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Óscar Delgado
Miércoles, 14 marzo 2012
Reseña

Doce vías para expresar la tradición y el folclore

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[Img #14857]La causalidad que lleva a alguien a asistir a un concierto puede venir precedida del machaqueo redundante de una radio fórmula devoradora que convierte en éxito todo lo que reproduce más de seis veces al día; del convencimiento colectivo de que ése es un gran grupo y porque como las críticas apuntan a que lo es “he de ir para comprobar si es cierto” (sic.); de una herencia de la adolescencia trasladada a la madurez y, de ahí, al disfrute evocador de grandes momentos de una etapa de la vida sin canas; o de la que se lleva en pleno siglo XX1 (2.1), la que procede de la globalidad de redes sociales musicales en las que compartir gustos melómanos es un hábito y descubrir talentos plurilingües, un ejercicio sano.

 

La vía por la que este semanario asistió al concierto que ofreció Manel el pasado 10 de marzo en el Palacio de Congresos de Valencia fue, precisamente, la correspondiente al último de los factores causales apuntados y la de conocer cómo suenan en directo unos ‘pequeños diablos’ que cantan en catalán como la seda, que tienen un deje tradicional de la era del folclore popular masivo y que gusta en Cataluña, en Madrid, en la capital del Turia o en cualquier ciudad en las que ya se han acostumbrado a colgar el cartel de no hay entradas cuando actúan.

 

Y no es de extrañar. Porque Manel proponen una apuesta musical sin complejos, tan tímida en el planteamiento de los cara a cara con el público como atrevida en los canales empleados para conectar con dicho auditorio sosegado, despierto, atento, dispar y entregado en clave de complicidad con el cuarteto catalán. Aunque, para ser verosímiles con la propuesta que ofrecen en directo, habría que apuntar a doce apóstoles (4+8) de la música que, con más o menos protagonismo, desfilan notas de buen rollo, de sencilla ironía, de familiaridad cotidiana, de sonrisas disfrazadas de diálogos encubiertos de lo que más gusta a la gente que escucha música: la evasión sin ambages.

 

Porque presenciar un concierto de Manel (4) es sinónimo de multiplicar la destreza musical a la hora de percibir el sonido de instrumentos que abarcan desde el violín, la viola, la tuba o el trombón… los empleados por la notable compañía musical (8) que les socorre para acompasar los temas de cabecera de la limitada (tienen todo el tiempo por delante) pero populista producción  de los catalanes, muy bien acompasados por ese elenco de músicos tan campechanos como la escena, como ellos, como su público, como la naturalidad de ver en directo una actuación en directo ‘de siempre’ ataviada con estética ‘de ahora’.

 

Si quieres conocer más de Manel, 360 Grados Press les entrevistó hace unos números…

 

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