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Javier Montes
Miércoles, 16 mayo 2012
Videoteca

Bienvenido a Farewell-Gutmann

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Siete actores. Toda la película rodada en interiores. Bastan cinco o seis escenarios: un garaje, cuatro despachos, el pasillo de un edificio de oficinas y un baño. Es simple, facilona y, a ratos, muy poco creíble.

[Img #15269]Bienvenido a Farewell-Gutmann (2008), el segundo largometraje dirigido por Xavi Puebla, narra la pelea de los tres responsables del departamento de recursos humanos de una empresa farmacéutica por hacerse con la dirección general de la misma tras el fallecimiento de su responsable. Ellos son Lázaro (Adolfo Fernández), Adela (Ana Fernández) y Fernando (Lluís Soler), los dos primeros amantes, el tercero, un ex alcohólico que llegó a perder su trabajo y a su mujer, un trauma que aún tiene presente.

La llegada de un excéntrico ejecutivo (Héctor Colomé) procedente de la central para elegir al nuevo director general de la farmacéutica rompe la relación que hay entre los tres candidatos. La cinta va desgranando ese proceso de selección al mismo tiempo que los tres candidatos hacen entrevistas a otros tres aspirantes que quieren entrar a formar parte de la plantilla de la compañía. Si ellos son despiadados en esos encuentros no lo es menos el directivo que decidirá quién ocupa la planta noble de la empresa. Es una doble trama sustentada en escalas y poder que en ocasiones hace dudar si hay algún enlace entre ambas.

Los aspirantes a entrar en la farmacéutica representan tres típicos perfiles: la extranjera que encandila al entrevistador que busca un favor sexual a cambio de su ingreso, el pitagorín enfermo que sabe más que un diccionario y el desesperado desempleado que busca el enchufe de un familiar. Ya se sabe, acoso laboral, infidelidades, traumas del pasado, secretos, engaños… La trama es un tanto inverosímil y las historias aún más. La película va perdiendo ritmo a medida que pasan los minutos y llega a resultar cansina y aburrida. Todo parece teatro. No hay ritmo. Se queda muy lejos de ‘El Método’, otra cinta que versa sobre la misma temática.

Sólo la incógnita del desenlace final atrapa al espectador que cuando empiezan las letras de crédito, por lo general, piensa: ¿por qué no habré visto la película que ponían en La2?


@JavierMontesCas

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