Miércoles, 1 agosto 2012
Humor

Unos se quedan, otros se van

Marcar como favorita Enviar por email
David Barreiro

Peláez daba por hecho, el pasado viernes, que su jefe había comenzado ya las vacaciones y lo imitaba en su despacho cuando el susodicho entró hecho una furia. Y es que el ínclito director del periódico provinciano afirmaba irse siempre en agosto, como el vencejo común.

[Img #15826]El caso es que no ha sido una semana fácil para Peláez y menos lo será aún el mes de agosto ya que se quedará en la redacción escribiendo con ambas manos y pies y contestando el teléfono con la nariz. Por desgracia, al encontrarse a solas, no podrá hablar con nadie y no nos llegarán cables de sus diálogos hasta septiembre.


 

 


Jueves, 26 de julio

 

– ¿Sabe dónde estuve ayer, Peláez?
– ¿En el Amazonas?
– No.
– ¿En el Huracán?
– Hace años que no voy por allí, Peláez.
– Fue la semana pasada, jefe.
– Qué despacio pasa el tiempo.
– ¿Dónde estuvo, entonces?
– En el teatro.
– ¿Qué fue a ver?
– Algo contemporáneo, pero no lo comprendí. Se ve que yo soy de otra época.
– ¿Por qué lo dice?
– Iban desnudos, no hablaban, se movían como grullas, eructaban.
– Vamos, que no le gustó.
– No, y además, carísimo.
–¿Cuánto costaba la entrada?
– Gratis, Peláez, soy director de un periódico de indudable declive pero notorio pasado, no pago por nada.
– ¿Entonces?
– Les tiré un kilo de tomates…
– ¡Caramba!…
– Y raf…
– ¡Uf!
– Sí, Peláez, la cultura está por las nubes.


 

Viernes, 27 de julio

 

– ¿Pero qué cojones hace ahí, Peláez?
– Uy, jefe, disculpe.
– ¿Se puede saber por qué está sentado en mi sillón dormitando con los pies sobre la mesa?
– Pensaba que se había ido ya de vacaciones, jefe.
– ¿Vacaciones?
– Sí, claro.
– Yo solo me cojo vacaciones en verano, Peláez.
– Hoy es 27 de julio, jefe.
– ¡Hostias!
– ¿Se le había olvidado?
– Tengo muchas cosas en la cabeza.
– ¿Problemas?
– Caspa a dolor.
– Ya veo…
– Bueno, lárguese a escribir o lo que sea que haga.
– ¿Entonces no se va a ir, jefe?
– En agosto, Peláez, como el vencejo.
– Menudo pájaro es usted.
– ¿Cómo ha dicho?
– Nada, nada…


 

Lunes, 30 de julio

 

– ¡Peláez! ¿Qué le pasa? ¿Qué hace con tal cabreo?
– Elimino las cookies, jefe.
– ¿A sus cuquis? ¿Pero cuántas amantes tiene, bribón?
– No, jefe cookies. ce o o ka i e ese.
– ¿Qué va de Urdaci por la vida?
– Lo siento…
– Cookies… cookies… me suena…¿Se refiere a las galletas? ¡Peor aún! Démelas a mí, cenutrio, que me pongo tibio.
– No, hombre, información que queda almacenada sobre lo que busco en mi ordenador.
– ¿Dónde queda almacenada?
– En la nube.
– No se preocupe por eso, está despejado.
– Quiero decir en servidores de empresas de publicidad.
– ¿Habla usted chino, Peláez?
– No.
– Pues la parece. No le entiendo ni jota.
– Nos controlan, jefe. Saben lo que nos gusta, lo que compramos e, incluso, lo que pensamos.
– Ya veo… Entonces tenemos que disimular ¿no? Para engañarlos, digo.
– Es una posibilidad.
– A partir de ahora hablaremos en clave, Peláez.
– Como quiera, jefe.
– Reportaje es parchís, whisky es fuente y jugar es escribir ¿de acuerdo?
– Si usted lo dice…
– (gritando) ¡Y ahora, Peláez, empecemos ese reportaje en mi despacho, tráigase su fuente!
– Captado, jefe.
– ¡Vamos, Peláez, que me muero de ganas de escribir! Je je je je… qué listo soy, carajo...


 

Martes, 31 de julio

 

– ¿Qué hace, Peláez?
– Reescribo, jefe.
– Es usted la releche. Venga, acérquese.
– ¿Qué quiere?
– Tengo grandes planes para usted, Peláez.
– ¿De verdad?
– Por supuesto, ¿ve eso?
– Son mis pies, jefe, claro que los veo.
– Este verano le dejaré escribir también con ellos, ¿me oye? Será el primer periodista podal de la historia.
– No sé si sabré, jefe.
– Aprende usted rápido, Peláez, lo comprobé cuando vi cómo había dejado el suelo de la redacción, brillaba como este piño.
– ¿Es de oro?
– Plástico dorado.
– ¿Y qué más quiere que haga, jefe?
– Le pondré un botoncito aquí, en la mesa, para que pueda responder al teléfono con la nariz.
– No podré con todo, jefe…
– Claro que sí hombre, confíe en sus posibilidades. Además, tengo que dar vacaciones a los demás o se me amotinarán.
– ¿Y qué recibiré yo a cambio?
– Le doblaré el sueldo.
– No cobro, jefe.
– ¡Está bien, está bien, se lo triplicaré!
– Lo que usted diga, jefe...
– Nos vemos en septiembre, Peláez.
– Hasta septiembre, jefe.


 Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
360 Grados Press •
© 2013 • Todos los derechos reservados
POWERED BY FOLIOePRESS