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Estefanía G. Asensi
Miércoles, 17 abril 2013
Obituario

Adiós a una ganadera insigne

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Se puso el mundo por montera, consiguió ser una ganadera de postín y criar unos toros definidos y demandados por la afición, sobre todo por el sector más “torista”. Desde que falleció el pasado viernes a consecuencia de un derrame cerebral, las muestras de condolencia han sido numerosas, al igual que el reconocimiento a su labor. 360 Grados Press repasa esta semana la figura de “La Dama de Hierro” del campo bravo, Dolores Aguirre.

[Img #17399]Poseedora de un carácter férreo, pero necesario para llegar a lo más alto en lo que a la crianza de toros se refiere, la vizcaína Dolores Aguirre Ybarra llegó a Sevilla para cumplir un sueño: ser ganadera. Aguirre había puesto sus ojos en la Dehesa de Frías, en el término sevillano de Constantina, y en 1977 compró esta finca en la que ha criado ejemplares de Atanasio Fernández durante tantos años y que refrescó en 1980 al comprar dos toros del Conde la Corte.


Su incursión en el ámbito campero trajo consigo una filosofía de vida auténtica, “en corto  y por derecho”, que le permitió sentar las bases de un hierro de enorme prestigio, pero temido al mismo tiempo por los diestros, con astados fieros, complicados, alegres, listos y de los que piden el carné a los matadores. Quizá por esos rasgos distintivos y tan definidos, los bureles de Dolores Aguirre tienen un ‘target objetivo’ en el norte de España, Madrid y Francia. Entre esos sitios predilectos encontramos Pamplona, con sus tradicionales encierros de San Fermín, o Madrid, donde El Califa cosechó triunfos arrolladores en los años 2000 y 2003.


En ese sueño cumplido le acompañó su marido, Federico Lipperheide, prestigioso gastrónomo y banquero, aunque fue ella quien tomó las riendas de su divisa. Pocos se atrevieron a “torearla”, ya que Dolores Aguirre no se instaló en Sevilla para probar suerte y ver cómo acababa la aventura ganadera, sino para producir toros bravos y defender su filosofía como propietaria del hierro. Por eso, por creer tanto en su proyecto, nunca dejó que nadie metiera la mano ni en sus toros, ni en su manera de hacer las cosas. En resumen, una ganadera culta, inquebrantable y con las ideas muy claras.


Así pues, se trata de animales difíciles de enfrentar y que no todos los espadas se atreven a matar. Esta circunstancia derivó en que el encaste Atanasio Fernández no sea el preferido por los toreros, de ahí que su demanda haya disminuido. A pesar de ello, doña Dolores Aguirre siguió apostando por sus morlacos. Quizá le hubiese sido más rentable modificar el carácter de sus animales, bajar un poco su nivel de casta a la hora de seleccionarlos, pero no, defendió su filosofía como ganadera y como taurina a toda costa y hasta llegó a enfrentarse al mismísimo Antonio Ordóñez.


En suma, una señora con una personalidad arrolladora, tan definida como la de sus astados. Y desde luego, tardaremos muchos años en ver otra mujer de campo tan implicada como ella, si la vemos.

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