musical que se precie, pero el cant valencià consta de una figura capaz de reinventar las composiciones en cada ocasión: el versador. “El ‘versador’ improvisa la letra sobre la marcha siguiendo la correspondiente rima y se la dice al oído al ‘cantador’, que sólo tiene que estar pendiente de entonar bien. Los cantos pueden ser una crítica, una exaltación o, sencillamente, una descripción. Pero siempre son distintos”, aclara este miembro de la Asociación Cultural de Cant Valencià d’Estil.

 

Un aprendizaje en perfeccionamiento

A diferencia de otras manifestaciones del folclore regional – como la jota aragonesa o el flamenco – que han gozado de mayor difusión, la tradición vocal del cant valencià llegó, incluso, a flirtear con la extinción hace, aproximadamente, unas tres décadas. Este hecho evidenció una falta de conocimiento que derivaba en el desinterés de la sociedad. Por ello, las personas que sabían de esta dimensión de la cultura valenciana se pusieron en marcha. “Hemos luchado para que se abran escuelas en muchos municipios y lo hemos logrado. Antes la única forma de aprender era arrimarse a los ‘cantadores’ y ‘versadores’, pero ahora la gente tiene mejores oportunidades”, argumenta José.

 

[Img #18680]En este sentido, destaca un logro en particular: la inclusión del cant valencià como especialidad reglada en los conservatorios profesionales de música de la Comunidad Valenciana. De hecho, la idea es que este grado se imparta al mismo nivel que, por ejemplo, piano. Aunque su implantación todavía está pendiente de ejecutarse, es muy probable que esta medida en vigor alimente el caldo de cultivo existente para garantizar el cambio generacional. Porque talento entre los jóvenes no falta. “Durante unos años celebramos un concurso para noveles en la localidad de Mislata y una chica de quince años llegó a alzarse con el primer premio. Conocemos más casos de gente joven interesada en el ‘cant valencià’ pero, aún así, creemos que se tendría que dar a conocer más en las escuelas como cultura propia”, concluye José. 

 

¿Inmutable o evolutivo?

Con todo, el cant valencià ha conseguido sobrevivir hasta el presente. Inevitablemente, el transcurso de la historia ha impreso en él algunas variaciones, pero ahora éste se enfrenta a un dilema con conocimiento de causa: bien permanecer tal y como ha llegado a la actualidad, bien experimentar con los cambios que una parte de los profesionales del sector defienden. La asociación que preside José no duda en posicionarse a favor de la primera opción. “Nosotros queremos mantener la tradición intacta, que no haya innovaciones. Cada uno tiene una voz diferente, pero queremos que se siga distinguiendo si canta ‘l’u i dos’ o ‘l’u i dotze’”, afirma él mismo. Sea como sea, mientras esta cuestión se resuelve, el acuerdo para garantizar que esta tradición inmaterial tenga un futuro se afianza más poco a poco.

[Img #18677]

@LaBellver

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