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Óscar Delgado
Miércoles, 18 mayo 2011
Arte

Entre la tentación y el enamoramiento

‘El humo del amor’ es la muestra del Ignacio Pinazo más insólito, el de la cara más intimista del pintor: la investigadora de sensaciones y de otras alegorías antónimas de la inocencia envenenada de quien cae en manos de Cupido.

[Img #13269]Lo de los enamoramientos viene de lejos, sino que se lo digan a Javier Marías, que en su último libro repasa su sentido más hondo, el de los enamoramientos entendidos como elementos esenciales de la vida más que del amor, de nuestras debilidades y  fortalezas. 


Tentaciones como la que tuvo Ignacio Pinazo a finales del siglo XIX cuando aparcó su pintura histórica y sus retratos cautivado por la influencia de Cupido y de las tentaciones enamoradizas que contiene este personaje mítico. 360gradospress visita esta semana ‘El humo del amor’, muestra de Ignacio Pinazo que expone el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) hasta el 18 de septiembre con el objetivo de enseñar al visitante el lado menos conocido del artista valenciano.


No es un Cupido que sale bien parado el de Pinazo, nos lo presenta como un personaje más influenciable que influyente, más inocente que las féminas a las que lanza su flecha, más infantil y fácil de corromper que decisivo y pícaro en sus acciones enamoradizas. De las 56 obras que recoge el IVAM vinculadas a la interpretación de Cupido pintada por el genio valenciano, la mayor parte de ellas son bocetos, grabados y otros borradores que empleó en torno a la obra principal sobre la que pivota el sentido de la exposición y de la obra más enamoradiza del autor: Cupido. El lienzo representa al dios del amor acompañado de una joven muchacha que le enciende un cigarrillo. Al verlo, da la sensación de que se convierte en el cazador cazado, o en el tentador tentado y sobrecoge ver de cerca cómo el dios del amor, representado en su versión más infantil, enciende impávido el pitillo engatusado por la moza.


El resto de las obras que contiene la muestra versan en torno al cuadro principal mencionado, pintado por Pinazo en 1892 y que incluyó en su envío a la Exposición Nacional de 1895. Es la primera vez que se expone al gran público y pertenece a una colección privada. Los bocetos y el resto de cuadros de la muestra pertenecen en gran parte de la Casa Museo Pinazo de Godella (Valencia) y otros frescos con los que decoró los techos del Palacio Fontanals. La colección tiene el denominador común de presentar paisajes oscuros y una mirada inquietante del significado del amor representado por Cupido.

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