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Laura Bellver
Miércoles, 28 noviembre 2012
Encuentros

El periodismo y su diamante en bruto

Las revoluciones de la Primavera Árabe han puesto de manifiesto la importancia de las redes sociales en la organización de movimientos ciudadanos, así como en la elaboración y difusión de informaciones. Los periodistas Olga Rodríguez y Ramón Lobo han reflexionado en voz alta sobre su repercusión en los conflictos internacionales en un encuentro organizado en Valencia por Le Monde Diplomatique.

[Img #16521]La decisión del tunecino Mohamed Bouazizi de quemarse a lo bonzo el 17 de diciembre de 2010 marcó para muchos el inicio de una revolución sin precedentes en el Norte de África y Oriente Medio. Bien es cierto que este acontecimiento tuvo una repercusión incuestionable. Sin embargo, las reivindicaciones ciudadanas en los países árabes venían de tiempo atrás. Por ejemplo, el 6 de abril de 2008 tuvo lugar una huelga en Egipto que aunó a la sociedad más urbanita con los movimientos obreros de las fábricas. La convocatoria surgió en Facebook y su seguimiento fue masivo. De hecho, se considera que éste es uno de los precedentes de las protestas que prosiguieron meses después.


 

Otra referencia importante data un poco más tarde. Un bloguero egipcio de tan solo 28 años, Khaled Said, falleció el 6 de junio de 2010 tras una brutal paliza de la policía. ¿La razón? Éste pretendía difundir por Internet un vídeo en el que se mostraba cómo unos agentes se repartían un alijo de droga. Pocos días después, un activista creó una página en Facebook llamada Todos somos Khaled Said. Los seguidores se sucedieron y la información comenzó a fluir. Así, cuando el Gobierno de Ben Ali en Túnez fue derrocado por las protestas, en Egipto siguieron esta estela basándose en los movimientos ya existentes, Seis de abril y Todos somos Khaled Said. De ahí la convocatoria multitudinaria en la plaza Tahrir el 25 de enero de 2011 cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. El Gobierno de Hosni Mubarak trató de frenar la ocupación ciudadana bloqueando la Red por completo, pero fue en vano: la gente siguió movilizada. Y el final es bien conocido por todos.


 

[Img #16516]El público seguía atentamente la cronología de acontecimientos. Seguramente, la gran mayoría les sonaban. La reportera Olga Rodríguez (@olgarodriguezfr) se estaba sirviendo de éstos para llegar a la cuestión clave: entonces, ¿cuál es el auténtico papel de las redes sociales en todo esto? Para ella, quien conoce esta realidad de primera mano, la respuesta estaba clara: “Las revueltas no han sido 2.0, sino que había estructuras de protesta previamente organizadas”, afirmó. Eso sí, estas herramientas han permitido rebasar límites que antes se creían insalvables. En sus palabras: “La información siempre dependía de una élite muy ligada al poder. Solo podíamos ver una versión muy edulcorada de la realidad. Y las redes sociales han jugado un papel muy importante en ese sentido. Han contribuido a romper estereotipos y han permitido transmitir información que antes era censurada. Son un diamante en bruto y tienen muchas posibilidades como herramienta informativa”.


 

Su compañero, Ramón Lobo (@ramonlobo), apoyaba poco después en su intervención esta conclusión. “He nacido antes de las redes sociales y he ido a conflictos cuando no había ni móviles. Las personas que vivían estas situaciones no tenían oportunidad alguna de transmitir nada. Ahora, hasta las minorías pueden expresarse. Su voz puede tener más peso”, reflexionó. No obstante, el periodista también puso las desventajas sobre la mesa. Alejándose del manido concepto de reciente creación periodismo ciudadano, pues reconoció huir de la adjetivación, recordó una cuestión fundamental respecto del periodismo a secas. “La redes sociales no son la panacea. Hay que mantener la actitud de contrastar la información y de crear puentes de confianza con las fuentes. Ahora, con estas herramientas, toca reordenar nuestra mirada, pero aplicando siempre el principio periodístico de comprobar, comprobar y comprobar”, concluyó.


 

[Img #16514]Siguiendo este fundamento, Olga explicó las posibilidades que se han abierto a los periodistas. Así, recordó cómo en la denominada Operación Plomo Fundido desarrollada por las Fuerzas de Defensa Israelíes sobre la Franja de Gaza a finales de 2008 y principios de 2009 se confió el relato de los hechos en los pocos profesionales que pudieron permanecer en la zona. “Vimos lo que pasaba a través de cuatro o cinco pares de ojos de testigos internacionales”, matizó. Ello contrasta, ahora, con la nueva oleada de violencia entre palestinos e israelíes. “En redes sociales se está rompiendo con lo políticamente correcto y se comparten imágenes que incluso un medio de aquí no publicaría. Se está mostrando la realidad con toda su crudeza”, explicó la periodista. Tanto es así, que hasta algunos materiales crean la disyuntiva de si deben ser difundidos o no, como le ocurrió hace poco con una imagen de cuatro niños asesinados en Gaza que le hizo llegar un conocido. Finalmente, Olga se decidió a compartirla.


 

Con todo, el orden establecido está cambiando. O, por lo menos, se está poniendo en cuestión. “Por ahorrar un poquito, los medios recortan plantillas, cierran corresponsalías o prescinden de los enviados especiales. Se sirven la información de agencia y, así, se limita la pluralidad informativa. Pero las redes sociales han roto esta uniformidad. Los internautas incluso están influyendo en las agendas setting de los grandes medios”, observó Olga. Y Ramón mantuvo el tono crítico. “No se respeta el periodismo de terreno. En lugar de una historia parece que lleves un problema a la [Img #16515]redacción. Además, te exigen material para publicar de inmediato y uno de los valores del periodismo es pararse a pensar, no mucho, porque los periodista no tenemos mucho tiempo, pero pensar”, declaró.


 

Porque el rigor del periodismo clásico no tiene que estar reñido con la interactividad que las redes sociales ofrecen. Y porque éstas han pasado a ser una herramienta importante en la actualidad, pero no el todo. “Gente pequeña en pequeños lugares y con pequeñas cosas pueden cambiar el mundo”, citó Olga. Hay que aprovechar, por tanto, la oportunidad que Internet brinda para ello sin olvidar el origen ni los principios.


@LaBellver

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