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David Barreiro
Miércoles, 11 septiembre 2013
Pelaezleaks

El noctámbulo pertinaz

No hay noche rutinaria o anodina para el jefe de Peláez, preparado siempre para dar rienda suelta a sus aficiones cuando se pone el sol. Esta semana, se pasó una madrugada viendo programas de teletienda en los que adquirió a precio de ganga (o eso creía él) una pulsera para crecer y un collar adelgazante.


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Continuaron sus desvelos el resto de la semana, un día porque regresó con la delegación olímpica arrastrando el fracaso desde Buenos Aires y otro porque se quedó viendo a Rafael Nadal en el US Open, aunque se mostró incapaz de comprender la compleja puntuación del tenis. En definitiva, noches en vela para un tipo que sigue sin comprender a su redactor y sus lecturas, como ese tal “Chapucinski”, presunto maestro de periodistas.

 

 

Jueves, 5 de septiembre de 2013

 

– Aquí tiene, Peláez.
– ¿Qué es esto, jefe?
– El cubo mágico. Lo pone en cualquier lado y se limpia la estancia.
– ¿Y para qué lo quiero yo?
– ¿No es el señor de la limpieza?
– Por añadidura, yo soy periodista.
– No se las dé, Peláez, no se las dé.
– De todas formas no creo que esto funcione.
– Se equivoca, lo he visto con mis propios ojos.
– ¿Dónde?
– En la televisión, una madrugada. También compré esta pulsera.
– ¿Para qué sirve?
– Para crecer, mire, casi llego al marco de la puerta.
– Está de puntillas, jefe.
– Es su percepción. Yo tengo la mía.
– Creo que le han timado, jefe.
– Ja, ja, ja. No me haga reír. Me ha costado todo 199,99 euros por llamar entre los veinte primeros y me han regalado este collar adelgazante.
– No veo que le funcione, jefe.
– ¿Ah no? Mire.
– Está metiendo tripa.
– Ñffffff
– Si ni siquiera puede hablar.
– Nffffff
– Está bien, jefe, lo que usted quiera, dejaré el cubo aquí en la redacción.
– Así me gusta, que trabaje.
– Lo que usted diga.
– Y usted haga, Peláez, y usted haga.

 

Viernes, 6 de septiembre de 2013

 

– ¡Peláez!
– ¡Jefe! ¿Dónde estaba?
– He ido a Gribraltar.
– ¡No me diga!
– Le digo.
– ¿Como en los viejos tiempos? ¿Al cabo de la noticia?
– ¿De qué habla?
– Ha ido a cubrir la crisis de Gibraltar, ¿no?
– ¿Qué crisis?
– Los bloques de hormigón en el mar.
– No sé de qué me habla, hijo.
– De la soberanía del peñón.
– ¿Qué peñón?
– ¡Gibraltar!
– Uf… me marea usted, Peláez...
– ¿Pero a qué ha ido a Gibraltar, carajo?
– A hacer entrevistas de trabajo, Peláez.
– ¿Redactores bilingües?
– No exactamente.
– No hace falta ir a Gibraltar para buscar periodistas, jefe.
– Los de aquí piden demasiado, Peláez.
– ¿Y los de allí?
– Muchísimo menos, mire, le presento a sus nuevos compañeros.
– ¿Monos?
– Enséñeles las nociones básicas, haga el favor.
– ¡Jefe! Es inadmisible...
– No sea vago, Peláez. Yo voy a por cacahuetes.
– Cacahuetes...
– Y plátanos extraordinarios en julio y diciembre.
– Usted no es normal, jefe.
– Lo sé, Peláez, lo sé. Pero gracias por recordarme mi excepcionalidad.

 

Lunes, 9 de septiembre

 

– Buenos días, jefe.
– Ay, Peláez.
– ¿Qué le pasa?
– Estoy muerto de sueño y tristeza.
– ¿Y eso?
– Vengo de Buenos Aires…
– ¿Estaba usted en la delegación olímpica?
– Claro…
– ¿Y eso?
– Hombre, Peláez, soy el tercer hijo varón del primo pequeño del hermano mayor del adjunto del becario del subdelegado comarcal de ámbito cantonal del secretario de la comisión informativa de la comisión pírrica de la federación de asociaciones de la filial inactiva del COE.
– Caramba, jefe…
– Sí, tenía que estar…
– De todas maneras, a lo mejor puede destinarse ese dinero a otros temas…
– ¿A otros temas?
– Sanidad, por ejemplo.
– ¿Sanidad? ¿Qué deporte es ese?
– No es ningún deporte, jefe.
– Puaj.
– O educación.
– ¿Educación? ¿Se salta con pértiga o se nada a braza en educación?
– No, jefe.
– Doble puaj.
– No entiendo sus prioridades, jefe, ni las suyas ni las de nuestros políticos.
– ¿Prioridades? El pódium, la medalla de oro, la gloria, la eternidad.
– Pues va a tener que esperar…
– Lo sé. Adiós.
– ¿Se va?
– Sí, voy a tomar una relaxing cup de café con leche a la Plaza Mayor.
– Pues adiós, jefe.
– Adiós, gregario.

 

Martes, 10 de septiembre

 

– Buenos días, jefe.
– Cagonlaleche.
– Veo que sigue en su tónica habitual.
– No me gusta la tónica. Es amarga, como la realidad. Siempre pido que me la quiten del gintonic.
– Entonces es solo ginebra con hielo, jefe.
– Ummmmm…qué rico.
– De todas maneras, quería decir que siempre está cabreado.
– ¿Yo cabreado? ¡Y una mierda!
– ¿Lo ve?
– Si le hubiera pasado lo que a mí, Peláez…
– ¿Qué le ha pasado?
– Anoche estuve viendo a Nadal.
– Partidazo, jefe.
– No lo sé.
– ¿Cómo que no lo sabe?
– Me quedé dormido al empezar y cuando me desperté ya perdía 40-0.
– Bueno…
– Menuda paliza, apagué y me fui a la cama. Eso no era remontable.
– Jefe…
– ¡Qué!
– En el tenis los puntos son así. Primero quince, luego treinta y el siguiente punto cuarenta.
– ¿Qué?
– Es así, de verdad.
– ¿Pero qué mierda de puntuación es esa?
– La que siempre ha habido, jefe.
– No me fastidie, Peláez, ¿Y qué pasó al final?
– Qué ganó, jefe.
– ¿Ganó Nadal?
– Sí.
– Y me lo perdí, carajo.
– Lo siento, jefe.
– En fin, póngame un gintonic para celebrarlo.
– Se refiere a ginebra con hielo, ¿no?
– En copa balón.
– Hecho, jefe.
– Gracias, mendrugo.

 

Miércoles, 11 de septiembre

 

– ¿Qué lee, Peláez?
– Un libro, jefe.
– ¿Para qué?
– Para aprender.
– ¿No fue al colegio?
– Sí, pero sigo estudiando cada día.
– Muy bonito, lamento no haber traído los violines. ¿Y a quién lee?
– A un maestro de periodistas. Mire.
– ¿Chapucinski? Así les va si este es su maestro.
– Kapuscinski, jefe.
– Puf… un hombre sin vocales es un hombre diezmado.
– Era un genio, jefe.
– ¿Murió?
– Me temo que sí.
– ¿Y sigue escribiendo?
– No, el libro es de hace años.
– Estará anticuado, como mi chaqueta de pana.
– Se equivoca, jefe, es de máxima actualidad.
– ¿Sabe lo que es de máxima actualidad cenutrio?
– ¿El qué, jefe?
– Este donete ñam.
– Usted no para.
– Renovarse o morir, Peláez, renovarse o morir ñam.



Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress.

La foto es de Marga Ferrer.

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