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Laura Bellver
Miércoles, 17 octubre 2012
Curiosidades

El eslabón perdido en la historia del ajedrez

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Quizá, muchos de los que se sientan ante un tablero no saben que la dama no siempre estuvo ahí. O que el resto de piezas han cambiado sus movimientos con el tiempo. Tal vez, se sorprenderían al saber que el orden vigente de este juego se gestó aquí mismo, en España. O que esclarecer su origen ha sido un debate de siglos que ha llegado hasta el presente. Esta semana en 360 Grados Press nos hemos aproximado a esta cuestión, en la que todavía falta una pieza por encajar: la aparición de uno de sus elementos fundamentales.

[Img #16149]José Antonio Garzón afirma que esto parece más propio de una película que de la realidad. “‘El nombre de la rosa’ casi podría considerarse una historia de dibujos animados a su lado”, bromea. Él es investigador y desde hace más de 20 años que el ajedrez centra su trabajo. Su relación con este juego pasó de ser una actividad de recreo a convertirse en objeto de estudio con el paso del tiempo. “Aprendí a jugar de pequeño. Me enseñó mi padre cuando tenía unos cinco o seis años. Competí a nivel escolar y, luego, fui campeón de Valencia y autonómico en la categoría absoluta. Pero, paralelamente a la afición como ajedrecista, también coleccionaba libros al respecto, así que desperté mi faceta como investigador”, explica.

 

Concretamente, José Antonio empezó a desarrollar esta vertiente con vistas a esclarecer un debate que permanecía abierto desde el siglo XIX: el origen del ajedrez moderno. Italia y Francia parecían las opciones más factibles, aunque muchas voces señalaban a España como la verdadera cuna. Y, más específicamente, la ciudad de Valencia. La razón de esta hipótesis residía en dos documentos del siglo XV: el poema Scachs d’amor (1475) de Francí de Castellví, Bernot Fenollar y Narcís Vinyoles, así como el Llibre dels jochs partits dels scachs en nombre de 100 (1495) de Francesch Vicent. “Yo asumí la carga de la prueba. El origen valenciano ya había sido sugerido por Aberbakh y Ricardo Calvo. La idea tenía lógica para mí, pero había que descartar que hubiese documentos más antiguos en Francia o en Italia”, matiza este investigador.

 

Sin duda, ambos escritos apuntaban maneras de ser un antes y un después en la historia del ajedrez. Previamente a su creación, consta que se jugaba al modo de los árabes. "Originalmente, la pieza que había al lado del rey era masculina. Se llamaba alférez o alferza y era muy débil, ya que solo movía un pasito en diagonal. De hecho, la única diferencia que guardaba con un peón es que podía ir hacia atrás y hacia delante. Además, el alfil se movía en diagonal, pero solo dos casillas”, ilustra José Antonio; quien, fruto de su curiosidad, llegó a organizar un torneo con las reglas medievales hace unos años.

 

Quizá, la experiencia sobre el tablero era lo único que le faltaba para constatar lo que un pormenorizado análisis desde 1450 hasta 1530 ya le había desvelado: que ése ajedrez era otro juego y que el que se conoce actualmente fue instaurado por aquellos que un día decidieron reproducir por escrito una partida bajo el título de Scachs d’amor. Porque este poema alberga una nueva forma de jugar basada en dos revoluciones, una femenina y otra social. En palabras de José Antonio: “La transformación forjada en Valencia consiste en la introducción de una pieza nueva, la Dama o Reina, y en la prolongación del movimiento del alfil. Estos fueron los cambios constitutivos. Luego hay otro que deriva de éstos, como que el peón se convierta en Reina cuando llega al final del tablero. Por eso suelo hablar de dos revoluciones. A partir de entonces, la pieza más humilde adquirió un papel importante en la partida, un cambio que vino introducido por la creación de la Reina”.

 

[Img #16150]Una vez ubicado el origen, entró en juego el libro de Francesch Vicent, el primero publicado en el mundo sobre esta materia con esas nuevas reglas y, por tanto, al que se le debe atribuir la difusión del ajedrez moderno. En este sentido, José Antonio asumió un reto de envergadura: no solo probar la edición del original en Valencia, sino también que aún existe un ejemplar de la obra. El primer desafío fue superado con éxito: bien por un golpe de suerte, bien por amplitud de miras, este investigador descubrió que un manuscrito encontrado en la ciudad italiana de Cesena contenía copias de los problemas que Vicent planteaba en su libro, así como también términos en valenciano fieles a la redacción original de 1495. “Desde el punto de vista emocional, descubrir de forma individual y guardar durante unos años que el libro de Vicent se encontraba copiado en un manuscrito en Italia del entorno de los Borgia datado en 1502 fue uno de los mejores momentos de este trabajo”, reconoce al respecto el investigador.

 

Por su parte, el segundo objetivo, la aparición de una copia del libro, aún está por acontecer. “Tenemos el contenido, pero no el continente. Yo no descarto que ese gran episodio acontezca”, confiesa José Antonio. Así, en aras de esta esperanza, el pasado 2009 se acordó en un simposio de carácter internacional instaurar un premio que fomente la búsqueda y el encuentro físico con el libro; una iniciativa que ya se planteó a finales del siglo XIX al mismísimo Menéndez Pelayo cuando desempeñaba la dirección de la Biblioteca Nacional, pero que no llegó a desarrollarse.

 

Con todo, la investigación llevada a cabo por José Antonio se ha ganado el respaldo internacional, incluyendo el reconocimiento de maestros como Karpov, Anand o Kasparov. “Alguna vez, en un clima de confianza, incluso les he dicho a algunos de ellos que si no se hubiese reformado el ajedrez, seguramente no hubiesen consagrado su vida al ajedrez”, se sincera. Pero más allá de lograr un apoyo de semejante calibre, el mérito de este investigador reside en haber fomentado un consenso sin precedentes acerca de aquello que todavía está vigente: el ajedrez tal y como lo diseñaron Francí de Castellví, Bernot Fenollar y Narcís Vinyoles, el mismo que difundió Francesch Vicent.

 

Y, a pesar de los avances, el trabajo continúa. De hecho, José Antonio está a punto de presentar un nuevo libro, el que será el séptimo sobre la materia: una completa bibliografía que recorre los ocho siglos del ajedrez en España y que aporta luz sobre aspectos desconocidos hasta la fecha. Además, todavía falta la pieza clave para la jugada final en esta partida: el libro de Vicent. Eso sí, ya no se puede decir que la historia del ajedrez esté en jaque.

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