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Miriam Reyes
Miércoles, 20 marzo 2013
Vida salvaje

El hombre pelirrojo de la selva

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Los orangutanes son criaturas extraordinarias, tan parecidas a nosotros en gestos y comportamientos que hipnotizan. Verlos en su hábitat -salvajes, a sus anchas- es un privilegio al alcance de cualquiera que viaje a Indonesia. Pangkalan Bun es la puerta al sur de Borneo por la que acceder al paraíso de estos hombres pelirrojos de la selva.

[Img #17134]El Parque Natural de Tanjung Puting, en la zona de Kalimatán, aloja comunidades enteras de orangutanes, que atrae cada año miles de turistas que quieren verle de cerca, pero libre. Aunque es el habitante estrella de tan frondosa naturaleza, no es el único. Conviven con ellos macacos, gibones, monos proboscideos, cocodrilos, jabalíes, ciervos, martines pescadores y un sinfín de aves más.


El punto de partida para ir a verlos es la ciudad de Pangkalan Bun, donde se aconseja contratar una excursión de dos o tres días (según las ganas que se tenga de ver a estos preciosos animales en libertad). El viaje se hará en un klotok, un tradicional barco que surcará el río para adentrarse en el parque natural y servirá a su vez de transporte, hotel y zona de ocio mientras no se esté en la selva. El precio incluye normalmente comida, bebida (sin alcohol- está totalmente prohibido en toda la isla y sólo se podrá obtener a precios escandalosos en el mercado negro), un guía y trekkings por la selva y ronda alrededor de los 100 euros por persona (todo depende de lo capacitado que estés para regatear).


El río es el camino que recorrerá nuestro barco para adentrarnos poco a poco en la selva. Los árboles milenarios lo harán cada vez más estrecho y se podrá ver macacos y monos proboscídeos caminar tranquilamente de una orilla a otra sobre las ramas de los árboles que cubren nuestro camino, impidiendo que lleguen los rayo de sol.

 

[Img #17129]Sólo se escucha el débil motor del klotok y los gritos de saludo de animales ocultos por la vegetación. No se ven pero se oyen. Así nos adentraremos en la selva, despacio, sin prisas...


Camp Leakey es uno de los campamentos más conocidos del parque natural y de obligada visita. Desde el momento en que el visitante pone un pie en tierra firme puede empezar a ver orangutanes. Algunos atrevidos esperan los barcos desde la misma orilla del río, otros se irán asomando por el camino que lleva al punto de comida del campamento, un lugar con una plataforma de madera donde diariamente depositan kilos y kilos de plátanos. Los primates golosos de esta fruta, se acercan y comen ante la mirada atenta de los turistas. Pero ojo, es un espacio libre, es SU espacio libre, por lo que pueden llegar por cualquier parte. Alguno te sorprenderá por detrás y se interesará por la botella de agua que llevas en la mano... Ellos te pueden tocar, son pacíficos, pero no hay que olvidar la inmensa fuerza que tienen sus manos, capaces de partirte el brazo como si de una rama seca se tratara. Afortunadamente los guías que nos acompañan saben cómo reaccionar si alguno más curioso de la cuenta se anima a descubrir que llevas dentro de la mochila.


[Img #17131]Caras tristes, melancólicas, coronadas por ese pelaje rojo tan brillante que les caracteriza se asoman por todas partes. Los bebés aferrados al pecho de sus mamás con fuerza para no caerse mientras ellas saltan de árbol en árbol. Los jóvenes se meten cuanto más plátanos mejor en la boca y huyen a balancearse en cualquier rama cuando el macho de la comunidad se acerca. Él, inmenso con su cara ancha, puede comer todo lo que quiera. El resto observa, y esperan impacientes a que se haya saciado para continuar ellos con su festín platanero.

 

Estos primates, cuyo nombre viene del malayo Orang Hutan, que significa hombre de la selva, tienen unos inmensos brazos que abiertos pueden alcanzar los tres metros y pesar más de 120 kilos. Su porte impresiona y cuando los observas tan de cerca agradeces que estén de buen humor.


Después de esta caminata y de haber observado la vida tranquila de estos animales salvajes vuelves a tu klotok con cientos de fotos en tu cámara que no habrán sido capaces de captar ni de lejos la belleza de lo que acabas de vivir. Y en la cubierta del barco, bajo las estrellas y sobre un colchón maltrecho, repasarás sus caras, sus gestos, tan parecidos a nosotros y sin embargo tan diferentes. Y dormirás deseando que amanezca para ver de nuevo de cerca y libres a estos increíbles pelirrojos hombres de la selva.


@MiriamReyes

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1 Comentario
Fecha: Viernes, 22 marzo 2013 a las 13:05
nieves
muy bien mirieta, animate a escribir más, porque me gusta mucho como escribes, un beso.

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