Miércoles, 25 julio 2012
Humor

Un hombre perdido

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David Barreiro

“¡Que se jodan!” gritaba insistentemente el jefe de Peláez desde su despacho. Ante este hecho nada habitual, nuestro intrépido periodista provinciano acudió a preguntarle a su superior qué le sucedía. Resultó que está estudiando para diputado y se hallaba en el dificilísimo tema 3: Exabruptos.

[Img #15750]Y es que, ante la crisis, el jefe de Peláez ya no sabe qué hacer y ha decidido dar un giro copernicano al diario y centrarse en el periodismo de investigación, para lo cual su primera medida fue comprar unos walkie-talkies. Es, sin duda alguna, un hombre perdido que, de pronto, se declara musulmán y seguidor, a su manera, del Ramadán, que se salta comiendo pipas y cacahueses. Lo único que tiene claro, es que por un tinto de verano, mata.

 


 Jueves, 19 de julio

 

– ¡Que se jodan!
– …
– ¡Que se jodan!
–…
– ¡Que se jodan!
– ¡Jefe! ¿Qué le pasa?
– Nada, Peláez, ¿por qué?
– Esos gritos, parece enfadado.
– No, Peláez, estoy estudiando.
– ¿Estudiando?
– Sí, me preparo para diputado.
– ¿Va a dejar el periódico?
– No, hombre, cobraré sueldos y dietas por duplicado.
– Ah, claro, y... ¿está seguro de que así se estudia para diputado?
– Segurísimo, Peláez, mire el libro, aquí: Tema 3. Exabruptos.
– Me sorprende, jefe...
– zzzzzzzzzzzzzzzzz
– ¡Jefe!
– ¡Ah! Disculpe, estaba repasando la lección de siestas instantáneas. Me la sé enterita.
– Ya veo, ya…
– ¡Que se jodaaaaan! Nada, no me sale bien todavía, no lo digo desde dentro como un diputado profesional.
– Siga practicando, jefe.
– Lo haré y ahora… ¡Váyase señor Peláez!
– Me voy, jefe, me voy.
– ¡Manda huevos! Mejor… mucho mejor... ya me veo en la poltrona.


 

Viernes, 20 de julio

 

– ¡Peláez!
– …
– ¿Peláez?
– Sí, jefe, perdone, estaba arreglando los bajos del pantalón de Ruipérez, el de documentación.
– ¿Y eso?
– Tengo que sacarme un sobresueldo. Bueno… en realidad un sueldo, ya que aquí llevo cinco meses, tres semanas y seis días sin cobrar.
– No se queje, Peláez, algunos están peor. Al tal Ruipérez la última paga se la hice en pesetas.
– Entonces no digo nada, jefe. ¿Para qué me quería?
– He pensado que podíamos hacer periodismo de investigación.
– ¿Y cómo, jefe? No tenemos medios.
– Así me gusta, con dos cojones.
– Medios, no miedos.
– ¡Ah! Se equivoca, Peláez, mire lo que he comprado.
– ¿Unos walkie talkies?
– Prúebelo, Peláez, hay que darle al botón y decir cambio ¡cambio!
– Estamos en el mismo despacho, jefe… ¡cambio!
– ¿Y qué? ¡cambio!
– Que aquí no es necesario, jefe ¡cambio!
– Siga así y le cambio y le corto para siempre, Peláez, ¡cambio!
– Lo retiro, jefe, ¡cambio!
– Pues hala, a investigar, yo le espero aquí esperando su llamada, ¡cambio!
– No podré alejarme demasiado o se perderá la conexión, ¡cambio!
– Investigue por el barrio, carajo ¡cambio!
– De acuerdo, jefe. ¿corto?
– No, no, el vermú siempre hasta arriba, que rebose.


 

Lunes, 23 de julio

 

– Cla cli cla cli cla cli cla
– ¿Qué hace, jefe? ¿Qué es ese ruido?
– Como pipas, Peláez cli cla cli cla.
– ¿Y por qué con tanta ansiedad?
– Me muero de hambre cla cli.
– Tómese un bocata.
– No puedo, hago el Ramadán.
– ¿El Ramadán? ¿Es usted musulmán?
– Claro que sí, mu sulmán, ¡pero mucho! cli cla cli cla. Todos somos sulmanes en mi familia.
– Pero el Ramadán es ayuno durante el día, jefe.
– Esto son pipas, hombre, cla cli cla no sea tan estricto cli cla, pipas y cacahueses se permiten ¿no? Cla cli.
– A mí me da igual, dígaselo a su Dios.
– ¿A don Alfredo Di Stefano? Cli cla cli cla..
– No, a Alá.
– Ah, sí, ese. Luego le llamo a ver. Cli cla cli cla.
– En fin, jefe, voy a escribir.
– Hace bien. Cla cli. Yo me voy al Amazonas tal y como dice mi religión.
– ¿Ah sí?
– Claro, si la maroma no va a la montaña, la montaña va a la maroma. Cla cli.


 

Martes, 24 de julio

 

– Brrrffffppppffffuuuaaaaffff
– ¿Por qué gorjea, jefe?
– Acabo de hablar con los cuervos y me he puesto de los nervios, Peláez.
– ¿Qué les pasa ahora?
– Quieren que contrate a alguien nuevo para la comunidad de vecinos.
– ¿Un nuevo portero para el edificio?
– Exacto, community manager lo llaman, los muy pijos.
– No es eso, jefe, es alguien para las redes sociales.
– Un cotilla, ¿no? Sí, ya me imagino… quieren espiarnos los muy cabrones.
– Puff….. ya no sé cómo explicarle las cosas, jefe.
– No hay nada que explicar, Peláez, esto es el acabose, el apocalipsis, el fin de la historia, que diría Fujimuri.
– Fukuyama, jefe.
– Sayonara, Peláez.


 

Miércoles, 25 de julio

 

– No sé usted, Peláez, pero yo mataría por un tinto de verano.
– ¡Son las ocho de la mañana, jefe!
– Lo sé, pediré unas bravas para no dañar el estómago.
– Es usted incorregible.
– Se lo agradezco. ¿De qué escribe?
– De la prima de riesgo, tiene más de seiscientos puntos.
– ¡No joda!
– Jodo, jefe, jodo.
– ¿600 puntos? ¿Tan bien conduce la tipa esa? Yo tengo cinco y bajando.
– Son cuestiones macroeconómicas, jefe.
– Ya, quieren recaudar como sea, qué víboras. Hay más radares que setas.
– Lo sé, jefe...
– ¿Se anima a un aperitivo, entonces?
– Aún no he desayunado…
– Ya desayunará, hombre, tiene todo el día.
– Quiero seguir ciertos hábitos, jefe.
– ¿Se va a meter a cura? ¡No me fastidie, Peláez!
– No, jefe, soy agnóstico.
– ¿Son esos que van rapados con la camiseta de Holanda?
– Hare Krishna, jefe.
– And a happy new year, Peláez. Seis…… cuatro….. siete…..
– ¿A quién llama?
– Al bar, para que vayan descorchando La Casera.
– Se le calentará, jefe… ¿jefe? ¿jefe?


Los cables de las conversaciones que mantiene Peláez con su jefe (#Pelaezleaks) en la redacción de un periódico de provincias los puedes encontrar a diario en la página oficial en Facebook de 360gradospress

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