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Estefanía G. Asensi
Jueves, 6 junio 2013
Toros

Cuando una cuadrilla levanta una feria

El ciclo de San Isidro celebrado en la plaza de toros de Madrid acabó el sábado pasado 1 de junio y por eso, en este nuevo número de 360 Grados Press, comentamos lo que dio de sí un serial que empezó el 9 de Mayo y que acabó el primero de Junio. Destacaron Perera, Alberto Aguilar, Ferrera, Fandiño, Javier Castaño y su cuadrilla, Diego Ventura y el novillero Sebastián Ritter.

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No habrá sido la feria más redonda de todas, pero desde luego, ha habido faenas y actitudes dignas de mención. La primera de las comparecencias más destacables fue la del día 10, con un David Mora que volvió a demostrar su valor y sus ganas de seguir luchando por escalar posiciones en el escalafón de matadores. Pero tuvimos que esperar hasta el día siguiente para que alguien abriera la Puerta Grande de Las Ventas. Lo hizo Diego Ventura, que con ésta, conseguía su undécima salida a hombros tras cortar dos orejas y dejar claro que es un rejoneador en sazón. Quizás si contásemos lo que no hizo acabaríamos antes porque lo que es entrega, la puso toda.


El 14 de mayo hubo una corrida de toros de El Puerto de San Lorenzo en la que, como viene siendo costumbre, El Cid no lo vio claro, como tampoco lo vio días más tarde en la Corrida de la Prensa. Aunque a decir verdad, El Cid no es el torero que peor suerte tiene con los lotes que le tocan; pero lo cierto es que en esta feria de San Isidro 2013 una se ha quedado preocupada por la pasividad que muestran algunos diestros que acaban pronto echando la culpa al toro, por no hablar de la falta de ambición en algunas actitudes de “el animal no se ha dejado”, cuando el toro no tiene por qué dejarse. O se lidia o no se lidia, pero no se espera que todos los astados que salgan por chiqueros sean de indulto.


Fue el miércoles 15 de mayo cuando vimos una de las faenas de más peso de la feria, de la mano de un extraordinario Miguel Ángel Perera que no dudó en cruzarse al pitón contrario y tirar de agallas para cortar una merecidísima oreja, mientras que el palco le negó la segunda, que bien ganada se la tenía, si aplicasemos el baremo de otras tardes. Y con la misma disposición le vimos el día 23.


El 16 de mayo tuvo lugar una corrida de Juan Pedro Domecq en la que se acartelaban tres diestros de ‘corte artista’: Finito, Morante y Manzanares. Bien estuvo Finito por momentos, gran bronca la que se llevó Morante y abucheos, sí abucheos, se llevó José María Manzanares por cierto sector del público. Y no creo que haya que difuminarlo. Simplemente, Madrid quiso exigirle y está en todo su derecho, sobre todo, porque si le exigen, es porque también confían en su buen toreo. La cuestión es que hay muchos matadores que van a la Catedral del Toreo con la intención de “sentirse toreros” y eso está muy bien, es preciso, pero también hay que ir asumiendo que se les va a exigir, y para eso está Las Ventas. 


Más de lo mismo ocurrió en la encerrona de Talavante con los victorinos. Le pidieron el carné al extremeño y no se lo acabó de enseñar, lo cual no quiere decir que no pueda enseñárselo más adelante, con un mayor conocimiento de estos toros, justamente, toreándolos. Quizá ese fue el gran escollo de una apuesta difícil. Tenía dos opciones: apostar o no hacerlo. Pero al igual que el que no apuesta no gana, el que apuesta también pude perder.


La decepción del día 18 quedó maquillada con una interesante corrida de toros de Bohórquez de la que Juan Bautista, Juan del Álamo y Diego Silveti salieron a oreja por coleta. Gran tarde de toros de una ganadería que, tradicionalmente, se había decantado por los festejos de rejones.


El martes 21 volvimos a ver el Sol con otra buena actuación de David Mora, que aunque no ha podido redondear una tarde, sí ha mostrado las cartas con las que juega: toda la baraja. Y hablando de barajas, a una carta se lo jugó todo Iván Fandiño al día siguiente; fue corneado, pero obtuvo una oreja que paseó su cuadrilla por él.


Ya el viernes 24, el baremo dispar a la hora de conceder trofeos volvió a hacerse presente en el coso venteño. Tocaron pelo Sebastián Castella y Manzanares, mientras que Alejandro Talavante cortó dos orejas en un alarde de benevolencia presidencial.


Justo en la jornada posterior vimos además de un entretenido festejo de rejones, un honrado y profesional Pablo Hermoso de Mendoza, quien obtuvo un apéndice de mucho peso a base de técnica y clasicismo. Se le pidió una segunda oreja, pero el presidente no se la concedió. Sensato y sincero se mostró el jinete al reconocer que el segundo trofeo hubiese sido desmedido. Quizás esa capacidad de admitir los errores es lo que le ha hecho ir depurándolos con el paso de los años y convertirse en lo que es hoy día: el máximo exponente del toreo a caballo actual.


Pero para disparidad en el palco presidencial la del 26 de mayo, cuando el presidente de la corrida incumplió, y digo bien, incumplió el reglamento al no conceder una oreja que el público pedía por mayoría absoluta. Se la negó a Alberto Aguilar, que ya había cortado una en el primero de su lote, por lo que también le negó la salida por la Puerta Grande. Podríamos consolarnos pensando que decisiones presidenciales a parte, ahí quedan las faenas del diestro, pero me niego. No sólo han quedado ahí, sino que además, se ganó una oreja a sangre y fuego que es suya desde el momento en que mató al animal. Esa oreja, allá donde esté, era para Aguilar. Y el presidente, allá donde esté, también podría quedarse en su  casa un día sí y otro también.


Al día siguiente se colaba un nombre entre las tertulias taurinas, el de Sebastián Ritter, que protagonizó una faena de peso y muy valerosa con la que impactó a los allí presentes y a todos aquellos que vieron la novillada. Ya veinticuatro horas después llegaba un nuevo triunfo para un matador de toros, Arturo Saldívar. Una oreja cortó el diestro mexicano, reivindicando así que se le debería dar más sitio en las grandes ferias españolas.


El interés volvió a hacerse presente en el ruedo venteño el día 30 con los toros de Adolfo Martín, esta vez con varios protagonistas. Por un lado, el director de lidia, Antonio Ferrera, que  obtuvo un trofeo a base de entrega, oficio y coraje. Por otro, Javier Castaño, quien realizó un trasteo de vuelta al ruedo y cuya cuadrilla saludó una calurosa ovación. Y de nuevo, la disposición de Alberto Aguilar.


Pero para suceso el del último día feria con un hecho poco habitual: la vuelta al ruedo que tuvo que dar la cuadrilla de Javier Castaño por la pureza con la que ejecutaron cada uno de los tercios. Tito Sandoval, David Adalid y Fernando Sánchez emocionaron a los espectadores y al propio matador. El sopor reinante en la jornada anterior quedó disipado con la genialidad de una cuadrilla que se gusta y que demuestra exquisitez en cada uno de sus actos, incluso, ante astados tan complicados como los de Cuadri.


En fin, ha habido faenas interesantes en esta feria, pero el ciclo isidril se recordará por dos cosas: la excelencia de la cuadrilla de Castaño y el robo a mano armada de un segundo triunfo para Aguilar que ya le habría abierto las puertas de las ferias más importantes del orbe taurino.

@egasensi 

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