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Óscar Delgado
Miércoles, 12 junio 2013
Reportajes

El backstage de la temporada turística

Ibiza activa la campaña de verano entre las bambalinas de los casting, las fiestas de las discotecas y su incomparable marco natural y espiritual. 360 Grados Press se sumerge en la isla durante los primeros días de junio, cuando ya se comienza a vislumbrar una alta afluencia foránea y la presencia efímera de locales abiertos para proyectar el estereotipo de imagen internacional de la pitiusa mayor.

[Img #17895]Vuelos saturados de perfiles trabajadores temporaleas que viajan a hacer su agosto entremezclados con turistas ocasionales de ámbito nacional y de las primeras hornadas de visitantes internacionales.


La primera semana de junio en la isla activa el inicio de la temporada, marcado siempre por la apertura de las discotecas y, con ellas, de las macrofiestas de productoras principalmente de origen anglosajón que, como dice un locutor-DJ residente de una emisora de la isla, “llegan, se apropian del nombre de la isla y se van por donde han venido; pero Ibiza es mucho más que eso; Ibiza es también de los residentes que ponen música todo el año, de la gente que disfruta de su naturaleza y de sus playas, del interior, de su espiritualidad…”. Un alegato que de vez en cuando la gente de la isla subraya para que a nadie se le olvide la otra esencia de la pitiusa mayor, fundamentada en los rasgos intangibles que la definen.

 

[Img #17907]El avión nos lleva a la isla a una hora intempestiva (low-cost). A pesar de ello, no cabe ni un alfiler y de entre los susurros del pasaje rescatamos titulares del estilo “me voy a buscar curro porque no me quiero pasar el verano de brazos cruzados”, “a lo de todos los veranos, a trabajar un poquillo”, “voy al casting de La Troya, a ver si tengo suerte”, “en Ibiza se trabaja mucho y bien estos tres meses”… El pasaje, pues, lo componen perfiles como el buscador activo de empleo temporal en Ibiza, el turístico, los trabajadores ya habituados a la discontinuidad y, los menos, aquellos familiares que se escapan durante unos días del mundanal ruido urbanita para visitar a los suyos y conocer cómo afrontan el ronroneo del despertar de la temporada.

 

[Img #17905]Para ser días de antesala veraniega, de futbolistas de vacaciones, todavía la meteorología no contextualiza adecuadamente los ingredientes que encontramos al llegar a Ibiza, a Vila -como denominan los pageses a la capital que da nombre a la isla-. El puerto ya ha adoptado la postura camaleónica del verano, de las persianas de madera abiertas, de las casas reconvertidas de repente en locales franquicia por las grandes productoras que alimentan las fiestas de las discotecas, de bares efímeros abiertos para recaudar dinero durante tres o cuatro meses, de terrazas emparejadas que desaparecen 240 días al año, de comparsas que comienzan a pasear ligeras de ropa para demostrar que estamos en Ibiza y que aquí lo suyo es despendolarse un poco –al menos eso proyectan al visitante-.

 

Aún así, se ve más gente alimentadora de esa artificialidad deconstruida que personas de fuera aprehendiéndola. Todavía es pronto, la primera semana de junio es para escenificar, probar, conectar y calentar para llegar a tope a los meses fuertes del verano. La calle está poblada de esos trabajadores temporales que atisbamos en el avión que nos trajo a la isla. Jóvenes que interrumpen cada paso que das por la zona de la marina para ofrecerte chupitos en aquel local o en ese otro, entradas para la inauguración de Privilege o de Amnesia, flyers de la primera fiesta Flower Power de Pachá o, los menos, para ofrecerte a la altura de Sa Penya hachís, cocaína o cualquier otro tipo de sustancia psicotrópica. Parece que en Ibiza también este capítulo es más accesible.


[Img #17896]En un momento de nuestro paseo nos topamos con el casting que la productora de La Troya (fiesta emblemática de la isla caracterizada por sus componentes, las drag queens más divertidas y animadas de la noche) ha convocado a las faldas de Dalt Vila, junto a un local de ocio de los de siempre, el Tira Pallá. Un centenar de candidatos se someten a entrevistas de 10 minutos de duración ataviados con sus mejores galas nocturnas, maquillados con esmero, luciendo pelucas multicolores y nervios, muchos nervios, por convertirse en miembros de esta comparsa de vida nocturna ibicenca. Luis viene de Elche “sólo para hacer el casting; la cosa está muy mal en la península y creo que tengo aptitudes para ser de La Troya este verano”. Le deseamos toda la suerte del mundo y continuamos el paseo hasta la calle de La Virgen.


Esta vía del casco antiguo de Ibiza es una de las más singulares de la noche de la ciudad y es la que ya muestra síntomas de normalidad veraniega. Cientos de personas se agolpan en las terrazas y tiendas distribuidas a lo largo y ancho de la calle. El León, el Ánfora o el Pomelo son algunas de las referencias de obligada visita para los que buscan conectar con el ambiente gay que caracteriza el modo de vida de esta zona de Vila.


Los otros atractivos

[Img #17912]Una primera incursión por las playas de esta Ibiza de junio llega de Benirràs, donde el turismo familiar se apodera de una cala de influencia espiritual, marcada por los tambores lejanos que la catapultaron al éxito antes de que la autoridad, el fuego y la masificación la dejaran un poco aparcada. Tanto como las señales que claman por la «Libertad» en los accesos a un espacio que trata de recuperar su esplendor verde turquesa. También nos detenemos en Es Figueral, salpicada a estas alturas del año de numerosos turistas también de perfil familiar foráneo y local, como en s’Aigua Blanca, donde los complejos turísticos ya funcionan a pleno rendimiento, con todos los excesos visuales que ello conlleva.


[Img #17910]El contacto con la isla lo terminamos en Las Dalias, que los lunes acoge desde el atardecer y hasta la madrugada una edición especial del Hippy Market, que catapultó al  reconocimiento internacional una instalación que permanece abierta todo el año como indicio de que no se ha ahogado en el éxito. La pega, que una cerveza más pequeña que las que sirven en invierno en el mismo emplazamiento, la jaima, cuesta el doble por ser verano y que aparcar en la zona ha sido un ejercicio rentabilizado como recurso dinerario por el propietario de la parcela para sacarle provecho a la temporada a la vez que vende las naranjas payesas a pie de calle, frente al acceso principal al complejo de Las Dalias.

 

¿Nos quejamos? No, sólo alertamos de la pérdida de esencias identificadoras de una isla ‘famosizada’ y con menos aliento auténtico que en otras ocasiones.


@360gradospress

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