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Javier Montes
Miércoles, 2 octubre 2013
VIAJES

Andorra la Vella, una terminal de aeropuerto al aire libre

Visitamos el sexto país más pequeño de Europa. Detrás de Ciudad del Vaticano, Mónaco, San Marino, Liechtenstein y Malta se encuentra Andorra, un territorio que espera con ansia la llegada de las primeras nieves mientras sigue recibiendo millones de turistas de 'un día' atraídos por su condición de paraíso fiscal, licores baratos y rebajas de todo tipo. 360 Grados Press pasó 24 horas por este oasis de naturaleza y tarjeta de crédito.

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Es la capital de Estado situada a mayor altitud sobre el nivel del mar de toda Europa, la capital del sexto país más pequeño del viejo continente, la capital del único territorio donde el catalán es la única lengua oficial, la capital del esquí y las compras. Andorra la Vella es peculiar. Enclavada en los Pirineos, es la capital de un territorio soberano de casi 500 kilómetros cuadrados formado por siete parroquias donde viven poco más de 75.000 habitantes. Durante mucho tiempo fueron unas tierras pobres y aisladas pero tras la Segunda Guerra Mundial, gracias al turismo y a su condición de paraíso fiscal su economía explotó hasta convertirse hoy en un oasis alejado de la crisis.


[Img #18629]Andorra la Vella se encuentra en uno de los múltiples estrechos valles que forman los escarpados picos montañosos de los Pirineos. Pinos y abedules a modo de inmensos mantos naturales cubren las laderas sólo afeitadas por la acción del hombre para despejar las innumerables pistas de esquí, uno de los principales atractivos del territorio. Abajo, en los valles, más de sesenta lagos garantizan el abastecimiento de agua para el regadío de las plantaciones de tabaco, cada vez más escasas.


Aunque sea el único estado del mundo que tiene el catalán como único idioma oficial no es raro ir por la calle y escuchar a la gente hablar en castellano, en francés o portugués, este último, debido al espectacular incremento de la colonia de ese país que se ha afincado en el Principado (ya triplican a los franceses). Las últimas estadísticas señalan que Andorra recibe anualmente a más de once millones de turistas atraídos por las estaciones de esquí, las excursiones de alta montaña o el diferencial de precios en el comercio, en especial en tabaco, alcohol, electrónica, cosméticos y vestido (existe una tasa llamada ISI del 4%).


[Img #18617]Si el paisaje está marcado por el verde y las pistas de esquí, Andorra la Vella es lo más parecido a una terminal de aeropuerto al aire libre. Apenas una calle principal jalonada por entidades bancarias que presumen en sus carteles de ser las más rentables y solventes de Europa, inmensas perfumerías, comercios donde se mezclan aparatos electrónicos y relojes con el tabaco y el alcohol, restaurantes de las principales firmas de comida rápida y franquicias de las marcas más conocidas a nivel europeo. La moneda de cambio es el euro aunque Andorra, hasta el próximo 1 de enero, no emitirá sus propios euros. Perfumes un cincuenta por ciento más baratos que en España, cajetillas de tabaco dos euros más económicas, whisky a mitad de precio y teléfonos móviles de última generación que congregan frente al escaparate donde se exponen a decenas de turistas cámara en mano, tal vez recién adquirida.


[Img #18627]Quizá el furor consumista no sea como el de la década de los ochenta y principios de los noventa pero Andorra sigue atrayendo a cientos de miles de turistas con las carteras llenas pensando en hacer su agosto a base de comprar y gastar. Los habitantes de Andorra son conscientes de que su economía gira alrededor de ese negocio y se desviven porque el visitante se encuentre tranquilo. Uno puede llegar a una terraza y que el camarero le invite a las cervezas porque debido al ajetreo de la cocina no pueden atender las comandas con la rapidez que les gustaría aunque el cliente no haya pedido nada de comer.


El gracias y disculpe está en boca de todos en un país que parece anacrónico. El trajín sólo se ve en la calle principal que atraviesa cada parroquia. Decenas de coches forman una hilera de ida y vuelta permanente, de un aparcamiento privado a otro porque en superficie apenas hay estacionamientos. Tanto el paisanaje como el paisaje de Andorra la Vella hacen que uno se sienta como en la terminal de un aeropuerto con la diferencia de que en vez de estar rodeado de aviones te encuentras en el corazón de los Pirineos.


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