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David Barreiro
Miércoles, 18 julio 2012
Humor

Eau de pacharán

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La semana comenzó, una vez más, con nuevos recortes. En esta ocasión, el consejo de administración decidió retirar la tecla eñe de los teclados por su escaso uso y quitarle el móvil a Peláez. Las cosas no mejoraron los días siguientes en los que el jefe de nuestro querido periodista no acabó de admitir sus problemas con el alcohol que le han llevado a perfumarse durante más de veinte años con pacharán Zoco.

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Peláez, por su parte, ha intentado olvidarse de las dificultades dedicándose a escribir sobre el 18 de julio, sobre el alzamiento nacional y Franco a quien su jefe no acaba de recordar muy bien. Parecía que nada podía empeorar esta semana, pero el director del periódico de provincias exigió al plumilla una entrevista harto difícil para los Juegos Olímpicos: Astérix.


 

 Jueves, 12 de julio

 

– Mandamás al habla…
– Buenos días, jefe, soy yo.
– ¡Peláez! ¿Dónde anda?
– Acabo de llegar a la redacción, jefe, ¿y usted?
– En Madrid, en el aeropuerto
– ¿Barajas?
– No, reparte usted, yo di la última vez.
– ¿Cómo?
– Usted mezcla las cartas, yo corto, usted reparte, yo apuesto, usted la ve, yo gano. Como toda la vida de Dios, Peláez.
– ¿Pero qué hace en Madrid?
– ¡Ah! He tenido una reunión de urgencia con los cuervos.
– ¿Y eso?
– Quieren hacer más recortes.
– ¿Como el gobierno?
– Eso es, parece que se contagian, como la varicela.
– ¿Y en qué consisten, jefe?
– Tendrá que darme su móvil, Peláez.
– No, jefe, se equivoca, el móvil es mío, no de la empresa.
– Ya, pero…
– ¡Jefe!
– Lo siento, Peláez, y vamos a quitar la eñe de los teclados, se usa poco.
– ¿La eñe? ¿Y cómo escribimos España, por ejemplo?
– Patria
– ¿Y otoño?
– Postverano.
– ¡Mierda!
– Mierda no lleva eñe, cenutrio. Por cierto, se acabó la formación.
– Nunca hemos tenido formación, jefe. No puede acabarse.
– ¿Quiere decir que seguirá igual, Peláez?
– Claro...
– ¿Ve? No está tan mal, Peláez, no se queje. Bueno, le dejo, tengo que meterme en la maleta.
– ¿Y eso, jefe?
– Vuelo con Ryanair y solo puede viajar un bulto, humano incluido.

 


Viernes, 13 de julio

 

– Pufffurufurufuffufuffffffuuuuffaaahhhhhuuufff….
– ¿Qué le pasa, jefe? ¿Se encuentra mal?
– Odio los lunes, Peláez, no puedo con ellos…
– Pero, jefe, si es viernes…
– ¿Viernes? ¿Y esta resaca que tengo? ¿No se debe a las copitas para mitigar la tristeza del domingo por la tarde?
– No, jefe, se debe a que se embolinga usted todas las tardes…
– Será eso…
– Tiene usted un problema con el alcohol, jefe.
– ¿Problema? ¡Ja! ¿Yo? ¡Ja, ja! ¿Con el alcohol? ¡Ja, ja, ja! Perdone, Peláez, pero el alcohol y yo nos llevamos de maravilla. Mire…
– ¿Qué miro?
– Todas esas botellitas aquí, conmigo, haciéndome compañía. Mi roncito, mi whiskate, mi vodkita, mi Cacharel.
– Cacharel es un perfume, jefe.
– ¡Que no cenutrio! Es una bebida de larga tradición. ¿Nunca ha probado el Cacharel Zoco? ¡Un clásico!
– Es pacharán, jefe.
– ¿Pacharán? Pero… eso es una colonia…. ¿no?
– Es al revés, jefe.
– ¿Me está diciendo que llevo veinte años perfumándome con licor de endrinas?
– Exacto, jefe.
– Hay que joderse… En fin, así es la vida… ¿ha dicho que era viernes?
– Eso es.
– Pues me voy...
– ¿Adónde?
– A la playa.
– Pero jefe… ¡jefe!
– ¡Taxi!

 


Lunes, 16 de julio

 

– ¿Qué tal, jefe? Le veo contento...
– Queda poco para las vacaciones, Peláez, ansío la llegada de agosto.
– ¿Adónde se va?
– A Lopagán, Peláez, como toda mi santa vida. Ya va el coche solo. ¿Y usted?
– Yo trabajo, jefe.
– ¿Dónde?
– Aquí, usted no me da vacaciones.
– ¿Ah, no? Qué lástima. Disfrutaré por usted, no se preocupe. ¿Me permite un trago de eso?
– Claro, jefe.
– Glup, glup….¡puaj!
– ¿Por qué esputa, jefe?
– Yo qué sé, una vida difícil, caer en las garras de una mafia de trata de mujeres, a mí qué me dice…
– ¡Le decía que no escupa!
– ¿Cómo no voy a escupir? ¿Qué mierda es esa que bebe? ¿Agua estancada?
– Es té verde, jefe.
– Té verde… Da mucho asquito, Peláez, así, calentorro…
– Es bueno para el miocardio.
– ¿Qué le pasa al su cardio?
– Miocardio, todo junto.
– Miocardio… No me suena, ¿trabajaba aquí?
– Déjeme en paz, jefe.
– De acuerdo, de acuerdo, ya me voy, hippy de mierda.

 


Martes, 17 de julio

 

– ¡Peláez! Teclee con suavidad, por el amor de Dios, no puedo dormir.
– Lo siento, jefe, es que me enervo.
– ¿Se hace pipí?
– No, me pongo de los nervios.
– ¿Pero de qué escribe?
– Del alzamiento nacional que se conmemora mañana.
– ¿Erecciones a tutiplén?
– No, jefe, el levantamiento de los sublevados contra el gobierno de la segunda república.
– Puffff… no tengo ni idea de ese asunto, Peláez.
– Lo que dio origen a la Guerra Civil, jefe.
– La Guerra Civil… creo que era el tema de algunas de las películas que dábamos con el periódico, ¿no?
– De todas las españolas, jefe.
– Exacto, de eso me sonaba. ¿Y cómo acabó la batallita?
– Con Franco, jefe.
– ¿Franco? Me suena también… ¿uno bajito, de voz atiplada, con un balcón bajo los pies?
– El mismo, jefe.
– Qué malo era.
– Ni que lo diga.
– El peor actor de su generación.
– Era real, jefe, como este parqué.
– No es parqué, Peláez, es aglomerado. Quité el parqué una noche el verano pasado.
– ¿Y qué hizo con él?
– Lo cambié por doce becarios.
– ¡Jefe!
– Lo sé, Peláez, lo sé, todavía me arrepiento, debí pedir otra docena..

 


Miércoles, 18 de julio

 

– ¡Peláez!
– Dígame, jefe.
– ¿Ya ha escrito algo sobre las Olimpiadas?
– Aún no, espero a que se acerque la fecha.
– La fecha no se va a acercar, Peláez, empezará cuando empiece.
– Ya, jefe, pero…
– ¡Pero nada! Escriba ya sobre el tema. Entreviste al tipo ese que está en todas las portadas.
– ¿A quién, jefe? ¿Usain Bolt?
– ¿Usain Bolt? ¡No, leñe! Al tal Astérix, ese. He visto en el quiosco de la esquina que estará en los Juegos Olímpicos.
– Es un personaje, jefe.
– Claro, necesitamos personajes que atraigan lectores.
– Un cómic.
– Si es gracioso, mejor.
– ¡Tebeo!
– Y yo le veo a usted, Peláez, y veo que no hace nada. ¡Entreviste a Astérix!
– Lo intentaré, jefe, pero…
– Pero nada, entreviste al enano bigotón y déjese de excusas.

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