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Lorena Padilla
Miércoles, 29 febrero 2012
Tradiciones

Cuestión de tipos

La redacción de 360gradospress visita el taller de Lola Espinosa, una periodista reconvertida a impresora que utiliza técnicas antiguas para trabajar en diseños modernos.

[Img #14754]Mientras la tecnología moderna avanza como un coche sin frenos cuesta abajo en un día de viento huracanado, mientras las pantallas inundan nuestras vidas como si se reprodujeran a la misma velocidad que teclea una secretaria experimentada y mientras las impresoras caseras ya no son desconocidas para prácticamente nadie, en una calle peatonal del municipio valenciano de Burjassot, tras una fachada roja, pero discreta, trabaja Minerva; una máquina tipográfica que nació en el siglo XIX.

 

[Img #14759]Es el taller de Lola Espinosa, quien imprime con técnicas antiguas. Estudió periodismo, pero pronto se dio cuenta de que cuando llegaba un periódico a sus manos, lo primero que le llamaba la atención era la apariencia de las páginas, antes que el contenido. “Lo que me atraía era la parte estética; ver negro sobre blanco en la maqueta”, cuenta. De manera que tras pasar por una editorial, visitó durante cinco años a un impresor para cultivarse en el oficio. “Esto se tiene que aprender y cuesta. No puedes ser autodidacta; te tienen que enseñar”, mantiene. Por ello, se llevaba a casa los libros con los que estudió su maestro en los años sesenta, pero que fueron escritos en la década de los años treinta. “En estos libros está la teoría del diseño tipográfico que todavía pervive, pues fue en 1930-1940 cuando se establecieron los principios de la tipología moderna”, insiste Lola.

 

“Un acabado más palpable”

[Img #14757]Minerva está basada en el sistema que inventó Gutenberg  en el siglo XV y pertenece a la era mecánica de la impresión; lo que significa que está por detrás de dos grandes escalones que salvó la era electrónica, como es la impresión Offset y la digital. Entonces, ¿por qué seguir utilizando los métodos de antaño? “El acabado es mucho más palpable, más táctil”, explica Lola mientras pasa las yemas de los dedos sobre el relieve de uno de sus trabajos. Esta máquina trabaja a presión y el papel está en contacto directo con los tipos, es decir, con piezas de metal que tienen las letras en relieve.

 

El taller está lleno de ese alfabeto de plomo, estaño y antimonio. Hay tipos de diferentes cuerpos y distintos estilos de letra. Todos ellos están perfectamente ordenados en celdillas dentro de las grandes y pesadas cajas de los chibaletes. Estos muebles son como el esqueleto de madera y metal de la esencia de los ordenadores. Pero en lugar de teclado, hay tipos; en vez de teclear las palabras, se componen. Letra a letra. Una a una. Aquí las barras de plomo se convierten en interlineados más o menos espaciosos a razón de su tamaño. “Tengo lo mismo que un ordenador, pero táctil”, asegura Lola, quien también tiene alguna plancha de aluminio. No obstante, ella prefiere entintar los tipos porque “es más ecológico, ya que se reutilizan una y otra vez”.

 

El riesgo del error

[Img #14760]Este oficio es, sobre todo, muy laborioso. Minerva necesita alimentación manual de papel y es ahora cuando dispone de un pequeño motor, que le ha quitado el puesto al pedal. Aquí no da igual equivocarse, porque rectificar el tamaño de la letra, por ejemplo, no es tan sencillo como seleccionar el texto en la pantalla y hacer un clic. “Hay que ser precisos y tener claras las ideas; ir a lo seguro”. No se debe perder de vista que el error supone empezar de cero…

 

Y donde, desde luego, hay que poner los cinco sentidos es cuando se manipula la guillotina; la máquina para cortar papel que, junto con otra de termo impresión, convive con Minerva. Esta guillotina, la del taller de Lola Espinosa, se construyó en 1971. “¡Es mayor que yo!”, exclama su dueña entre risas. 

 

“El hecho de que haya gente joven que adopte este oficio, aporta un valor añadido. Al impresor de toda la vida le falta entender el lenguaje moderno. Yo intento hacer diseños actuales con una técnica antigua”, piensa Lola, quien no está en absoluto alejada de la tecnología de hoy. Tanto es así, que sus clientes contactan con ella por Internet.

 

Dos mundos, el digital y el mecánico, que en este modesto taller valenciano no sólo se reconcilian, sino que se complementan para que haya personas, como Lola, que continúen componiendo textos de plomo; porque a ella, eso, no le pesa.

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2 Comentarios
José
Fecha: Miércoles, 25 diciembre 2013 a las 18:49
hola, soy un apasionado de la tipografia, y me gustaria hablar con tigo, gracias.
Bruno Ramos
Fecha: Miércoles, 7 marzo 2012 a las 23:07
Encantadoramente tierno y curioso ;)

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