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Laura Bellver
Miércoles, 24 octubre 2012
Reportaje

El oficio que cuida de nuestro pasado

El ser humano ha ido dejando improntas a lo largo de su existencia. Algunas han recibido el perdón del tiempo y han llegado hasta el presente, permitiendo saber qué se fue en tiempos remotos y cómo se ha alcanzado la realidad actual. Una vez halladas, garantizar que éstas sigan siendo testigos de la historia no es tarea fácil. Esta semana en 360 Grados Press hemos peregrinado por el minucioso trabajo de restauración y conservación que requiere el legado cultural.

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Un enorme lienzo del siglo XVIII preside la sala. Numerosas manos trabajan sobre él desde hace un año a base de pincel y paciencia. La obra se trata de La predicación de San Juan Bautista de José Vergara y el lugar, del departamento de pintura de caballete del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración (IVC+r) en su sede en Valencia. Aquí, piezas como ésta – más de una veintena en este momento – reciben una segunda oportunidad para pervivir, algo que está muy lejos de ser sencillo. “Esta pintura de Vergara en concreto ha sido complicado manejarla por su tamaño tan considerable. Además, tenía muchos daños y una preparación roja que es muy difícil de intervenir. Nos ha costado bastante alcanzar la estabilidad del lienzo. Ha llegado a estar todo el personal del taller con ella, pero ahora estamos contentísimos”, confiesa Fani Sarrió, jefa de esta sección.

 

[Img #16196]Los logros se suceden en las estancias contiguas. Justo al lado, otro equipo de profesionales especializados en patrimonio documental hace lo propio con la piel, el pergamino y el papel. Lidiar con microrganismos, reintegrar partes de manera mecánica y manual o tratar manchas con humedad son algunos de los múltiples procesos que ponen en práctica para, como mínimo, asegurar que las piezas se mantengan conforme estaban. Y así lo consiguen. Claro ejemplo de ello es el Libro de Privilegios de Felipe V del Archivo Municipal de Carcaixent, el cual no solo sufrió un incendio en 1911, sino también las consecuencias de las inundaciones de 1982 tras el desbordamiento de la presa de Tous. “Llegó prácticamente como una bola de barro, pero lo recuperamos al máximo posible”, recuerda Ángel Calderón, técnico de conservación y restauración en obra gráfica y material de archivo.

 

[Img #16198]Pasos adelante, al fondo y a la derecha, se encuentra otra de las divisiones del instituto: textil. La trama y la urdimbre cobran todo el protagonismo en este espacio, donde se reparan con sumo cariño indumentarias y piezas decorativas realizadas con tejidos. Por ejemplo, un traje de torero fechado en 1830 estropeado por el paso de los años, la luz del sol y la acción de los insectos. “En este caso perseguimos frenar el deterioro y darle un aspecto entendible. La idea es reintegrar las lagunas para no se vean agujeros”, apunta Mercè Fernández, técnico superior en restauración textil. Pero más allá de los hilos, en esta sección hay también otro personaje a destacar. En palabras de esta técnico: “El soporte es muy importante. Una vez restaurado el textil, sino queremos que se manipule incorrectamente, le damos un soporte adecuado para que no sufra tensiones o problemas”.

 

[Img #16205]Una cuarta habitación marca el fin del recorrido, la correspondiente al área de paleontología y arqueología. Cajas y archivos apilados cubren sus paredes. En ellos se guardan numerosas muestras de lo impensable: desde restos de micromamíferos que ya no existen hasta la dentadura de un rinoceronte que hace cientos de años habitó en la Comunidad Valenciana. Cuidado, estudiado y catalogado, así se trata todo este material que proviene de excavaciones y prospecciones. Y lo mismo ocurre con aquel otro que no se puede almacenar, el arte rupestre. El objetivo, hacer constar lo que hubo y permitir que en el futuro se pueda seguir mirando atrás. “Cuando se excava un yacimiento se procura no agotarlo todo, porque las técnicas que tenemos actualmente nos permiten acceder a una información. Pero, probablemente, dentro de unos años se podrá acceder a más. Por eso, debe quedar yacimiento para que se siga investigando”, concluye Rafael Martínez, doctor en arqueología y coordinador de este departamento.

 

[Img #16197]El itinerario a lo largo de la restauración y la conservación podría continuar. Obras pictóricas, documentos, textiles, fósiles y restos de la antigüedad son solo una parte de esta vasta profesión que custodia las huellas del tiempo. Todas ellas constan de particularidades, pero el trabajo colaborativo y de complementación a la hora de afrontar un reto en forma de pieza histórica rompe la posible distancia. Además, una serie de principios las unen íntimamente: la mínima intervención, el respeto al original y la reversibilidad. Éste último, un aspecto en el que todos los profesionales hacen especial hincapié. “El aspecto de la reversibilidad es básico. Pensamos que lo que hacemos hoy, dentro de unos años puede quedar obsoleto por un nuevo sistema de intervención”, argumenta Mercè Fernández. Así, un punto de costura especial que fácilmente se deshace o materiales mudables son la llave hacia un futuro mejor trabajo.

 

[Img #16206]Sin embargo, esto sería la anécdota del proceso, pues desde la recepción de una obra hasta su intervención falta el movimiento maestro, quizá el más desconocido para la sociedad: la investigación. Porque la restauración no puede acometerse directamente. Por ello, radiografías, TAC, mediciones, fotografías, documentación, realización de mapas de deterioro o extracción de muestras, entre otras actividades, preceden siempre la actuación final. “Hacemos como el DNI de cada pieza”, ejemplifica Ángel. Y ahí, justamente, es donde reside la diferencia que marca un trabajo profesional.

 

Con todo, las líneas siempre parecen pocas. Cada especialidad y, más concretamente, cada obra sería digna de un artículo. Las palabras de Fani Sarrió lo definen a la perfección: “Toda pieza es un mundo. Yo siempre digo que son como un enfermo, al cual hay que aplicarle un tratamiento de intervención y, así, ver cómo responde”. Sin duda, hay lista de espera para rato.


@LaBellver

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