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Miércoles, 8 junio 2011

Crematorio

Por Adrián Cordellat, periodista digital

[Img #13358]Misent no existe, aunque muchos han buscado a este ficticio pueblo en Google. Misent es sólo una ficción, pero podría ser uno de los muchos pueblos y ciudades que bordean la maltrecha costa mediterránea. Misent no aparece en los mapas, aunque todos sabemos tras ver la serie de Canal+ Crematorio, basada en la obra del mismo nombre de Rafael Chirbes, que su ubicación podría estar en los quilómetros costeros que unen las provincias de Alicante y Valencia. O quizás en Murcia. O Málaga. Misent está en todas partes.


Crematorio, una de las mejores series que ha dado la industria cinematográfica española en décadas, muy en sintonía con las más recientes producciones norteamericanas, aquellas que muchos críticos no han dudado en calificar como pura literatura visual, es el fiel reflejo de lo que nos ha llevado a estar donde estamos. El ascenso y la caída. La codicia. Las presiones y las mafias. El blanqueo del dinero. La droga. La especulación urbanística. La construcción desenfrenada.


Todo parece exagerado, pero todo nos resulta creíble. Constructores que controlan poblaciones y compran decisiones. Políticos sometidos y vendidos a cambio de dinero. Mafiosos rusos actuando impunemente con el consentimiento de aquellos que les deberían detener. Conversaciones salpicadas de palabras que suenan a códigos secretos. Libretas con anotaciones que sólo contienen iniciales. Rubén Bertomeu, constructor y protagonista principal de la obra, interpretado de manera magistral por Pepe Sancho, no existe, pero uno parece encontrarse con él al leer las transcripciones de las grabaciones que el diario El País publica desde este lunes en referencia al escándalo político que sacude a la provincia de Alicante. Hay un Rubén Bertomeu en todas partes.


Crematorio sólo es ficción, pero a la vez es pura realidad. Nos muestra de la forma más descarnada la decadencia de la clase política, el afán de riqueza sin límites, la destrucción del litoral. Algo a lo que, sin querer o queriendo, hemos contribuido todos. Ahora la situación económica, ver lo que se manejaba detrás de los focos gracias a los muchos casos de corrupción que han salido y seguirán saliendo a la luz, nos ha despertado e indignado. Crematorio capta esto último a la perfección. El mundo no se divide entre buenos y malos. Todos somos actores, cada uno en nuestra medida, de esta sociedad corrompida.

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