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David Barreiro
Miércoles, 5 diciembre 2012
Humor

Al borde de la locura

Por primera vez desde que la redacción de 360 Grados Press recibe los “leaks” del periódico en el que (sufre y) trabaja Peláez, hemos tenido la tentación de pasar a la acción. Y es que creemos que el jefe del humilde periodista de provincias está ya al borde de perder la razón y tememos por nuestro héroe.

[Img #16560]La semana comenzó, nada más y nada menos, con el jefe llegando a la redacción anunciando que era inglés y solicitando a Peláez que llenara de niebla su despacho para que le recordara a Londres. Pero eso no fue todo: al día siguiente reconoció que creía que estábamos en verano y el pasado martes, cuando Peláez le comunicó que el viernes viajaría a Valencia a la presentación de una novela, se mostró contrariado pues creyó que estaba rompiendo su relación de pareja.

 

En definitiva, sospechamos que pronto tendremos que actuar. Estaremos atentos.

 

Jueves, 29 de noviembre

 

– Buenos días, caballero.
– Buenos días, jefe…
– Si me disculpa…
– Jefe…
– ¿Qué desea, caballero?
– ¿Le pasa algo?
– Ninguna desventura digna de mención, caballero. He de ponerme con mi trabajo, si ello no supone molestia para usted.
– No sé, habla raro, y ese traje… esa pajarita, ¿va a algún lado?

– A mi despacho, caballero. En cuanto pueda, si sus quehaceres se lo permiten, tráigame un té y unas pastas, si hace el favor.
– ¿Té con pastas?
– Sí, por favor.
– ¿Y eso?
– Desde ahora soy inglés, caballero.
– SI usted no habla inglés…
– Me doblará Constantino Romero, no se preocupe.
– Y usted odia los sandwiches de pepino, es más de bocadillo grasiento.
– Eso era antes. Ahora me entusiasman el pepino y el cricket.
– ¿El cricket?
– Por supuesto, no sé lo que es todavía, pero cuando lo sepa me fascinará.
– Y el whisky, ¿no?
– Ya me gustaba cuando era español, imagínese ahora que proviene de la cercana Escocia.
– Me tiene desconcertado, jefe.
– No es mi problema, caballero. Por favor, lleve un poco de niebla a mi despacho, quiero que me recuerde a Londres.
– Eso no puedo hacerlo.
– ¿Ah no? Pues a la puta calle, hombre.
– ¡Pero bueno! ¿Dónde está su flema británica?
– ¿Me pide que le escupa, es eso lo que me pide, gallito?
– No, es que parece haber perdido la elegancia.
– Uf, es que ser inglés cansa de cojones. Desde ahora seré francés. Tráigame un croissant con un café.
– Au lait?
– ¿Olé? Que soy gabacho, coño, no español, cómo quiere que se lo diga.
– De ninguna manera, jefe.
– Silencio, pues.

 

 

Viernes, 30 de noviembre

 

– Puf, qué frío…
– Horrible, jefe…
– ¡Es que menuda mierda de verano!
– ¿Verano? Estamos a finales del otoño, jefe..
– Qué dice, Pelaéz, si todavía no me he apuntado al gimnasio para no ir.
– Se le habrá pasado, jefe, pero estamos a 30 de noviembre…
– ¿30 de noviembre?
– Sí…

– ¿Qué hora es?
– Las nueve de la mañana.
– ¡Mierda!
– ¿Qué pasa?
– Tenía dentista.
– ¿Cuándo?
– Hace ahora siete años, me acabo de acordar.
– ¿Pero qué iba a hacerse?
– Quitarme una muela que me estaba matando.
– ¿Y ya no le duele?
– Lleva todo este tiempo enjuagada en whiskate.
– Vaya entonces, yo me quedaré.
– No sé, Peláez…
– Tiene que ir, jefe.
– Es que está en Cincinnati.
– ¿En Cincinnati? ¿Por qué tiene ahí el dentista?
– Había una oferta… supongo que por eso nunca llegué a ir.
– Tiene que subir a ese avión, jefe.
– ¿Nuestro amor no importa, Peláez?
– Siempre nos quedará esta cochambrosa redacción.
– Dije que nunca le dejaría, Peláez.
– Lo lamento, jefe. Pero tiene que sacarse esa muela y en eso yo no puedo tomar parte.
– Volveré, Peláez.
– Aquí le espero, jefe.

 

 

Lunes, 3 de diciembre

 

– Pffffffffffff…
– ¿Por qué bufa, Peláez, así, de buena mañana?
– Porque están dilapidando nuestros servicios fundamentales, jefe.
– Vaya al de señoras hasta que terminen las obras, hombre, no se vaya a hacer pipí en la silla.
– Me refiero al gobierno, a los recortes.
– Ah… bueno, pensé que era algo importante.
– Esto es importante, jefe. Socava el estado de bienestar.
– Ya, bueno, e

so de la educación y la sanidad, ¿no?
– Exacto.
– Ya, entienda a Mariano, Peláez.
– ¿Que lo entienda?
– No es tan sencillo gobernar con un sugus en la boca.
– Eso es cierto, jefe.
– Pero tratemos temas más importantes.
– ¿El conflicto en Gaza?
– No.
– ¿Los desahucios?
– Qué va.
– ¿El qué jefe?
– El derbi, leñe. Dos cero y a mamarla.
– Paso del fútbol, jefe.
– ¡Incultista!
– Lo que usted diga.
– ¡Analfabético!
– Será eso…

 

 

Martes, 4 de diciembre

 

– ¡Peláez!
– Dígame, jefe.
– ¿Qué es este papel?
– Una solicitud, jefe.
– Eso veo, ¿se cree que no sé leer?
– No muy bien, jefe.
– Poniendo el dedo sí, hombre.
– Ah…

– Así que quiere irse el viernes a Valencia…
– Sí, a la presentación de una novela…
– Ya, una novela. ¿Cree que no sé lo que es esto, Peláez?
– ¿El qué, jefe?
– Me está pidiendo que nos demos un tiempo, ¿verdad?
– Solo serán dos días…
– Necesita distancia para pensar y todo esa mierda…
– No, tan solo quiero cumplir con mis obligaciones como periodista.
– ¿Y qué hay de sus obligaciones como pareja? ¿eh?
– No somos pareja, jefe. Usted tiene mujer y yo también.
– ¿Así de fácil? ¿Se acabó? ¿Lo nuestro no fue nada?
– Es una relación profesional…
– ¿Es usted una puta?
– No, hombre… un humilde periodista.
– ¿Sabe qué, Peláez?
– ¿Qué, jefe?
– Estoy despechado, haga lo que le salga de las pelotas, egoísta. Le dejo por ese de ahí.
– Es una fregona, jefe.
– Preciosa melena.

 

 

Miércoles, 5 de diciembre

 

– ¿Asomado a la ventanita, Peláez?
– Tiendo la ropa, jefe.
– ¿No puede hacer la colada en su santa casa?
– Llevo una semana sin salir de aquí y necesito ropa limpia para Valencia.
– ¿Valencia?
– Voy el viernes, ¿recuerda?
– Ah, sí, es verdad. Calle, calle, me dan escalofríos de pensarlo.
– Voy para trabajar, jefe.
– Yo beberé para olvidar.
– No será para tanto…
– Lo es. Pero no me entretenga, tengo que estudiar.
– ¿Estudiar?
– Sí, estoy en un curso para mejorar mis habilidades directivas.
– ¿Ah sí?
– Sí, “Eliminación de escrúpulos” se titula.
– No…
– Sí… mire… ¡Le desahucio!
– Jefe…
– ¡Queda suspendido de empleo, sueldo y rotulador rojo!
– No…
– ¡Le embargo los zapatos!
– ¿Cómo puede…
– ¿Que quiere construir en zona protegida, me dice? ¡Esta es mi cuenta en Suiza, apunte!
– No puedo creer lo que oigo…
– Lo sé, Peláez, he progresado mucho en tan solo una semana. En un mes me darán el título.
– Se lo merece, jefe.
– Gracias, Peláez, sé que me lo dice desde su blandengue corazón.


 

 

Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress.


La foto es de Marga Ferrer

 

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