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Laura Bellver
Miércoles, 31 octubre 2012
Música

Afinando los instrumentos por piezas

¿Por qué un violonchelo suena diferente de otro? ¿Qué esconde la caja de resonancia de un violín? ¿Cómo es la mejor madera para una guitarra? Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado al oficio que mejor puede responder a estas cuestiones: la luthería.

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Todos lucen brillantes y ordenados, pero cada uno es diferente, pues guardan una historia y un sonido propios en su interior. Eso sí, esperan algo en común: a su dueño, el que les dejó para ser restaurados o el que todavía les tiene que conocer. A grandes rasgos, esta sería la historia de los instrumentos que descansan en el taller de David Merchán, un amante de la música que hace años aparcó el arco de su violín para coger limas, escofinas, rasquetas y demás herramientas propias de un lutier. “Soy de Salamanca. Mi familia siempre ha estado muy ligada a la música y desde bien pequeño estudié violín. Una vez terminé la carrera, viajé a Cremona, en Italia, donde estudié en una escuela de luthería. Más tarde, estuve trabajando durante años en un par de talleres en Londres y, finalmente, en 2009, vine a Valencia”, relata.


David regenta este negocio desde entonces y reconoce que no se puede quejar. “Trabajo no nos falta”, afirma. Quizá, porque en España no son tantos los profesionales en la materia. De hecho, solo el Conservatorio Juan Crisóstomo de Arriaga, ubicado en Bilbao, ofrece la oportunidad de aprender este oficio. Por ello, muchos interesados bien optan por irse al extranjero, bien por instruirse de la mano de un maestro artesano. Y este último es el caso de Javier Martínez. “Estudié un ciclo de carpintería e hice en este taller las prácticas. Ahora, desde hace tres semanas que trabajo con David y estoy muy contento”, explica éste.


[Img #16247]De momento, limpiar el interior de las piezas para una más completa intervención es una de las principales tareas que realiza Javier, pero pronto le tocará descubrir los escollos de esta disciplina. Entre ellos, retocar el barniz o lidiar con el alma de los instrumentos de arco, esa pequeña pieza cilíndrica que se debe introducir por una de las efes – orificios de resonancia – y colocar tras la tapa, capaz de cambiar el carácter del sonido. “La primera vez que haces el alma de un violín las pasas canutas. No lo haces bien y te vuelves loco. Yo ahora lo hago en 15 minutos, pero la primera vez estuve todo un día y no lo logré”, apunta David.


Sin embargo, este trabajo va mucho más allá. Existen factores contra los que no se puede hacer nada, como la humedad en la madera, pero los posibles arreglos en general son numerosos. Tanto es así, que hay quienes aspiran a un reparación completa cueste lo que cueste antes que comprar un instrumento nuevo. Parece que el valor sentimental, en muchos casos, no tiene precio. Sea como fuere, el objetivo del lutier es ser fiel al original y, por supuesto, ajustarse a las exigencias del propietario, lo cual no siempre es fácil. En palabras de este profesional: “El instrumento para los músicos es muy importante, casi como un hijo. Por eso intentamos que suene como ellos quieren. Además, lo digo con conocimiento de causa por mi familia de músicos y por experiencia propia, los músicos somos también muy particulares. Porque un instrumento puede encantarle a uno, pero luego viene otro y no le gusta nada”.


[Img #16237]Como no podía ser de otra manera, las anécdotas se suceden en este sentido a lo largo de la trayectoria de David. Por ejemplo, recuerda que trabajando en Londres realizó hasta tres puentes para una persona que, no contenta con el resultado, decidió quedarse finalmente con la pieza inicial. Pero del mismo modo que llegan los desafíos, lo hacen las satisfacciones. Porque durante esta misma etapa profesional tuvo, también, la ocasión de restaurar auténticas joyas, como un contrabajo datado de 1631 fabricado por Nicola Amati, quien fue mentor del célebre lutier Antonio Stradivari.


Justamente, Stradivari refleja a la perfección la paradoja de este oficio: aunque instrumentos como los suyos son afamados por todo el mundo, el arte que se esconde tras de ellos resulta extraño para muchos. Por ello, con vistas a combatir este desconocimiento, desde hace poco más de un año David imparte clases de fundamentos de luthería en el [Img #16236]Conservatorio Superior de Castellón. “Enseño saber elegir un instrumento, cómo se construye y cómo se restaura. Al músico le interesa mucho esta cuestión, porque así podrá saber qué necesita su instrumento cuando le suceda algo”, matiza.


Con todo, David también intenta sacar tiempo de donde puede para practicar la faceta que más le gusta de su oficio: la fabricación. “Construir algo de la nada, de un trozo de madera”, como él mismo define. Así, en el taller expone la guitarra que ha elaborado para su hermano y un cajón guarda los retazos de otra en proyecto, la cual contará con una madera exclusiva, regalo de su buen amigo y compañero de profesión Vicente Carrillo. Poco a poco, los planes toman forma. Si de algo precisa un buen lutier es de paciencia y David demuestra que no le falta. 


@LaBellver

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