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Laura Bellver
Miércoles, 8 mayo 2013
Consumo

El comercio que puede cambiar el mundo

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Con motivo del Día Mundial del Comercio Justo, el cual se celebra cada año el segundo sábado del mes de mayo, en 360 Grados Press hemos decidido analizar un sector al que todavía le queda mucho por recorrer, pero que vive un discreto apogeo en la actualidad.

[Img #17570]El Rana Plaza se derrumbó el pasado 24 de abril cuando miles de obreros trabajaban en su interior. Este edificio ubicado cerca de Dacca (Bangladesh) contaba con un permiso para disponer de cinco alturas y ser empleado con fines comerciales. Sin embargo, su propietario decidió construir ilegalmente tres plantas más y destinarlo a uso industrial. A pesar de que muchos habían advertido de las grietas que mostraba la estructura – la Policía Industrial, incluso, alertó de la falta de seguridad el día anterior a la caída –, los trabajadores fueron obligados a presentarse allí una vez más. Como no podía ser de otra manera, la situación acabó en tragedia: los equipos de rescate ya han contabilizado más de 800 víctimas mortales.

 

Este episodio retumba en la conciencia cuando se aproxima la conmemoración del Día Mundial del Comercio Justo. Y la reflexión es común: si las firmas que contrataban los servicios de esta fábrica, como El Corte Inglés o Primark, hubiesen exigido el principio fundamental de dicho sistema – unas condiciones laborales adecuadas –, se podría haber evitado la catástrofe. No obstante, ni la permivisidad ni el desastre son algo nuevo. “El caso de Bangladesh no es aislado, sino que ha ocurrido antes. Por ejemplo, el año pasado murieron decenas de mujeres quemadas en el incendio de otra fábrica. Lo grave es que son casos que se pueden prevenir. Confío en que este último episodio sirva para que las marcas firmen un acuerdo y se impida que suceda lo mismo”, afirma Mercedes García de Vinuesa, presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.

 

[Img #17574]Pero mientras se espera una respuesta firme y definitiva por parte de las empresas, parece que la otra parte implicada, el consumo, sí que está experimentando una progresiva transformación hacia la justicia comercial, lo cual invita a un moderado optimismo. “Hay posibilidades de romper con la estructura de comercio vigente. Los consumidores cada vez están más ávidos de noticias. Así, en la medida en que haya ciudadanos bien informados y sepan que con su decisión de compra pueden cambiar el mundo, se podrá transformar el comercio. De hecho, actualmente el comercio justo ya mueve 9.000 millones de euros en todo el mundo”, apunta Rafa Sanchis, director del Departamento de Comercio Justo, Marketing y Desarrollo Comercial en Intermón Oxfam.

 

Justamente, el éxito de estas organizaciones pasa por eso mismo, por implicar al tejido empresarial a través de la demanda, que cada vez recurre más al sello Fairtrade en aquellos productos que han logrado un precio competitivo en el mercado, como el café o el azúcar. Los datos son un claro reflejo de esta evolución en positivo del sector. Por ejemplo, según el último informe elaborado por la Coordinadora Estatal – correspondiente a 2011 –, la facturación del comercio justo en España se ha multiplicado por cuatro en la última década. Así, en el 2000 representaba menos de siete millones de euros, pero hace dos años ascendió a 26 millones de euros. La extensión mediante canales menos explícitos, como las grandes superficies comerciales o el vending, han contribuido en gran medida a ello.

 

Asignaturas pendientes

A pesar de esta buena trayectoria en los últimos tiempos, la implantación de un comercio justo generalizado aún tiene que salvar algunos obstáculos. “Poco a poco, hemos conseguido que el comercio justo mueva mucho dinero, sí, pero hay unas pocas grandes empresas que siguen manejando gran parte del comercio internacional. Por tanto, algo sigue fallando”, reflexiona Rafa Sanchis al respecto. Aprender a ajustarse a las necesidades del consumidor para poder hacer frente a la competencia convencional en el mercado y coordinar la importación de manera conjunta con los pequeños productores para reducir costes logísticos son algunos de los puntos que las entidades de comercio justo anotan en un ejercicio de autocrítica.

 

[Img #17571]No obstante, estos esfuerzos no tendrían sentido alguno si no se modifica la piedra base. En palabras de Mercedes García de Vinuesa: “Se necesita cambiar las reglas internacionales del comercio. Actualmente, se liberaliza el mercado a la par que se establecen unos aranceles muy altos en la Unión Europea, por ejemplo. Es una doble moral. No defendemos que haya más comercio justo, sino que no haya un comercio injusto y, por tanto, que se produzca un reparto equitativo en la cadena de producción”. En este sentido, la denominada responsabilidad social corporativa (RSC) juega un papel fundamental, pues su verdadera inserción en todas las actuaciones de una empresa, y no solo a modo de “maquillaje”, representaría el establecimiento de los criterios económicos, medioambientales y sociales que apoya el comercio justo.

 

 

Un éxito probado

Garantizar unas condiciones de vida dignas a los productores de los países menos desarrollados, así como ofrecerles un acceso al mercado en condiciones que de otra manera no tendrían, son las principales ventajas del comercio justo. Sin embargo, a pesar de ser bien conocidas, parecía que éstas no terminaban de calar en la mayoría de consumidores; un hecho que la crisis ha alterado. “Ahora conocemos la pobreza de cerca y podemos establecer un paralelismo entre la sociedad española y esas otras sociedades que las ONG conocemos en otros países. Espero que esto sirva para crear una conciencia con visión global, sin diferenciar entre norte y sur”, reconoce el director del departamento de Comercio Justo de Intermón Oxfam.

 

[Img #17573]De esta manera, la lista de casos de superación gracias al comercio justo no deja de engrosar. Por ejemplo, Rafa Sanchis recuerda uno muy significativo para él. “Hace años conocí a la presidenta Creative Handicrafts, asociación que trabaja para la marca de ropa que comercializamos en Intermón Oxfam. Era una señora de un slam de Bombay que no sabía ni leer ni escribir. En esta asociación le enseñaron a coser, pero también le dieron confianza en sí misma y dignidad para acceder a una formación básica. Quince días después de conocerla, estaba dando un discurso frente al Príncipe de Asturias y muchísimos periodistas. Me pareció un ejemplo bestial de cómo un trabajo digno y correctamente remunerado ha permitido a una persona hacer cosas que no creía que fuese capaz de hacer”, relata.

 

Por su parte, Mercedes García de Vinuesa también tiene palabras de elogio para Creative Handicrafts, pero cuando se trata de ilustrar el impacto real del comercio justo escoge otra experiencia. “Justamente, en la presentación del Día Mundial del Comercio Justo hemos contado con Manduvira de Paraguay, un grupo de pequeños productores que han hecho frente a las tres grandes familias que controlaban la producción de caña de azúcar allí. Gracias al comercio justo, éstos han conseguido exportar a 19 países y, ahora, van a formar la primera fábrica del país cuya propiedad pertenece a los campesinos. A ello se suman otros ejemplos, como el de Ecuador, donde, después de años de trabajo de varias organizaciones, el Gobierno finalmente lanzó un programa para potenciar las relaciones de comercio justo, porque éste crea desarrollo”, expone.

 

Con todo, cada vez más personas aplican la ética en sus compras y hacen que el mundo sea un lugar más equitativo. La erradicación de la explotación laboral, así como de los múltiples dramas que de ésta derivan, depende de ello.

@LaBellver

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