Miércoles, 1 agosto 2012
Programa

La oportunidad de un verano en acogida

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Laura Bellver

El silencio suele ser la política aplicada sobre esta zona. Mientras, el peligro de la radioactividad permanece activo. Se trata de la región ucraniana de Chernóbil, donde hace 26 años aconteció el accidente nuclear más grave de la historia. La existencia de su población viene marcada por este hecho desde entonces. Así, conscientes de que las nuevas generaciones merecen un futuro saludable, muchas familias envían a sus hijos durante una temporada al extranjero. Esta semana en 360 Grados Press hemos conocido uno de estos casos.

[Img #15815]El séptimo cumpleaños de Olga ha sido totalmente diferente. También, el primero lejos de los suyos. Eso sí, lo ha celebrado como nunca: Diana y José Luís le prepararon una tarta, le entregaron regalos y le cantaron las correspondientes canciones de felicitación. Apenas hacía cinco días que estaba en su casa y durante este tiempo la pequeña no había parado de repetirles que faltaba poco para su aniversario, una de las pocas palabras que dominaba en castellano. A pesar de ello, no esperaba esta celebración.

 

Olga es uno de los niños que participan en el programa de acogimiento familiar de Juntos por la vida, una fundación que desde 1995 facilita que muchos jóvenes que viven próximos a la ciudad ucraniana de Chernóbil, devastada desde la tragedia nuclear de 1986, y que provienen de familias con pocos recursos económicos pasen el verano en España. Concretamente, Diana y José Luís colaboran en esta iniciativa desde 2003. “Unos amigos que ya tenían una niña nos hablaron del programa y probamos. La verdad es que la experiencia ha sido muy satisfactoria”, comenta él.

 

[Img #15813]Primero, acogieron a un niño, quien llegó con tan solo cinco años y al que han visto crecer durante ocho veranos. Una vez más mayor, éste no ha continuado en el programa. Sin embargo, Diana y José Luís sí que siguen participando en el mismo. Así, ahora están al cargo de Olga, para quien es su primera vez en España. “Aunque ya tengas experiencia, el primer día no sabes qué hacer. Es como volver a empezar. El niño no entiende nada: te dan unas palabras básicas para defenderte, pero pone cara de póker cuando las intentas pronunciar”, explica Diana entre risas.

 

Más allá del idioma, hacer que estos jóvenes tomen confianza y se sientan cómodos es la principal complicación. “No deja de ser una persona extraña en tu casa y nosotros también somos extraños para ella. Por eso, estamos en un tira y afloja hasta que conseguimos que todo sea llevadero y que todo cuaje bien”, prosigue esta madre de acogida. Ello debe lograrse en los dos meses que dura la estancia estival y, en el caso de Olga, parece que la progresión va por el buen camino: la complicidad compartida con Dana y Mar, las hijas de esta pareja, así como los juegos con Lara, sobrina de la misma, reflejan que la pequeña se siente más que a gusto en los primeros 30 días con la familia.

 

Pero el bienestar de Olga también se manifiesta en su salud, objetivo cardinal de este tipo de programas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un mes lejos de la zona contaminada significa que los niños de Chernóbil reduzcan su nivel de radiactividad hasta un 40%, así como que aumenten su esperanza de vida entre 12 y 18 meses. Además, el acogimiento familiar les ofrece optar a una alimentación abundante, sana y variada, de manera que pueden aumentar sus defensas y afrontar mejor el duro invierno ucraniano.

 

[Img #15811]Con todo, el esfuerzo de una familia de acogida es muy significativo, pues ésta se hace cargo de todos los aspectos referentes al niño: afectivo, sanitario y, por supuesto, económico. Porque los gastos del viaje y de la estancia, comprendiendo la posible atención médica que éste pueda precisar, corren a cuenta de quienes abren las puertas de su hogar. Por ello, cada caso es analizado con esmero. “En primer lugar, te hacen una entrevista y te valoran como familia. Si te consideran válido, luego ya puedes decidir si quieres niño o niña y de qué edad, para que pueda adaptarse de la mejor manera posible a tu situación”, expone Diana.

 

Todo sacrificio cobra sentido a lo largo de la experiencia, muy especialmente al final. En palabras de José Luís: “Recordar la diferencia entre el día que llegan a casa y el día que se van es la mayor satisfacción y recompensa”. Por ello, desde el pasado 2003 que esta familia tiene claro que seguirá ayudando a través del programa de Juntos por la vida. Es más, apenas se acaban de conocer y ya esperan que Olga regrese el verano que viene o, incluso, antes, ya que la acogida también puede darse en Navidad.

 

Sin embargo, aunque es inevitable hacer planes de futuro, todos se centran en disfrutar del presente. Todavía resta un mes hasta que Olga tenga que despedirse de su familia en España, el que será el momento más difícil para ambas partes. No cabe duda que la maleta de esta pequeña regresará a su origen mucho más cargada de lo que vino, pero será ella misma quien portará el más valioso equipaje de vuelta: un futuro más próspero y la mejor de las sonrisas para los suyos.



@LaBellver

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