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Laura Bellver
Miércoles, 4 septiembre 2013
Viajar

De sofá a sofá y tiran porque les toca

El término ‘couchsurfing’ todavía suena extraño para muchos, pero para otros tantos define una de las mejores formas que existen de viajar. De hecho, gran parte de quienes lo han probado reconocen que ya no conciben hacer turismo como antes. Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado a una práctica en auge que posibilita conocer cualquier lugar al máximo pero con un coste mínimo.

[Img #18380]Recorrer el planeta de cabo a rabo en un plazo de ocho meses gastando únicamente 500 euros en alojamiento puede parecer un imposible para muchos, pero Adrián Rodríguez y Gosia Bendrat así lo han logrado. De hecho, esta pareja llega a afirmar que es más barato dar la vuelta al mundo que quedarse en casa. La clave no es otra que servirse del couchsurfing.  Este viaje ha sido un sueño hecho realidad gracias a este sistema. Te cambia la aventura por completo, pues pasas de coger un mapa a que te reciba una persona que te enseña la ciudad y con la que, incluso, puedes llegar a entablar una amistad. La idea es ahorrar dinero, claro, pero también tener otra experiencia”, explica el propio Adrián.

 

[Img #18389]Los testimonios en este sentido se suceden incesantemente. Por ejemplo, Christian Martín, estudiante de Psicología original de Alzira (Valencia), ya ha tenido la oportunidad con tan sólo 21 años de visitar ciudades como Tel Aviv o el Estado de Palestina, entre otros destinos, gracias a esta práctica. Todo comenzó cuando estando con una beca Erasmus en Polonia barajó esta alternativa para reducir costes en las escapadas que organizaba junto con sus compañeros. “Antes tenía un concepto totalmente diferente de viajar: llegaba a un hostel, cogía un mapa y veía los sitios más turísticos. Sin embargo, de esta otra forma conoces realmente la ciudad. Ahora ya no contemplo otra opción”, declara él mismo.

 

Un caso similar es el de Martin, también estudiante, pero de 20 años y procedente de Francia. Su flirteo con el couchsurfing comenzó en abril de 2012 y desde entonces ya ha visitado cuatro enclaves distintos de su país sin pagar por el hospedaje. Como los anteriores couchsurfers, las buenas impresiones recogidas tras su iniciación le han enganchado a ello. En sus palabras: “Mi primera vez fue el año pasado en Maubeuge, una ciudad francesa situada en la frontera con Bélgica. Fue estupendo: mi anfitrión tenía que trabajar unos días fuera y me dejó las llaves de su casa aunque sólo nos conocíamos de un día. La próxima escapada con couchsurfing que tengo planeada es el Camino de Santiago y ya tengo decidido que acogeré a couchsurfers en la ciudad donde me vaya a estudiar”.

 

Pero, ¿qué es realmente el couchsurfing?

Estas declaraciones son sólo algunas de las muchas que actualmente pueden ilustrar cómo la idea que Casey Fenton tuvo en 2004 fue más que acertada. Porque este joven americano consiguió unos billetes de avión muy baratos a Islandia y, como no disponía de mucho dinero para costear el viaje en general, decidió enviar mails a universitarios locales pidiendo que le cediesen sencillamente un sofá de sus casas para poder pernoctar. La respuesta fue tan positiva que Casey pensó en crear una web para que otras personas pudiesen beneficiarse de esa misma hospitalidad.

 

De esta forma nació Couchsurfing.org, la cual cuenta en el presente con seis millones de usuarios en 100.000 ciudades de todo el mundo, según datos facilitados por la propia organización. El funcionamiento es tan sencillo como registrarse gratuitamente, completar un perfil personal y especificar si se ofrece o se solicita un sofá en algún lugar determinado. En definitiva, consiste en facilitar el contacto entre personas que están interesadas en viajar sin gastar mucho dinero y dispuestas a dejarse guiar por, en principio, un desconocido. Por este motivo, el portal apoya su actividad en referencias, es decir, en comentarios que los usuarios dejan acerca de otros que han conocido surfeando, de manera que es la propia comunidad la que acredita a los couchsurfers. “Lo importante es empezar, porque, si no, puede ser un círculo vicioso. Si no te cogen, no tienes referencias. Y si no tienes referencias, no te cogen”, matiza Christian al respecto.

 

La ‘profesionalización’ del arte de viajar

[Img #18382]Quienes apenas precisan ya de observaciones son Adrián y Gosia. Ambos son los gerentes de Molaviajar.com, un portal que comenzó como bitácora de sus aventuras para allegados y que ha terminado convirtiéndose en referente para trotamundos. Más allá de su actitud emprendedora, la práctica del couchsurfing es lo que les que ha permitido hacer de su afición por viajar algo factible de manera continuada, a la par que les ha reportado numerosas experiencias tanto al surfear – por ejemplo, alojarse en un rascacielos de lujo junto a las Torres Petronas en Kuala Lumpur – como al hospedar. “Hemos acogido a mucha gente en nuestra casa de Vigo. Pasamos de cenar Gosia y yo solos a recibir a gente de todas partes del mundo que cuentan historias increíbles”, apunta Adrián.

 

Justamente, esta pasión por dicho concepto es la que les ha llevado a promover, asimismo, una serie de encuentros internacionales de couchsurfers. El escenario escogido para ello ha sido el paraje natural de las Islas Cíes, donde ya se han dado cita cientos de viajeros procedentes de decenas de nacionalidades diferentes. “En Vigo, como en otras ciudades, celebramos un encuentro mensual, que en este caso es en viernes. En uno de ellos hace años decidimos organizar unos meetings. Ya llevamos dos ediciones, una en 2010 y otra en 2012, y han sido impresionantes”,  comenta Adrián.

 

¿Algún inconveniente?

Con todo, ventajas y buenos recuerdos se amontonan en las respuestas de los entrevistados cuando hablan acerca de esta modalidad de viaje. No obstante, y por eso mismo, preguntar qué pega señalarían al respecto se plantea obligado. Es entonces cuando un silencio evidencia la duda. El miedo a entrar en un hogar ajeno ni se baraja. Finalmente, algunos concluyen que la ‘falta’ de independencia podría ser una contrariedad. “La verdad es que no encuentro ningún aspecto negativo. Lo único, si es que se puede considerar un inconveniente, es que no tienes la misma libertad de movimiento que en un hostel, pues no todo el mundo te da la llave de su casa”, expone Christian. “Efectivamente, a veces te apetece ir a más a tu bola, pero eso es algo muy relativo, porque no se le puede decir que no a la persona que te acoge y que lo organiza todo, que es la gracia del couchsurfing”, corrobora Adrián.

 

Otras posibilidades de surfear sofás

[Img #18387]Que ahorrar dinero, conocer gente y optar a una perspectiva diferente de la meramente turística en cualquier destino son los pilares del couchsurfing está claro. Sin embargo, muchas personas se unen a esta comunidad con otros fines, como puede ser participar en los diferentes grupos que se crean según ciudades para organizar intercambios de idiomas o excursiones en grupo, entre otras actividades complementarias. Por su parte, Ularel – quien ha hecho de su nick de usuario su nombre propio – ha encontrado otra utilidad: la búsqueda de compañero de piso. “Hace tiempo hospedé a un chico alemán y a una chica búlgara a la vez. Finalmente, él se quedó viviendo conmigo durante once meses”, recuerda. Eso mismo es lo que también ha hecho Christian, quien recibió en su casa el pasado 20 de agosto a un couchsurfer para conocerlo en persona, pues es un firme candidato a compartir piso de estudiantes este curso. “Hemos estado hablando por Skype y apunta maneras como compañero”, confiesa.

 

Por el momento, estas funciones paralelas surgidas en el portal oficial no se contabilizan, pero Couchsurfing.org sí que estima la cantidad de sofás surfeados anualmente. Por ejemplo, sólo en 2012 se contaron 10,4 millones en todo el mundo. Así, todo hace pensar que esta particular comunidad de inquietos y viajeros no va hacer más que crecer.


@LaBellver

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