Juanjo Inclán se define a sí mismo como un hombre inquieto. Y aquellos que tienen la oportunidad de conocerle no pueden más que corroborarlo. Tanto es así que a pesar de que la vida le ha dado un duro golpe, pues hace siete años que le diagnosticaron Parkinson, él ha decidido devolvérselo con dos raquetas en la mano. Así nace Spaks A2, un nuevo deporte que trata de hacerse hueco en sociedad.
“Ya está todo inventado”, suele decirse.
Sin embargo, hay un hombre que se ha superado a sí mismo derribando esta
recurrente frase. Al menos, en el ámbito deportivo. Se trata de Juanjo Inclán,
quien desde hace años trabaja en un proyecto que comenzó como una afición para
tener la cabeza ocupada en algo que no fuese el Parkinson y ahora pretende
exportar para ayudar a quienes tampoco pueden borrar de su mente esta
enfermedad. “Yo era un pequeño empresario
y lo tuve que abandonar todo cuando me la diagnosticaron. Supuso un trauma.
Especialmente el dejar de conducir, ya que me he dedicado siempre al mundo del
automóvil. Fue un golpe muy duro”, recuerda Juanjo.
Pero que no se confunda nadie: Spaks A2 no es una modalidad deportiva para un colectivo en concreto. En palabras de su creador: “Este deporte es para los que no tienen Parkinson. ¡Ojalá los que tenemos Parkinson pudiésemos jugar al Spaks! Nosotros podemos jugar con muchas limitaciones, porque es un deporte muy rápido, que se juega muy cerca a la pared y utiliza canchas de 4 ó 5 metros, aproximadamente. Justamente los que padecemos Parkinson una de las cosas que no tenemos es velocidad. Podemos pelotear, pero no competir”.
Así,
la idea de Juanjo no es tanto desarrollar una actividad para aquellas personas
que padecen su misma enfermedad, sino despertar el interés de la sociedad por
un deporte con el que generar beneficios para ayudar a los afectados. “Lamentablemente, mi enfermedad avanza, así
que lo único que pretendo es ver si hay alguien que se interese por este deporte
y decida darle continuidad para que sacar un dinero que destinar al Parkinson”,
explica. En concreto, el primer objetivo de Juanjo sería acondicionar las
instalaciones de la Asociación
Parkinson Valencia, donde espera que otras personas puedan encontrar el
mismo apoyo que él ha recibido.
Pero, por el momento, este enérgico pensionista sigue siendo el único encargado de sacar Spaks A2 adelante. Y no le está yendo nada mal. De hecho, ni él mismo imaginaba hasta dónde podría llegar esa idea que tuvo una tarde de hace seis años en el garaje de su casa. “Empecé a darle con una pelota a una pared en mi garaje y pensé ‘qué aburrido’. Hice unas marcas y empecé a jugar con unas raquetas de madera hechas por mí. Al final, acabé llamando a un abogado y redactando unas bases”, apunta.
Desde
entonces que Juanjo ha recorrido un largo trecho: no solo ha patentado ese
mismo par de raquetas que fabricó en su día, sino también el diseño de la
cancha. Asimismo, hace cuestión de semanas que las bases de Spaks fueron
registradas por la Generalitat Valenciana. Y desde hace medio año que el Club Deportivo
Campo Olivar de Godella acoge una pista profesional en la que poder
practicarlo. “Consulté a profesores de
educación física y uno de ellos me dijo que era un lástima que este deporte lo
tuviera encerrado en mi garaje. Eso es lo que me motivó a sacarlo fuera. Ahora
he tenido la suerte de ponerlo en una escuela de tenis, a ver si los niños se
animan a jugar”, comenta Juanjo.
Y mientras el deporte se consolida, su creador no para: actualmente, Juanjo trabaja en las pelotas empleadas en su práctica, pues se trata de unas de golf con 334 perforaciones hechas a mano, un trabajo que puede llegar a ocuparle hasta una hora por pieza. “Spaks A2 solo se parece al resto de deportes en la pelota, pues no la he podido hacer cuadrada ni ovalada, sino que es redonda como en la mayoría de los casos”, bromea. Desarrollar canchas silenciosas es otro de los planes que Juanjo tiene en mente, aunque éste se plantea un tanto futurista.
Sea como sea, la historia de Spaks A2 se escribe poco a poco en tiempo presente. Y Juanjo está empleando su mejor letra en ello, pues este deporte ha representado la mayor inyección de moral que ha recibido en su vida. Contagiarse de este entusiasmo y ayudar a los afectados de Parkinson pasa por, sencillamente, aprender a golpear con dos raquetas, una en cada mano.