Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Lorena Padilla
Miércoles, 11 abril 2012
Ciudades

Érase una vez... Praga

Como sumergida en un halo de cuento medieval, la capital de la República Checa es capaz de atrapar al visitante desde el momento en el que levanta la vista y observa la belleza de sus monumentos, cargados de historias. 360gradospress hace las maletas hasta Praga para descubrirlas y compartirlas.

[Img #15052]

En 1490, un relojero llamado Hanus se propuso crear el reloj más preciso, bello y espectacular del mundo. Cuando lo terminó, los ciudadanos que lo contemplaron dieron el reto por más que superado y se regocijaron porque ninguna otra ciudad, más que la suya, podía presumir de una máquina para registrar el tiempo tan sumamente hermosa...casi divina. Una noche, tres encapuchados entraron en casa del relojero y, sin piedad, quemaron los ojos del hombre con una barra de hierro caliente. Tanto gustó el reloj a los poderosos que encargaron su fabricación, que temieron que Hanus pudiera volver manos a la obra y construir otro que le hiciera sombra.

 

Esta es una de las leyendas más conocidas de Praga, la capital de la República Checa, situada en el mismo corazón de Europa, desde donde emerge cada vez con más fuerza para pisar con contundencia en el viejo continente. Hay quien pueda dudar de la ceguera de Hanus, pero es imposible dejar de admirar el majestuoso reloj situado en la plaza de Stare Mesto, la parte más antigua de la ciudad. A cualquier hora se encuentran turistas fotografiando cada rincón de esa plaza, en un difícil intento de captar en una sola imagen tanta belleza acumulada en iglesias, como la de Nuestra Señora del Tyn o el templo Husita; estatuas, como la de Jan Hus, que incluso originó una religión; y pavimentos empedrados por los que paseó Mozart hace más de 200 años. Fue en Praga donde compuso y estrenó ‘Don Giovanni’. El público, según la crítica de la época, enloqueció de puro placer.

 

[Img #15059]Sin ninguna duda, los pies del viajero tienen parada obligatoria en el Puente de Carlos, donde artistas callejeros se confunden entre las figuras levantadas en piedra que adornan el paseo sobre las aguas del río Moldava. Hay una cada diez metros y detrás de cada estatua, una leyenda... o una cámara de fotos. Porque este puente está lleno de vida, de día y de noche. Sus dos extremos acercan Stare Mesto y Mala Strana, un barrio checo que esconde entre recodos pequeños detalles, como una calle tan exageradamente estrecha que incluso está dotada de un semáforo para peatones. Si está descubriendo esta parte de la ciudad, probablemente dará con una enorme pared, convertida en mural, que brilla tanto por sus colores como por los mensajes de paz que pueden leerse en él. Es el muro de John Lennon. El día que lo asesinaron, los checos, empujados por un arrebato espontáneo, homenajearon al artista escribiendo sus canciones y citas en su honor. Ahora, es un auténtico lienzo donde son pocos quienes se resisten a dejar un mensaje esperanzador que tiende la mano a un mundo mejor.

 

Mala Strana está situado bajo una montaña, coronada por el Castillo de Praga. Un monumento tan inmenso y hermoso que impresiona desde la distancia y que enamora una vez que el viajero se sitúa a sus pies. Los checos presumen de que se trata del castillo más grande del mundo. Lo sea o no, esta construcción gótica tiene una enorme capacidad de atracción a quien la admira, porque sólo mirarla, es imposible. Los edificios ministeriales y el Congreso de los Diputados están en los mismos alrededores, como el Palacio Real, donde se realiza el cambio de guardia a cada hora. No puede irse del Castillo sin contemplar la Basílica y el Convento de San Jorge ni, por supuesto, la Catedral de San Vito. El reto no sólo está en resistirse a pasar las yemas de los dedos por la pared del templo con miles de relieves esculturales; también lo está en intentar tomar una foto de toda ella en su conjunto, dada su altura y ubicación.

 

[Img #15051]Todo un entramado de callejuelas conectan los edificios. De entre ellas, no deje de pasear por el Callejón del Oro, famoso por sus coloridas casitas donde vivió, entre otros, el escritor Franz Kafka. Conviene visitar esa calle a partir de las seis de la tarde, por la sencilla razón de que a partir de esa hora, la entrada es libre. El autor de ‘La metamorfosis’ es parte del orgullo de los ciudadanos checos, que le han dedicado una estatua en el mismo barrio judío. Las Sinagogas Española y Vieja-Nueva impresionan... pero desde luego no tanto como estremece el Cementerio Judío. Un sinfín de lápidas se amontonan en escasos metros cuadrados de tierra, que custodian en sus entrañas los cadáveres de unas 200.000 personas, según los últimos cálculos. Mientras los guías explican que en esa parcela hay doce niveles de enterramientos no es fácil dejar de imaginar cuántas y cuántas almas se esconden entre la arena, que se levanta seis metros por encima del suelo original. El gueto de Praga sufrió la persecución [Img #15054]nazi y, por ello, impacta especialmente que la tienda de la firma Hugo Boss, la misma que confeccionó los uniformes de Hitler, esté situada en el corazón de este barrio judío. Y rebasa la paradoja y la anécdota para convertirse tal vez en sabiduría, la actual utilidad del edificio Rudolfinum, que fue sede de las SS y que ahora es una caja de música, donde ofrecen cnciertos y deleitan con danza y ballet.

 

La capital checa también estuvo bajo la influencia comunista y protagonizó la Revolución de Terciopelo y la Primavera de Praga. Allí el comunismo forma parte del pasado... tanto, que el museo dedicado a esta doctrina está situado, ni más ni menos, que entre un McDonalds y un casino. No muy lejos de allí se extiende la Plaza de Wenceslao, en Nove Mesto, donde la línea del horizonte la recorta la enorme fachada del Museo Nacional.

 

Después de este largo recorrido, no está de más echar algo al estómago. En esta ciudad es posible comer estupendamente por 248 coronas checas que, al cambio, son unos diez [Img #15050]euros. Y para refrescar la garganta, nada mejor que probar una de sus cervezas, como la Pilsner Urquell, Budweiser, Staropramen o Kozel.

 

Toda la ciudad está perfectamente conectada por transporte público, especialmente, por el tranvía que rueda sin descanso las 24 horas del día y que cumple con rigurosidad su horario. Utilizarlo es una opción inteligente, pero el viajero no puede desaprovechar la ocasión de dar un paseo romántico por las fascinantes calles de Praga, donde es fácil enamorarse y dejarse llevar por el aire de cuento de hadas que desprende esta ciudad, bañada por el Moldava y vigilada por las miradas de cientos de miles de curiosos que suben hasta el mirador de los jardines de Petrin. La visión panorámica que regala de Praga se disfruta y se goza, pero siempre quedará coja al intentar reducirla a palabras.

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas para comentarios
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Sergio
Fecha: Jueves, 12 abril 2012 a las 02:41
¡¡Me encanta como está escrito este reportaje!! Con todos esos detalles que se cuentan me parece estar sumergido en una auténtica ciudad-museo. Recomiendo a todo el mundo visitar Praga y la República Checa, no deja indiferente a nadie y siempre para bien. Excelente destino para desconectar de las estresantes grandes ciudades.

360 Grados Press • Términos de uso y aviso legalPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress