Miércoles, 30 mayo 2012
Ciudades

La Atenas de la crisis

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Óscar Delgado

Es difícil detectar la situación que dictan los números oficiales cuando llegas a la capital griega con el ánimo de cotejar su verosimilitud a pie de calle. Aterrizar en la cuna de la civilización significa conectar con un pesimismo revestido de aparente normalidad, aunque el abandono comienza a sustituir los carteles de alquileres o ventas de locales, el consumo se percibe gracias a un turismo siempre voraz y la vida real se esconde detrás de reclamos y souvenirs. Esta semana 360 Grados Press ha estado en Atenas.

[Img #15386]Olympiakos y Panathinaikos juegan el tercer partido de la serie final de la liga griega de baloncesto. Es una buena excusa para entablar conversación con el turista y para declinar el aire del pesimismo hacia el siempre agradecido oxígeno del deporte. Son los dos rivales por antonomasia y despiertan airadas discusiones entre los partidarios del rojo o del verde, de los colores que definen a ambas formaciones. En un restaurante de la zona turística ubicado a las faldas de la Acrópolis apuestan por Olympiakos con la misma virulencia que en un bar de barrio, en uno de esos locales alejados del mundanal ruido turístico y de las guías, lo hacen por el Panathinaikos.

 

[Img #15390]Ambas caras, la turística y la cotidiana, marcan el ritmo del acontecer ateniense, aunque desde dentro se ven las cosas menos acuciantes que desde fuera. Hay crisis, claro, pero se percibe alegría en la calle; y protestas e ingeniosas iniciativas como la de un gigantesco bar-cooperativa que ocupa una finca completa de la calle Kolokotronis, en el barrio de Monastiraki, una suerte de centro cultural donde visualizar documentales, asistir a representaciones teatrales, practicar reuniones, exponer, leer, comprar libros, comer… como alternativa constructiva en la que se respiran ganas de hacer cosas y en la que gente de perfiles dispares comparte inquietudes bajo un techo de escayolas con forma de pollos que miran, hieráticos, hacia la suerte que les depara el futuro.

 

Otra etapa alejada de las guías turísticas abarca la de las protestas, expresión más evidente de que en Atenas también existe la crisis económica más grave sufrida desde mediados del siglo XX. A la plaza de Sintagma llegan los hosteleros de la zona de Attica para reivindicar en griego, pero con traducción al inglés para los turistas, una mejora en la calidad de los trabajadores, que según reza la hoja volante que llega a nuestras manos han sufrido recortes salariales de [swf object]hasta el 40 por ciento. Ellos también reclaman más respeto a los medios de comunicación ante lo que consideran una afrenta de trato hacia un perfil de trabajador que sostiene el sector turístico, el único que podría llegar a proyectar una buena cara al exterior.

 

Es desde Sintagma desde donde cogemos un tranvía que nos cuesta 1,20 euros y que en 40 minutos nos conduce a una de las playas más populares de Atenas: Glyfada. De las muchas terrazas que se abren espacio en la arena detectamos que hay más turistas en las tumbonas que griegos y encontramos poco problema en coger una de ellas para tomar una lata de medio litro de la cerveza local, Mythos, a un precio de 2,70 euros. El ocio de la gente local pasa por jugar a las palas bajo una modalidad que exige muchos reflejos entre los rivales; mientras uno ataca con golpes virulentos, otro se afana en devolverlos hasta que la carencia le conduce a cambiar las tornas y atacar. Una estrategia que, llevada a la realidad, podría significar la solución a medio plazo para la delicada situación política y económica por la que atraviesa el país. Una crisis que, en lo social, ya ha pasado al ataque pero sin la contundencia que refleja el juego de las palas.

 

[Img #15392]De regreso al centro, en el atardecer ateniense y desde el tranvía, percibimos locales y más locales cerrados, la mayoría en estado de abandono. Cuarenta minutos que nos devuelven a la realidad, a la de la insostenibilidad de mantener, también en Grecia, negocios tradicionales a pie de calle. Pero en un estatus más grave que el que se puede presenciar hoy día en España: el cartel de se alquila se ha cambiado por el del abandono y el olvido.

 

Frente al parlamento, dos perros olvidados entre el ajetreo del tráfico, del clamor turístico y de los viandantes que pasean con la mirada perdida, parecen asumir que toca resignarse, o no. El prisma desde cada cual mira es el que Atenas proyecta. Las dos caras de una misma moneda, la del euro, aún.

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