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David Barreiro. escritor y periodista
Miércoles, 27 junio 2012
Humor

Amor basura y petanca

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Por primera vez en todo el tiempo que llevamos recibiendo estos inclasificables cables – valga la redundancia– hemos visto algo parecido a un sentimiento en el jefe de Peláez, nuestro querido y admirado periodista de provincias.

[Img #15625]Fue el pasado jueves cuando el mandamás apareció canturreando por la redacción. Lamentablemente, el amor que destilaba nunca llegará a puerto pues se enamoró de un correo basura. Quizás por eso, este hombre decidió quemar su biblioteca en la hoguera de San Juan, por más que esta no fuera más de tres libros, y se negó a reparar el aire acondicionado a pesar de que Peláez comenzaba a mostrar síntomas de licuefacción. En cuanto a los temas que tratarán el próximo verano, el jefe decidió que serían los mismos de siempre, más porque tenía prisa por irse a jugar a la petanca que por cualquier otra razón.

 

Jueves, 21 de junio

 

– ¡Será maravillooooso, viajar hasta Mallooooorca!
– ¿Y esa desbordante alegría, jefe?
– Estoy insultante, Peláez.
– Exultante, jefe.
– Cabrón
– ¿Cómo dice?
– ¿Ve? Ahora sí que estoy insultante
– Captado, jefe
– ¡Paaara hacer bien el amor hay que venir al ¡Sur!, paaara hacer bien el amooor…
– ¿Y esos animados cantares?
– Qué quiere que le diga, Peláez, soy un hombre feliz.
– ¿Y eso? ¿Se han acabado los recortes? ¿Ha aumentado la publicidad? ¿Han reparado el ascensor?
– Ni de coña, Peláez, nada de eso. Seguimos pelados como el culo de un mono.
– ¿Entonces?
– Me ha llegado un correo electrónico que… ¡ay!
– Le brillan los ojos, jefe…
– Es que… a esta edad, ciertas cosas…
– ¿Quién le ha escrito?
– Kimberly Aisha
– ¿Kimberly Aisha?
– Sí, y mire lo que me dice: “Tuya puedo ser hoy” ¿Lo lee, Peláez? ¡Hoy! Y mucho más, en varios idiomas… entienda que no se lo deje leer, es personal…
– Jefe… no quiero meterme, pero esa mujer no existe.
– ¿Cómo que no existe? ¿No sabe leer, plumilla de pacotilla?
– Es spam
– ¿Spam? ¿Qué coño es eso?
– Correos a discreción.
– Claro, Peláez, es lo que quiero. Discreción, pasar la noche a solas con mi Kimberly en algún hotel de lujo.
– Jefe, no…
– Tiene razón, tiene razón. En un hotel puedo ser visto. Deme las llaves de su apartamento.
– Esto me suena…
– Son las campanillas del amor, Peláez, las campanillas del amor.


 

Viernes, 22 de junio

 

– ¿Preparado, Peláez?
– ¿Me va a despedir, jefe?
– ¿Para qué?
– Para ahorrarse costes o, como dicen los cuervos, redimensionar la plantilla.
– Yo solo redimensiono las plantillas de mis zapatos, Peláez, que para eso soy pies planos. Además, ¿de qué me sirve despedirle si no le pago?
– Eso es cierto… ¿entonces preparado para qué?
– Para la hoguera de San Juan, carajo, ¿qué va a ser?
Ah… bueno… no soy mucho de hogueras…
– Putos periodistas, no son ustedes mucho de nada y son poco de todo, como un puñetero menú degustación.
– Es mi sino
– ¿Sí o no? Decídase, que parece gallego.
– Todo junto, no separado: sino, sinónimo de destino.
– Usted y sus pareados. No le entiendo nada. En fin, haga lo que quiera, yo ya sé lo que voy a quemar este año
– ¿Y qué va a ser, jefe?
– Mi biblioteca.
– ¿Su biblioteca? La biblioteca es la patria de un hombre, jefe.
– Mi patria es España, Peláez, con todas sus vocales y consecuencias.
– Consonantes
– Lo que sea. El caso es que mi biblioteca, al fuego.
– ¿Entera?
– Sí, los tres libros.
– ¿Leerá en epub entonces?
– No, en el pub bebo como un condenado. Leeré el Marca en el retrete como toda la vida de dios.
– Pues feliz noche de San Juan, jefe.
– Gracias. Páselo bien por aquí y el lunes nos vemos si no somos ya ceniza.

 

 

Lunes, 25 de junio

 

– ¿Y ese charco, Peláez?
– Soy yo, jefe, me estoy licuando.
– Sí que hace calor, sí.
– Es una masa de aire cálido y seco de origen africano, jefe.
– Se llama verano, cenutrio.
– Ya, pero…
– Ni ya pero ni hostias. El verano es así, carajo, siempre lo ha sido.
– Puede ser, jefe, pero yo pierdo masa.
– Bajaré a por hielo, Peláez
– Me vendrá bien, jefe.
– ¿Usted también quiere un whisky?
– No, jefe, yo lo que quiero es que repare el aire acondicionado.
– Es usted un señorito, Peláez, no es para tanto.
– ¿Ah no? Mire a Ruipérez
– No recordaba que fuera negro.
– No lo es jefe, es que su mesa está junto a la ventana. Compre al menos una persiana.
– Somos europeos, Peláez, aquí no hay persianas.
– Aquí no hay nada, jefe. Tan solo decadencia.
– Ni doy cadencia ni persianas ni nada. Como mucho le pongo un whisky.
– Menos da una piedra
– ¿Una piedra? No, hombre, se lo pondré on the rocks.


 

Martes, 26 de junio

 

– Qué hace tumbado sobre la mesa, Peláez?
– Documentarme, jefe.
– ¿Documentarse? ¿Con esa almohada bajo la cabeza?
– Sí, preparo un reportaje sobre los sueños.
– Leñe, Peláez, nunca deja usted de sorprenderme. ¿Y qué ha soñado?
– Que teníamos que cerrar el periódico por la crisis.
– ¡Joder, Peláez, menuda pesadilla!
– Sí, tenía que ponerme a trabajar en la construcción.
– ¿Y qué era de mí?
– Se retiraba en Benidorm.
– ¿Benidorm? ¿Iba mucho por el bingo?
– Todas las noches.
– ¿Cantaba muchas líneas?
– Bastantes
– ¿Me acompañaba mi señora?
– No, ella se quedaba aquí.
– Me gusta, Peláez. Anda, acuéstese, y siga con ello. Yo le arropo.
– Es solo un sueño, jefe. No es la realidad.
– Eso ya lo veremos, Peláez, con dinero y voluntad todo se puede hacer.
– Pero usted no tiene dinero.
– Ya, ni voluntad.
– ¿Entonces?
– Anda, duerma, duerma… nunca se sabe.


 

Miércoles, 27 de junio

 

– ¿Qué hace aquí, Peláez?
– Tenemos la mesa de redacción preveraniega, jefe.
– ¿Hoy? Tengo partida de petanca en media hora.
– Nos da tiempo de sobra.
– Está bien…. Usted dirá.
– He preparado un powerpoint.
– ¿Con apio y una pizquita de sal ?
– Eso es el bloody mary, jefe, powerpoint es un programa para las presentaciones.
– Jefe Peláez, Peláez jefe. Hala, ya estamos presentados, sin programa ni leches. Venga, suelte lo que tenga que decir.
– Tenemos que preparar temas para el verano.
– Ummm… interesante propuesta. Creo que será rompedora.
– Lo hacemos todos los años, jefe.
– Pues pongamos la mierda de siempre, como Kiss FM.
– Nos debemos a nuestros lectores, jefe.
– ¿También a ellos? Que se pongan a la cola de acreedores, que ya da la vuelta a la manzana. Hala, me voy al parque. Fin de la reunión.

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