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Adrián Cordellat
Miércoles, 16 mayo 2012
Análisis

El periodismo y la decadencia

Una sociedad democrática corre peligro cuando el periodismo y la educación entran en decadencia. Los recortes presupuestarios, unidos al cada vez mayor menosprecio a la figura del profesor, han dejado a la educación española en una situación crítica, desconocida hasta la fecha en un sector que, pese a las crisis cíclicas y los continuos y políticos cambios en el sistema, nunca había sufrido tanto ante un futuro que pinta a azul oscuro casi negro.

[Img #15270]Diferentes son los antecedentes del periodismo y los periodistas. Una profesión siempre en el alambre, fiel heredera del espíritu agonista de los corredores de marcha. Sufridora en potencia. Siempre sumida en una crisis, a veces económica, a veces de identidad, de la que parece imposible que salga nunca. Como si la crisis fuese su forma de vida y la decadencia su rasgo más distintivo.


No sufre el periodista español, pese a que no dejan de existir amenazas, la persecución a la que son sometidos compañeros de profesión en países de Centroamérica y América Latina. Últimamente parece que no hay día en que la profesión no sea noticia por el asesinato a sangre fría de un periodista en Bolivia, Méjico, Honduras… El derecho a informar y a ser informados no está bien visto por algunos.


La crisis del periodismo español va por otros derroteros. Libres, por el momento, de víctimas que nos hagan derramar lágrimas y ríos de tinta, la profesión se desangra a sí misma víctima del conformismo de unos y el afán de protagonismo y enriquecimiento de otros. No hay que mirar muy lejos para buscar respuestas y responsables. Esta vez basta con mirarnos el ombligo.


Los principales medios de comunicación españoles sufren una crisis galopante por su poca pericia al adaptarse a la nueva realidad global. Siempre vieron a internet como a un enemigo y cuando han querido reaccionar lo han hecho mal y tarde. Sólo así se explica que en otros países de Europa y en Estados Unidos la crisis que afecta al periodismo español no sea compartida. Allí, los principales diarios en papel supieron ver desde el principio las ventajas de la red y, en contra del inmovilismo español, pronto ofrecieron contenidos diferentes y de calidad a los lectores. En España triunfó el copia y pega y el volcado de contenidos del papel a la red. No quisieron ver que el entorno y el contexto eran distintos. Que lo que sirve para la edición impresa no necesariamente tiene que valer para la versión online.


La poca pericia de los dirigentes y supuestas cabezas pensantes ha provocado un efecto dominó sobre el resto del escalafón periodístico, que ha visto como el mundo perdía respeto por la profesión a la vez que ellos (nosotros) eran (éramos) incapaces de dar un vuelco a la situación. La figura del periodista que persigue al famoso pronto se convirtió en la referencia para la sociedad. Desde hace unos años, si dices que eres periodista siempre hay alguien que pone la coletilla: “De esos que van detrás de los famosos”. Nosotros lo permitimos.


Los políticos, conscientes de que la crisis del periodismo es casi más grande que la suya propia, pronto perdieron el respeto a la profesión. De ahí las ruedas de prensa sin preguntas o los dirigentes políticos que escapan de los periodistas por la puerta de atrás. Algo impensable unos años vista. Nosotros lo permitimos.


Mientras tanto, esta decadencia y desacreditación del periodismo, afecta sobremanera al mercado de trabajo. Ofertas de empleo con exigencias estratosféricas a cambio de sueldos miserables empezaron a florecer por doquier. Como si cualquiera pudiese ejercer de periodista. Como si estar todo el día detrás de la noticia fuese gratis. Y el problema es que también nosotros lo permitimos.


Lo bueno de todo ello, al menos, es que de nosotros depende también la solución. La rehabilitación de la profesión y la dignificación de la misma están en nuestras manos. También la restauración del periodismo como ese poder imprescindible para la existencia de una verdadera sociedad democrática. La apertura sin tapujos a las nuevas formas de comunicación y el rechazo a determinadas prácticas que han asolado el sector en los últimos años son los primeros pasos en el camino.


 

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