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Laura Bellver
Jueves, 7 marzo 2013
Fallas 2013

El artista que hace estallar su obra

A pocos días del apogeo de las Fallas, la fiesta por excelencia de la ciudad de Valencia, en 360 Grados Press hemos querido conocer de cerca uno de sus ámbitos más característicos: la pirotecnia. Muchos nombres destacan en este sentido, pero hemos escogido a un profesional que ha hecho historia. Concretamente, una de 50 años. Recién pronunciado un “hasta siempre” laboral, ha aceptado compartir su experiencia con nosotros.

[Img #17029]Es marzo, tiempo de Fallas, por lo que las citas con la pólvora se suceden diariamente en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia. De hecho, hace apenas 48 horas este mismo escenario acogía una muy especial, la correspondiente a la despedida de un erudito de la pirotecnia, el cual se encuentra de nuevo allí. En esta ocasión, para ayudar a un amigo a montar su correspondiente mascletà. Se trata de Gregorio Juan Moreno, más conocido como Gori. “Me he retirado porque tengo problemas de hueso y para rendir en primera línea hay que estar sano y muy centrado en lo que se hace. Además, cuando tenía bastante menos edad no tenía miedo a nada, pero ahora ya le tengo respeto. Me da apuro no llegar donde quiero”, reconoce.

 

Aunque la noticia ha apenado al público en general, nadie ha puesto en cuestión su determinación. Escribir una trayectoria de medio siglo en el sector pirotécnico con éxito y sin contar ningún accidente se debe en gran medida a esta sensatez, un valor que siempre trata de inculcar, especialmente a las generaciones más jóvenes. “Este oficio hay que pensárselo. No es cuestión de trabajar por trabajar. La pólvora forma parte hasta de mi casa. Yo siempre estoy manipulando explosivos, pero en ningún momento se me olvida que me pueden matar”, afirma Gori.

 

[Img #17030]Más allá del evidente riesgo que conlleva el empleo de este material, dedicarse a la pirotecnia presenta otra serie de contras no tan conocidos. Porque una mascletà, por ejemplo, es tan solo la punta del iceberg de un largo proceso en el taller. “La parte esencial de este trabajo es la fabricación, que es monótona, aburrida y muy sacrificada. Con el espectáculo de mi despedida estuve cuatro meses”, explica este pirotécnico. Y a las cuantiosas horas de elaboración que transcurren en las casetas también hay que sumar el tiempo de traslado y disposición de los artefactos. “Hoy la gente no llegará hasta las 14 horas, pero nosotros llevamos desde las 6 horas montando. En esto no hay que mirar el tiempo. Tampoco si es sábado o domingo”, completa Gori.

 

La mecanización y digitalización implantadas con el paso de los años han facilitado mucho el trabajo del pirotécnico en este sentido. No obstante, Gori siempre ha querido mantener la tradición de la manualidad, lo cual se ha convertido en su sello personal. Así, el día de su despedida optó por rendir homenaje a la vieja usanza. En sus palabras: “Mi primera mascletà en la Plaza del Ayuntamiento fue hace 41 años y el otro día preparé una como aquella, añeja, en el buen sentido de la palabra. No porque estuviese fabricada desde hacía tiempo, sino porque fue como se hacía entonces”.

 

[Img #17028]Quizá, la vivencia personal de este pirotécnico haya tenido que ver en ello: Gori aprendió el oficio de sus padres, quienes llegaron a fundar una empresa. En un primer momento, seguir sus pasos no fue una elección propia. “Yo lo que quería era jugar, tener vacaciones y salir con los amigos, pero no podía tener esos privilegios porque tenía que trabajar en la fábrica con la pólvora”, recuerda. Sin embargo, heredar esos conocimientos le hizo adquirir una responsabilidad por perfeccionar este arte, de ahí su recorrido hasta el presente.

 

Ahora, cuando ese legado ha cumplido cinco décadas, Gori ha pensado en regalarse un respiro. Disfrutar de sus nietos y organizar unas vacaciones, lo cual no ha podido hacer hasta la fecha, son sus propósitos inmediatos. Eso sí, la pólvora no va a desaparecer de su vida, ni mucho menos. Sus dos hijos pasan a llevar la gestión de la tienda y la fábrica que lleva su nombre, pero él tiene otros planes. “Aspiro a montar un museo de la pirotecnia para que la gente vea el trabajo que comprende y, al mismo tiempo, aprenda cómo usarla. No es tan bonita como parece, sino que tiene riesgos”, confiesa.

 

Asimismo, hoy se encuentra de nuevo allí, en la plaza que le ha servido como mejor escaparate y que le ha reportado mayor reconocimiento. Las obras de los artistas de la pólvora son tan efímeras como los estallidos, pero los homólogos de Gori le toman como ejemplo y el público le recuerda. En definitiva, este pirotécnico ha logrado que la suya permanezca.

 

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