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Laura Bellver
Miércoles, 7 marzo 2012
Investigación

Desmontando a Leonardo Da Vinci

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El talento de este erudito artista italiano es incuestionable. Tanto, que la humanidad tiende a tratarle como alguien inalcanzable. Con el objetivo de romper con esta idealización, la investigadora y escritora Dolores García se ha decidido a descubrir su faceta más humana. 360 Grados Press ha tenido la oportunidad de comprobar cómo esta aproximación prueba el verdadero mérito de Leonardo.

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Dolores está a punto de enviar un paquete a Israel. Éste contiene un libro, El secreto de Monna Lisa, su primera novela. Puede que para muchos no se esté remitiendo más que una historia como tantas otras. Sin embargo, esta obra contiene una auténtica confidencia: cómo fue el hombre que hay detrás del genio y qué oculta su obra más emblemática. Así, es muy probable que la lectora de Oriente Próximo que va a recibirla sienta el mismo ‘flechazo’ que la autora experimentó en su momento: “Yo de Leonardo sabía lo que sabíamos todos, pero después de tener a mi segundo hijo llegó a mis manos un libro con varias biografías. Una de ellas, la suya. Cuando la leí me intrigó porque no me cuadraba. Me sorprendió comprobar que no había sido feliz y quise averiguar porqué”. Ahora, tras muchos años de trabajo, Dolores concluye convencida: “A Leonardo te acercas por su inteligencia, por su mente, pero te acaba conquistando por su corazón”.

 

Reconocerlo resulta fácil, pero esta afirmación esconde una ardua labor de documentación. Porque, en colaboración de paleólogos, Dolores ha llegado a conocer al Leonardo de carne y hueso a través de sus escritos. “Al morir dejó desordenados más de 13.000 manuscritos. En la misma hoja se mezclaban temas. Él calculaba que de todo lo que tenía ahí se podían redactar 120 tratados. Francesco Melzi fue el encargado de reunir todas estas piezas sueltas tras la muerte de Leonardo. Unificó temas y, a pesar de dedicar toda su vida a ello, solo consiguió cuatro”, explica. Uno de ellos, el Tratado de la pintura, ha sido fundamental en la investigación de esta escritora. “Nunca se había leído como que Leonardo estaba enseñando a los futuros pintores, sino que se había tenido como un objeto digno de admiración”, matiza Dolores.

 

Ella, quien se ha inmiscuido entre todos estos documentos tratándolos como enseñanzas, ha llegado a concluir que el retrato de La Monna Lisa es tan especial porque el propio Leonardo así lo concibió. “¿Por qué no entregó el cuadro a quien se lo encargó? ¿Por qué no cobró nada por él? ¿Por qué no se desprendió nunca de éste hasta después de muerto? ¿Por qué se decidió a pintarlo en el momento más inoportuno?”, se pregunta. La respuesta puede probarse en primera persona, ya que Dolores sostiene que esta obra se trata de una imagen tridimensional, siendo un compendio de los conocimientos de óptica de Leonardo. Y parece que el hallazgo está calando entre el público. “Hace poco estuve en la exposición ‘Da Vinci, el genio’, que está en el Canal Isabel II en Madrid. Hay una reproducción muy buena de La Gioconda. Acababa de dar una conferencia sobre el tema y las personas que me acompañaban quisieron experimentarlo. Calculamos 1,82 metros, se taparon el ojo derecho y esperaron poco más de un minuto. Realmente les impactó”, relata.

 

Pero perfilar a Leonardo Da Vinci va mucho más allá de esto. No solo sus escritos, sino también sus obras hablan de él. “Hay un cuadro emblemático: el de la Virgen, el niño Jesús y Santa Ana. Tiene un candor que te deja extasiada”, confiesa Dolores. El puzzle lo completan los relatos de los biógrafos e, incluso, el libro que Zygmunt Freud escribió psicoanalizando los sueños que el artista dejó por escrito. Con todo, el lado más humano de Leonardo se descubre poco a poco: “Era un hombre de una extraordinaria sensibilidad. Sin embargo, esta sensibilidad la tuvo que compaginar con la crueldad que le rodeaba, pues era un momento en que la guerra formaba parte de la vida. Él tuvo que estar sirviendo a grandes señores de la guerra para poder comer y desarrollar su faceta artística. Esa contradicción entre cómo sentía las cosas y cómo es obligado a vivir le supuso un auténtico drama. Así, en cierto modo, yo creo que todos nos podemos ver reflejados en Leonardo, pues vivió esa lucha diaria y agotadora de intentar ser nosotros mismos a pesar de todas las circunstancias que tenemos en contra”, apunta la autora.

 

Aunque la figura de Leonardo Da Vinci está siempre presente en el desarrollo de la historia, recientemente ha cobrado especial importancia con motivo del descubrimiento de una copia de su famosa Gioconda en el Museo del Prado de Madrid, la cual se ha probado que fue realizada en el mismo taller y de manera simultánea a la original. De nuevo, el carácter instructivo del genio hace acto de presencia. Dolores sostiene una hipótesis en cuanto a su autoría: “Francesco Melzi no pudo ser porque Leonardo aún no le conocía. Al cotejar el estilo, yo lo encuentro muy cercano al de Andrea Salai. Aunque, sin duda, la mano del maestro está ahí. Además, Salai era su ojo derecho, es decir, Leonardo quería que fuera su heredero en todos los sentidos. Al permitir hacerlo al mismo tiempo, Leonardo posiblemente trataba de transmitir que ese cuadro era especial para él, pues iba a hacer lo que nunca antes había hecho con otro. Por eso quiso que el alumno que más apreciaba le siguiera paso por paso. Pero hay un motivo más: un año después de morir Salai se hizo un inventario de sus bienes por sus deudas. Entre ellos hay una tal ‘Gioncon’ con una letra ‘C’ de copia al lado. Por tanto, es muy probable que estemos hablando de ese cuadro. Luego, por avatares del destino, habrá pasado de mano e mano hasta llegar a España”.

 

Sea como sea, lo que sí queda probado es que saber de las debilidades de Leonardo hace más admirables – si cabe – sus logros. De curiosidad insaciable y anhelo infinito por demostrar su valía. Un hombre inseguro como los demás, marcado desde su nacimiento por ser hijo bastardo; condición que le impidió acceder a la educación que tanto deseaba y que le costó que muchos le insultasen como ‘iletrado’. Y a pesar de todo ello, un genio. “Siempre estaré abierta a saber más de Leonardo, porque es inagotable”, confiesa Dolores. Gracias al trabajo de esta escritora, ahora pueden dan buena cuenta de ello en todo el mundo.

 

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