El pasado 6 de febrero fallecía en Barcelona a los 88 años de edad Antoni Tapies. Con él desaparece una de las figuras más significativas del arte español del siglo XX. Un pintor, un escultor, un filósofo, un poeta.
Nacido en
1923, en el seno de una familia de la burguesía barcelonesa, Tapies manifestó
muy pronto su interés por el Arte. En 1948 fundó junto con Joan Brossa y otros destacados artistas catalanes la revista Dau al Set, muy relacionada con el
surrealismo y el dadaísmo. Su marcha a París en 1950 hizo que abandonase el
surrealismo para adentrarse en el informalismo del que llegó a ser uno de sus
máximos exponentes internacionales.
Mucho se ha hablado estos días de Tapies, pero nunca es suficiente. Hay que adentrarse en su obra, verla en el amplio concepto de ver, algo que casi nunca hacemos ante una obra artística, leerla, intentar comprenderla, interpretarla, volverla a contemplar para darnos cuenta de su carácter inabarcable. Si toda obra de arte necesita del espectador, la de Tapies aún más. No tienen sentido sin el constante diálogo que establecen con el espectador. Un sentido poético y metafórico, filosófico, constantemente renacido.
De formación
prácticamente autodidacta, Tapies supo pasar del realismo de sus primeros años
al surrealismo mágico con influencias de Joan
Miró y Paul Klee, y de aquí a la
abstracción geométrica y al informalismo para adentrarse en la pintura matérica.
Técnica y mensaje, continente y contenido. Pocas veces la interacción entre
ambas ha sido tan enriquecedora, tan fructífera. Para expresarse Tapies aplicaba
sobre lienzo una técnica mixta en la que
dentro de una gama cromática de gran austeridad –ocre, marrón, gris, negro- fundía
óleo y otros pigmentos con polvo de mármol triturado, consiguiendo así unas
texturas muy peculiares, únicas. Sobre esta mixtura aplicaba arpilleras que
horadaba, rasgaba, deshacía, incluso incorporaba otros materiales, algunos
procedentes del reciclaje. Por último añadía signos –letras, números, cruces,
figuras…-. Componía así unos sorprendentes poemas visuales que aunaban lo
matérico con lo icónico y lo cromático. Una nueva forma de expresión capaz que
vehicula el diálogo con el espectador. Será esta forma de expresión en la que
lo plástico, lo matérico, se convierte en poesía la que le caracterizará a
Tapies y por la que será mundialmente conocido.
Y de la formalidad al contenido. Tapies fue un hombre de una sólida formación intelectual con hondas convicciones políticas. Siempre manifestó una profunda preocupación por el ser humano y por la libertad. Desde la sencillez, desde la cotidianidad nunca desprovista de espiritualidad, Tapies supo hablar de la vida y de la muerte, de la soledad y la alegría, del paso del tiempo…. Transmitió un mensaje abierto y polisémico que jamás dejó indiferente a nadie. Como él manifestó más de una vez, una obra de arte debe dejar perplejo al espectador para hacerle meditar sobre el sentido de la vida. Quedemos con esta frase. Nunca se ha explicado tan bien el sentido de la obra artística.