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Laura Bellver
Miércoles, 13 marzo 2013
Naturaleza

El restablecimiento de la fauna salvaje

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Que la naturaleza es sabia se plantea un hecho indiscutible. Sin embargo, ésta convive con la “torpeza” del ser humano, el cual suele modificar el medio a su antojo y no siempre lleva el cuidado que debería. Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado a una labor que trata de subsanar esta coexistencia desde un enclave privilegiado: l’Albufera de Valencia. El amor hacia los animales es el requisito fundamental.

[Img #17068]La instalación de los primeros parques eólicos en la provincia de Castellón conllevó un sensible aumento de buitres muertos en la región. ¿La razón? Unos postes fueron colocados en una zona de paso hacia un vertedero, donde estos animales acudían. Finalmente, éste fue cerrado y, en consecuencia, la mortalidad de la especie descendió drásticamente. Aunque la sucesión de hechos parece más que lógica, ésta no hubiese sido la misma sin la intervención del Centro de Recuperación de Fauna (CRF) La Granja de El Saler, cuyos profesionales detectaron el factor constante sobre el que actuar.


Xema Gil siempre recurre a este ejemplo para hacer entender la labor de dicha institución, en la cual trabaja como veterinario desde hace unos ocho años. Sin embargo, la anécdota tan solo muestra una parte de su actividad total. Porque las denuncias de “puntos negros” para la fauna vienen dadas por la continua recepción de animales con una sintomatología similar. Y ésta es la principal tarea del CRF. “Cuando la gente, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) o los agentes forestales se encuentran animales malheridos nos avisan. Nosotros les intentamos curar para volver a soltarlos en su hábitat”, explica el propio Xema.


[Img #17075]Atropellos, disparos, electrocuciones, contusiones ocasionadas por infraestructuras e intoxicaciones por pesticidas o herbicidas suelen ser los problemas más frecuentes que presentan los pacientes de este centro. Sin embargo, también los hay que han sufrido directamente al ser humano en su versión más ruin. Es el caso, por ejemplo, de un azor que actualmente se encuentra en las instalaciones de La Granja. “Le arrancaron las plumas salvajemente para poder tenerlo en casa”, comenta Xema.


Sea como sea, el proceso es el mismo para todos: diagnóstico, cuidados y alta veterinaria vienen seguidos de una temporada de rehabilitación para asegurar que la reintroducción en el ámbito natural sea efectiva. “Hablamos de animales salvajes que pasan a estar días en una cajita o jaula mientras se recuperan, por lo que pueden perder músculo. Por eso, tratamos que estén al cien por cien para liberarlos. Eso sí, cuando un animal salvaje está ingresado se estresa por la cautividad, así que también intentamos que estén el menor tiempo posible”, matiza este veterinario. En total, cerca de 4.000 animales son atendidos de este modo en el CRF de El Saler cada año y, por eso mismo, el índice de recuperación es alto en la mayoría de los casos.


La misión de la pervivencia

[Img #17079]Más allá de la acogida y la mejoría de los ejemplares de fauna salvaje que llegan a sus instalaciones, el CRF La Granja persigue otro objetivo de un tiempo a esta parte: la conservación de aquellas especies que viven amenazadas. En palabras de Xema: “Otro programa importante que llevamos a cabo es el de la cría en cautividad. En estos momentos llevamos seis especies: la focha cornuda, el calamón, la malvasía, la cerceta pardilla, el cernícalo primilla y la tortuga mediterránea”.


Obviamente, la extinción es el enemigo a combatir en este sentido. Por ejemplo, el calamón llegó prácticamente a desaparecer en toda Europa y el cernícalo primilla se perdió por completo en la Comunidad Valenciana. No obstante, poco a poco, la batalla tuerce a favor de esta institución. Tratar de comprender a los animales, apostar por la innovación y aprender mediante la técnica del ensayo-error se plantean las claves para la victoria. “Vista la experiencia en otros centros, ahora hemos apostado por un sistema mixto pionero en la crianza del cernícalo: ponemos tres parejas en jaulas separadas por un enrejado. De esta forma, los machos pueden verse y sentir la rivalidad necesaria para el apareamiento, pero no enzarzarse en una pelea mortal”, ilustra el veterinario del centro.


Una historia que prendió

[Img #17081]El CRF La Granja puede presumir de una trayectoria de cuarto de siglo, el cual cumple justamente en este 2013. Sus funciones se han ido ampliando con el paso de los años, pero el cometido de proteger a los animales sigue siendo su leitmotiv. Seguramente, el recuerdo del acontecimiento que marcó su origen ayude a mantenerlo invariable. “Antes de las autonomías, esto era una estación del Instituto Nacional de Conservación de la Naturaleza, el cual se dedicaba básicamente a repoblar pinos y criar perdices. Cuando se transfirieron competencias a las comunidades autónomas coincidió que en la Mata del Fang, la isla de ahí enfrente en plena Albufera, hubo un incendio. Interesados por el medio ambiente se preocuparon y salvaron a muchos pollos quemados”, recuerda Xema.


 

[Img #17067]Así, aprovechando el cambio de orden estatal, lo que empezó como una asistencia improvisada en un momento determinado llegó a instituirse en el centro presente, el cual depende de la Administración pública y se financia gracias a fondos europeos principalmente. Y esta mudanza de categoría implicó, también, la profesionalización: actualmente, una quincena de personas configurada por veterinarios, biólogos y expertos en recursos forestales trabajan las 24 horas del día durante todo el año por la recuperación y crianza de especies.


 

Pero, asimismo, en esta escena hay otro actor que ha ido cobrando importancia progresivamente, como bien reconoce Xema: “La gente cada vez está más concienciada y nos trae los animales que encuentra. Más o menos, el 50% de ingresos son gracias a la colaboración ciudadana. Además, la persona que trae un animal luego se preocupa por él y nos llama para saber cómo está. Eso es de agradecer y nos motiva mucho en el trabajo”. Con todo, cabe esperar que ni los profesionales pierdan esa entrega ni la sociedad, su conciencia. Porque la pervivencia de muchos animales y el correspondiente equilibrio natural penden de ello y atañen a todo el mundo por igual.

 

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