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Óscar Bornay
Miércoles, 3 octubre 2012
Entrevista

"La crisis nos ha mostrado que vivíamos en un modelo depredador"

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Cristina del Valle se encuentra terminando la grabación de "El Arte de Amar", el disco con el que junto a Manu Garzón prepara el inminente regreso de "Amistades Peligrosas", el dúo que revolucionó el pop español en los 90. De aquella experiencia, recuerda, "era como ir en un carro tirado por caballos desbocados". "Nos devoró el éxito", asegura. Ahora, Del Valle retoma el proyecto que abandonó en 1998 con la experiencia y el aprendizaje acumulados de quien sabe que la vida le vuelve a dar una segunda oportunidad para disfrutar, ahora sí, de un proyecto artístico "que sería el sueño de cualquier cantante". "Retomo un proyecto en el que me dejé la vida, y ahora quiero dejarme la ilusión", afirma.

[Img #16069]Cristina, ¿llegó el éxito demasiado pronto?
Sí. No fuimos capaces de gestionarlo a nivel emocional y se tornó, en muchas ocasiones, en sufrimiento. Ahora trabajo con un compañero, Manu Garzón, que piensa como yo, el antihéroe musical, un hombre que conoce muy bien el campo de la lucha contra la violencia de género porque la ha vivido en su hogar. Con él coincido en todo, a diferencia de con Alberto Comesaña, con quien había una división radical. Todo ello hace que lo importante sea trabajar en un ambiente muy ilusionante. Algo que me debía a mí misma.


Comentabas lo difícil que es sentir que uno no tiene el control de su propia vida y has hablado del proceso de aprendizaje personal que has necesitado para superarlo. ¿Estamos ante una Cristina del Valle más serena?

Yo soy muy vehemente, y defiendo la vehemencia cuando lo que hay detrás son principios, para mí, esto es un artista es muy importante. Simboliza la pasión y determinación de defender lo que uno piensa y de hacerlo creíble a los demás. Ahora, para mí, la madurez es la capacidad para tener una visión más amplia y menos subjetiva de la realidad. Esto nos da mayor capacidad de comprensión, de empatía y de equilibrio.


¿Qué van a encontrar los fans históricos de Amistades Peligrosas en este nuevo trabajo?

Hemos reactualizado temas clásicos del grupo y hemos hecho un gran esfuerzo en plantear ritmos mestizos, con una gran mezcla de sonidos. Tenemos bases muy disco, muy cañeras, y también hemos metido ritmos africanos y árabes en otros temas, como en la nueva versión de "Africanos en Madrid". Incluso hemos hecho una versión bachata de "Me quedaré solo", producida por Patxi Carrasco, un productor muy conocido que ha trabajado con Carlos Vives y Juan Luis Guerra. También han colaborado otros artistas, como Tontxu, que compuso la canción "La estación", una canción de amor madura. Es un disco muy reflexivo. Todos los temas tienen bases rítmicas muy potentes que van desde la música étnica al pop y al rock...todo muy bailable y cantable.


¿Cuál es la filosofía que mueve «El Arte de Amar»?

R: La capacidad de aprender para llegar al conocimiento, al respeto y al amor, y desde luego tiene que ver con lo que es la música: un lenguaje pacífico y universal que se construye a través de la interacción con diferentes culturas. El disco habla de todo eso y de la historia de un grupo que, en los tiempos que vivimos, trata, desde la música, de contar y de poner nombre y apellidos a historias que nos parecen vitales y además haciendo propuestas.


¿Como cuál?

Que es posible cambiar esto que tenemos y no solamente soñándolo sino de una manera activa. Trabajar desde el amor para ir más allá de la confrontación y la violencia. Habla de la importancia de mantener la dignidad y de recuperar los valores humanos y del amor como un sentimiento capaz de transformarlo todo.


Parece ambicioso...

Es ambicioso, pero no hay otra.


[Img #16054]En ese trayecto personal que comentabas antes ha tenido una gran importancia la labor realizada desde la Plataforma de Mujeres contra la Violencia de Género y las personas que habéis conocido a lo largo del mundo. ¿Hay en este disco huellas de alguna de esas personas?

Sin duda, especialmente de una, la periodista mexicana Lydia Cacho. Una mujer que ha sido perseguida, secuestrada e incluso violada. Ella me enseñó, como otras mujeres, heroínas anónimas que no suelen aparecer en los medios, que el odio no es el camino. Jamás ha perdido la sonrisa ni la capacidad de amar. Ella me dijo: "Cris, no podemos trabajar desde el odio, no podemos trabajar dañadas. No podemos trabajar con las mujeres que han sido agredidas desde la violencia. Hay que trabajar desde el amor absoluto". Y eso me ha dado una clave vital en mi vida. Además, contactar con  movimientos pacifistas, como en Palestina, me hizo darme cuenta de la importancia de trabajar desde el reconocimiento del dolor y el miedo del otro. Romper el círculo vicioso del odio, que destruye por dentro, y trabajar por la empatía, eso es para mí «El Arte de Amar».


Vivimos tiempos en los que parece que los Derechos Humanos han caído de la agenda de los gobiernos, sustituidos por el mantra de la reducción del déficit público. ¿Si los números no aman, por qué siempre se anteponen a las personas?

La crisis ha sido la excusa para mostrar cuáles son las prioridades de los gobiernos y de sus intereses. Pero a veces hablamos de los gobiernos como si fueran entidades al margen de la ciudadanía. Creo que tenemos que empezar a poner el foco en la propia ciudadanía, en la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros en mantener la impunidad cuando no ejercemos como ciudadanos, cuando votamos y dejamos que pase el tiempo. El activismo social y el ejercicio de la ciudadanía son obligaciones fundamentales a la hora de exigir responsabilidades. Yo no puedo cuestionar las políticas de un gobierno si no estoy tomando una parte activa en mi vida cotidiana.


¿Son los políticos el reflejo de una sociedad?

Por supuesto. Por eso creo que el análisis de la política tiene que ser también un análisis de la ciudadanía. Desde este punto de vista podemos cambiar lo que tenemos si formamos parte activa de la sociedad. Mientras la gente no incorpore que cada acción política afecta a nuestras vidas personales, y cada vez más la gente empieza a identificar este concepto, las cosas no van a cambiar.


Desde hace años los ciudadanos son bombardeados con una catarata de malas noticias, y cunde el desánimo en una parte significativa de la sociedad...

Pero es que se puede cambiar. La Primavera Árabe ha sido un ejemplo muy claro de cómo un grupo de ciudadanos armado con conocimiento, información y organización a través de internet fueron capaces de superar los medios de comunicación manipulados y de hacer caer dictaduras. ¿Y esto qué significa? Significa que tenemos que ejercer el ejercicio de la responsabilidad ciudadana y no descargarlo todo en la clase política.


Cristina, ¿estás indignada?

Yo llevo indignada desde hace mucho tiempo, desde que descubrí, siendo niña, que ser hombre no era lo mismo que ser mujer. Estoy indignada desde que me levantaba y cada día veía la violencia en mi hogar y cómo se tenía que vivir desde la vergüenza y la ocultación. Estoy indignada desde que, siendo niña, tuve que salir de mi casa en coche y estar escondida en un centro 5 meses sin ver la luz ni la calle porque mi padre había intentado matar a mi madre y encima éramos nosotras las que debíamos escondernos. Llevo indignada muchos años y lucho desde hace años desde la indignación por un mundo en el que los niños y las niñas de este país, especialmente las niñas, no tengan que vivir lo que yo viví.


¿Seremos capaces de sacar algo en claro, aprenderemos de esta crisis?

La crisis también nos ha mostrado que, de una forma u otra, estábamos metidos en un modelo depredador. Vivíamos para trabajar y para consumir, y no para ser felices. Creo que esa cadena se está rompiendo, y creo que el sistema también se está resquebrajando. Le hemos hecho grietas al sistema, y cuesta mucho hacerlo. La ciudadanía ha ido tomando conciencia y es cada vez más activa.

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