El ajedrez es un juego, pero también un deporte. Se habla de que es necesario tener un germen innato para despuntar, o de estar equipado con buena memoria, aunque también ayudan grandes dosis de creatividad e imaginación. Accedemos al misterioso mundo de las aperturas, jugadas y secretos de la disciplina gracias a dos campeones de perfiles bien distintos: Julen Arizmendi e Irene Nicolás. Ambos nos ayudan a destruir falsos mitos en torno al ajedrez y a acercarnos a su otro mundo: el del tablero, la dama, los peones, los alfiles, las torres, los caballos y, por supuesto, el del rey. Jaque Mate.
Quien más, quien menos, habrá oído hablar del mate
pastor, esa jugada maestra que se aprende cuando de pequeños, en el colegio o
en la biblioteca, se tiene el primer contacto con el ajedrez; un juego para
muchos, disciplina deportiva para los que lo practican en ámbitos competitivos.
360gradospress cita esta semana a Julen Arizmendi y a Irene Nicolás, dos figuras del ajedrez en España, para conocer cómo es su relación cotidiana con los escaques. Julen tiene 35 años y es uno de los nombres de referencia de la disciplina en nuestro país, con una trayectoria a sus espaldas que abarca desde la consecución de un Campeonato de España por equipos en 2010, un empate en el primer puesto en el Open Internacional de Biel (Suiza) en 2002 o el reconocimiento como Gran Maestro desde 2004. Por su parte, Irene tiene 14 años y ha sido campeona de España sub’12 y sub’14. Según el ranking oficial de la Federación Internacional de Ajedrez, es la número uno de España en su categoría, la 6 de Europa y la 11 del mundo; por su parte, Julen aspira en 2012 a estar de nuevo entre los 5 mejores del ranking español, lo que le daría derecho a repetir en las Olimpiadas de Ajedrez después de su concurso en 2002, 2004 y 2006.
Dos perfiles que combinan la experiencia de Julen y
la fuerza devoradora de Irene, una joven que apunta tan alto como la voracidad
con la que observa durante la entrevista las figuras que descansan sobre el
tablero cedido por la Federación de Ajedrez de
la Comunidad Valenciana (FACV).
Empezar a jugar al ajedrez suele responder a casualidades. A Irene le enseñó a mover las piezas el mayor de sus hermanos y Julen empezó a jugar en un pub en Estados Unidos con unas figuras de inspiración oriental. Después aprendieron a base de recibir el famoso mate pastor en numerosas ocasiones hasta que lo supieron contrarrestar. En el caso de Julen, “me dieron el mate pastor quince veces consecutivas y después no volví a jugar hasta los nueve años por una casualidad, cuando una profesora preguntó si alguien sabía jugar al ajedrez para evitar el pastor y dije que sí”. Hay un momento clave en la vida de las personas que contactan con el ajedrez, una especie de llamada que provoca el pique, el no poder dejarlo en sintonía con las metas que van superando.
El ajedrez bien puede ser el deporte más barato de
todos. Pero mucha gente no se acerca porque le tienen respeto o porque se
atienen a los clichés de que es aburrido o requiere pensar demasiado. No debe
de ser así, por lo menos lo deducimos cuando leemos la mirada brillante de los
dos jugadores con los que compartimos experiencias. “Los que se molestan en acercarse un poco más
suelen engancharse porque es un juego de estrategia que resulta interesante. Es
cuestión de darle la oportunidad”, explica Julen.
Aunque parezca mentira, también se puede vivir del ajedrez como profesional. No hace falta ser futbolista para vivir de un deporte. Con todo, Julen, que vive del ajedrez, aclara que “hay que hacer una distinción con vivir sólo de jugar, para lo que necesitas estar entre los 100 mejores del mundo y si estás entre los 10 primeros vivirás muy bien. Vivir del ajedrez también significa dar clases, entrenamientos, ser autor o escribir en revistas…”.
Los que juegan en el ámbito doméstico se enfrentan a numerosos mitos y confusiones respecto a la normas del ajedrez. De la conversación con nuestros deportistas, desprendemos que no se puede abrir con dos peones, que el enroque se puede hacer en cualquier momento de la partida siempre y cuando no se haya movido ni el rey ni la torre del lado por el que deseas enrocarte, o que está permitido el peón por peón al paso… Asimismo, cuando tratamos de identificar al perfil tipo de jugador, huimos del que coloca al ajedrecista como un pensador aislado: “Realmente no hay un perfil tipo; sí es cierto que sueles encontrarte con gente reflexiva. En el fondo, lo que vale en el ajedrez son las jugadas buenas; no hay cara de ajedrez, sí puedes tomar decisiones más arriesgadas intentando jugar contra el estilo de contrario”.
La preparación del ajedrecista y el componente tecnológico
Los entrenamientos para un jugador de ajedrez son bien distintos a los que practica otro deportista. Según explica Julen Arizmendi, “cuando uno se desarrolla como jugador, el entrenamiento se enfoca a las estrategias de medio juego y técnica en los finales. Después, ya desarrollado, se suelen tocar más las aperturas, especialmente hoy en día, que con los ordenadores disponemos de muchísima más información que hace 20 años. Entonces nos concentramos mucho en las primeras jugadas, hay una preparación previa impresionante”, aclara.
Antes se disputaban partidas por correspondencia entre rivales del mismo nivel, que esperaban a encontrar en su buzón la carta con la respuesta de la jugada de su adversario. Eran partidas que podían prolongarse durante meses, incluso años. Hoy, las nuevas tecnologías agilizan el proceso: “Contactamos por Skype y luego montamos un tablero virtual en una base de datos con una plataforma visible para los dos alojada en un servidor”, matiza Julen.
En cuanto al tiempo que invierten en entrenar los
jugadores de ajedrez, Irene asegura haber tenido ya varios profesores y recibe
tres horas de clases semanales; “por mi cuenta hago entre media hora y una hora
y luego en las concentraciones nos dan clases”, argumenta la ajedrecista, quien
coincide con Julen en que la clave de los jugadores del siglo XXI pasa por las
buenas aperturas de las partidas. “El nivel general ha mejorado una barbaridad;
el nivel medio del ajedrez ha subido mucho en los últimos dos años”, matiza
Irene. De hecho, Julen Arizmendi aclara que en esta faceta el ajedrez tampoco
es como otros deportes: “Lo más parecido sería como jugar un solo set a tenis,
que es un poco lotería. Si cometes en ajedrez un error grave en la apertura, no
hay forma de resarcirse. Dependes mucho de que el otro se equivoque y es algo
que no ocurre tan a menudo”.
Y sobre las partidas que los ajedrecistas disputan a ordenadores o a máquinas, Irene Nicolás no las ve con malos ojos, opina que “está bien que existan porque hay cosas que ve la máquina que el jugador no ve; pero el jugador ve cosas que la máquina no; porque para ella todo es calcular, no tiene intuición”. Con todo, Irene, que tiene como ídolos a Magnus Carlsen y a Judit Polgár (de la que dice es la mejor jugadora de la historia), asegura haber jugado alguna vez contra máquinas y haber perdido pronto mientras pone su siguiente objetivo en “ser campeona de Europa en 2012”.
Shirov, Vallejo, Salgado, Illesc son otros de los nombres del ajedrez español y que, como Julen, se erigen en los nombres más frecuentes de la presencia de España en las olimpiadas del ajedrez que se disputan cada dos años. Precisamente, Arizmendi recuerda con cariño su primera experiencia en una de ellas, la disputada en 2002 en Eslovenia. “Es algo diferente poder ver a todos los mejores jugadores del mundo. Tienes 410 personas metidas en una sala. El ambiente es muy distinto”, subraya.