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Laura Bellver
Miércoles, 12 diciembre 2012
Reportajes

El campo en clave femenina

Las ciudades cada vez parecen más ajenas a las zonas rurales, las cuales son básicas para el funcionamiento de cualquier sociedad. Quizá, esta marcada separación sea la causa de que el campo sea subestimado o casi olvidado como tónica general. Esta semana en 360 Grados Press hemos conocido una realidad no tan lejana desde un prisma en concreto, el de las mujeres.


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Son casi las 10 horas de la mañana y, a pesar de que el sol ha decidido salir a brillar, los grados escasean en Utiel, una localidad situada en el interior de la provincia de Valencia. Indiferente a estas condiciones, Carmen Iranzo está pletórica. Hace horas que permanece en pie para trabajar y, ahora, ha hecho un alto en el camino para atender una entrevista y servir orgullosamente de guía hacia sus viñedos. “Llevo trabajando en el campo toda la vida. Creo que me salieron los dientes aquí. Mi padre era agricultor y cuando me casé con mi marido seguí con ello. Ahora, aparte de las viñas, también tengo almendros y oliveras”, explica.


Ella es una de los casi seis millones de mujeres rurales que viven en España, lo cual equivale a una tercera parte de la población agraria, según datos del Ministerio de Agricultura. Y todo ello sin contar a las más de 700.000 que también realizan labores agrícolas en calidad de ayuda o colaboración familiar. Conscientes de su peso en sociedad, de un tiempo a esta parte las mujeres se han organizado para poner en valor su papel en el campo y alcanzar una responsabilidad compartida en las cuestiones domésticas que les permita desarrollar roles sociales y sindicales como los de los hombres. De ahí que haya surgido la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur). De carácter estatal, ésta engloba a las diferentes agrupaciones por zonas, como la Unión de Mujeres Agricultoras y Ganaderas, a la que pertenece Carmen. “Las mujeres decidimos que teníamos que estar también presentes en los puestos directivos de las organizaciones agrícolas”, argumenta.


[Img #16575]Poco a poco, la balanza se va equilibrando, pues ellas no desisten en su propósito y cada vez se movilizan más. Por ejemplo, el pasado mes de octubre celebraron un encuentro de ámbito nacional —el segundo de este tipo— para poner en común sus respectivas situaciones. La falta de jóvenes en el sector y la necesidad de seguir activas a pesar de superar los 65 años para optar a una pensión digna —una problemática compartida con los hombres— fueron algunas de las cuestiones a tratar. “El precio es una de las grandes dificultades. Nosotros trabajamos muy a gusto, porque la libertad que te da el campo no te la dan otros trabajos. Pero después de trabajar todo el día como otras personas no recibimos lo mismo que ellas”, ejemplifica Carmen.


Este sacrificio es algo que no todo el mundo está dispuesto a sobrellevar. Así, en los últimos años muchos campos fueron abandonados a su suerte. Sin embargo, la coyuntura ha cambiado drásticamente. En palabras de Carmen: “Los beneficios no compensaban y quien pudo meterse en la construcción u otras actividades lo hizo. Han ganado el doble o el triple que con la agricultura, pero ahora no sé qué va a pasar, porque muchas personas se han quedado sin trabajo y quieren volver. Es lo que tiene el campo, que siempre está para el que venga”.


[Img #16584]Sean más o menos manos las que se dediquen a la tierra, hay un asunto de fondo que permanece inmutable. Y éste es la falta de voluntad política respecto del sector rural en general, el cual siente que sus necesidades son ignoradas. “Yo, por ejemplo, preferiría que no nos diesen tantas subvenciones y que luchasen para que se valore nuestro trabajo y se nos pague bien. Pero los políticos no hacen nada. Se debería tener en cuenta que el campo es la vida de todos, no solo de nosotros, los agricultores. Todos comemos de él”, apunta Carmen.


Con todo, la vida rural sigue. En esta zona, como en tantas otras de España, se subsiste básicamente de la actividad agrícola. Las nuevas generaciones se muestran reticentes, pero la cultura no se pierde. Así lo concibe Carmen: “Mis hijos, de momento, no quieren trabajar en el campo, porque lo han vivido como yo desde pequeña y saben que es muy pesado. Dedicas muchas horas para el dinero que luego ganas. Si fuese un trabajo que te recompensara económicamente, no habría ningún problema. Pero hemos pasado unos años muy malos. De todos modos, les estoy enseñando, por lo menos, cómo se trabaja por si un día les hiciese falta”, razona.


[Img #16583]Aunque el futuro es incierto, muchas personas como Carmen han consagrado su vida a esta actividad y se niegan a abandonarla de buenas a primeras. Porque quienes la han trabajado saben de la importancia de la tierra. “Me dolería mucho abandonar el campo. Pero si me hiciese mayor y nadie me ayudara o lo comprara, no me quedaría otra opción”, confiesa. Garantizar una decente supervivencia o sentenciar una lenta desaparición está en manos del conjunto de la sociedad.


@labellver

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