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Lorena Padilla
Miércoles, 21 marzo 2012
Reportaje

Billete a la oportunidad

La situación económica en España ha desencadenado una crisis laboral. Jóvenes españoles con elevada cualificación se despiden de su tierra en busca de oportunidades que no tienen en su país. Esta es la historia de algunos de ellos que las encontraron.

[Img #14893]Hubo una época, cincuenta años atrás, en la que los españoles hacían el hatillo con dos jerséis y un pantalón e invertían sus ahorros en un billete de tren que traqueteaba durante largas horas hasta que se detenía en estaciones francesas y alemanas en su mayoría. No hablaban el idioma en destino y ofrecían sus manos y su empeño en trabajar como la mejor carta de presentación. Éramos emigrantes. Ahora, también.


Pero el perfil de aquellos que se lían la manta a la cabeza para encontrar un futuro mejor es bien distinto. Jóvenes con estudios universitarios, que dominan varios idiomas, con experiencia laboral en su sector y con un sentimiento de frustración inmenso que les empuja a hacer la maleta, cargada de sueños.


La tasa de paro juvenil en España llegó al 46’4 por ciento en 2011, una cifra que supera en casi cinco puntos porcentuales la del año anterior. Estos datos, que llegan de Eurostat, sitúan a España a la cabeza en la clasificación de países europeos con el paro más elevado entre los jóvenes.


Según los datos oficiales, desde que empezó la crisis en 2008, un total de 300.000 españoles se han ido al extranjero en busca de oportunidades. El exilio laboral, sobre todo hacia países europeos, es ya una realidad de la que otros países han sacado tajada, en detrimento de España, que observa desde la desolación cómo toda una generación preparada protagoniza lo que ha pasado a llamarse una ‘fuga de cerebros’.


Alemania es uno de los territorios que ha sabido seducir a buena parte de la ola de exiliados españoles. La propia canciller Angela Merkel expresó su deseo de contratar a jóvenes desempleados pero preparados de este país.


[Img #14891]Desde octubre del año pasado, Jesús Javier Vera, licenciado en Periodismo y cualificado con un máster como profesor de Educación Secundaria y Bachillerato, se levanta cada mañana en Fulda, Alemania. Tiene 26 años y está contratado como profesor de español para extranjeros, después de que también se preparara para ello en España. En su país trabajó en medios de comunicación; empleos que compaginaba con otro en un comercio de deportes. “Las condiciones que me ofrecían en las entrevistas que realicé en Valencia, Barcelona y Madrid eran muy precarias”, lamenta. “Ni con mi carrera, ni mi máster, ni mi alto nivel de inglés, lograba encontrar empleo”. Estuvo en paro durante ocho meses. “Estaba muy desmotivado porque no había trabajo ni en los comercios”. Abrió entonces sus miras. Envió currículos fuera de España y recibió una llamada. Ahora es el responsable de que los niños alemanes de un colegio aprendan español. “Aquí me siento realmente útil. Tengo un trabajo en el que por primera vez en mi vida valoran lo que hago... muy distinto a lo que conocía”, admite.

 

[Img #14890]La vida de Alberto Gutiérrez también cambió recientemente, hace apenas un mes. Tiene 24 años y se licenció en Administración y Dirección de Empresas. Una entidad bancaria y una compañía de exportación e importación se fijaron en su potencial, que ‘compensaban’ con 350 y 150 euros mensuales, respectivamente. “Al principio aceptas que no te paguen mucho porque adquieres experiencia y crees que si te esfuerzas al máximo, te contratarán. Pero nada de eso, después de ti vienen más becarios”, sostiene. Hizo las maletas rumbo a Londres. Esta ciudad cosmopolita ha sido uno de los destinos que más ha notado la huída de capital humano español. Según el periódico The London Daily News, sólo en enero, más de 340 españoles se mudaron a la capital inglesa.

 

Alberto lo había hecho seis meses antes y entró como becario del programa Leonardo en una multinacional de información financiera, ubicada en Canary Wharf, una de las zonas de Londres más punteras en el sector. “Cuando llegué, lo vi como una oportunidad de oro y me dediqué al cien por cien a esforzarme en mi trabajo”, explica  a través del hilo telefónico. “Mi sorpresa fue cuando al acabar la beca me reuní en el despacho de mi jefe. Pensé que como mucho me ofrecerían un contrato de seis meses. No sólo he firmado de manera permanente, también el puesto está bien remunerado”, cuenta. Alberto es, oficialmente, evaluador de bonos de renta fija corporativa para Europa, Asia y Oriente Medio. Lo tiene claro: “Londres me ha dado la oportunidad que no me ha dado mi país”.


 “Trabajaba por amor al arte”

[Img #14889]También hasta Inglaterra, aunque a la ciudad de Brighton, voló Irene Palop, de 25 años. Está licenciada en Psicología y durante dos años puso sus conocimientos profesionales a disposición de una asociación de ayuda a drogodependientes y personas excluidas. En 2011 se volcó de lleno como psicóloga en el centro penitenciario de Picassent (Valencia), donde trabajó con agresores sexuales. Fue terapeuta, además, en dos programas sobre Violencia de Género. En todos estos empleos Irene se sintió realizada, según cuenta desde Inglaterra, pero no recibió remuneración en ninguno de ellos. “Trabajaba por amor al arte”, admite. En Brighton está en un centro escolar donde cobra a cambio de su esfuerzo, lo que “me ha aportado una independencia que a día de hoy no puedo tener en España”. Irene reconoce que si hubiera tenido estabilidad laboral en su país, no habría dado el paso, “pero detrás de los momentos malos, como los que vive España, pueden surgir nuevas oportunidades y, simplemente, he decidido aprovecharla”.


El estado español ha invertido en estudiantes que ahora son profesionales y que rinden fuera de sus fronteras. Los países emergentes de Europa del este, como la República Checa o Polonia, no están ajenos a la situación y tienden la mano a perfiles cualificados que ayuden a culminar el desarrollo industrial. Sergio Martín tiene 25 años y vive en Praga, de donde de momento no piensa moverse. Acaba de firmar un contrato como ingeniero en una empresa especializada en el control de optimización de procesos automáticos. “Las condiciones se resumen en un contrato fiable y seguro con el que puedes vivir económicamente”, asevera. “No conozco a nadie de mi promoción, de hace casi tres años, que haya ascendido en España. El 90 por ciento de los que trabajan cruza los dedos para mantener el puesto. Y eso que, en su mayoría, no están valorados y están sobrecualificados para el trabajo que desempeñan”, mantiene con rotundidad.


Tanto a este ingeniero como al resto de profesionales que comparten su historia les gustaría volver a España, pero también admiten que mientras la situación sea la misma, desde luego que no.

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