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Miércoles, 18 mayo 2011
Crítica

Beverly Hills Chihuahua

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Por Javier Montes, periodista

[Img #13256]Llevo demasiados días escuchando a los políticos lanzar proclamas y exabruptos para arañar un miserable voto que les mantenga en el carguito de turno. Estoy convencido de que la inmensa mayoría sólo se preocupan de seguir chupando del frasco y que la sociedad a la que se dirigen pidiendo ese voto les importa un pimiento. Estoy cansando. No doy la espalda a la política aunque ellos, los políticos, nos la den a nosotros desde hace mucho tiempo. Para olvidar tanta ponzoña política y tanto engaño electoral recurro a películas como Beverly Hills Chihuahua. ¿Por qué? La respuesta requeriría un libro. Uno -que lleva demasiados días de campaña a sus espaldas (oídos en este caso)- busca aire fresco para olvidar y qué mejor manera de hacerlo que con una película donde los protagonistas son perros. Pues ni con esas.


La comedia de aventuras de la factoría Disney dirigida por Raja Gosnell es un homenaje en toda regla al mundo canino y un espejo del pijerío que se mueve por Los Ángeles. Guau, dirá más de un lector. La misma onomatopeya que escupí yo al verme con la cinta en la mano. (No acepto preguntas salvo que un editor con malgasto me encargue un libro).


En el lujoso barrio de Beverly Hills (tal vez no debería decir barrio sino zona residencial), los perros viven como los ángeles. Uno de ellos es Chloe, una perrita chihuahua mimada asquerosamente por su dueña (Jamie Lee Curtis) y adorada por Papi, el perro del jardinero de la mansión donde la chihuahua toma el sol con sus amigos (también perritos) después de haber asistido a una sesión de masajes caninos. Esto no es coña y, al parecer, podría ser real. ¿Qué fue de aquello de llevar una vida de perros? ¡¡¡Yo la quiero!!!


La dueña de Chloe se va de viaje y le encarga a su sobrina que la cuide. Comete el error de llevarse a la perrita a México y allí empieza la peor de las pesadillas para nuestra chihuahua y para la sobrina de su dueña que se vuelve loca buscándola por calles y ciudades de México con la ayuda del macizorro del jardinero.


Chloe acaba prisionera en una perrera rodeada de perros apestosos listos para pelear. Allí conoce a un pastor alemán que se llama Delgado. Éste se convierte en su ángel de la guarda que le protege de Diablo, un doberman malísimo que quiere acabar con Chloe. En su huida pasan por Puerto Vallarta y corren y corren para escapar de los colmillos de Diablo hasta que llegan a una ciudad perdida con pirámides aztecas y poblada por miles de chihuahuas, una orgullosa raza canina que inspirará a Chloe a descubrir su identidad.


Guau.


Por cierto, la banda sonora de la película es tan pegadiza como el himno del PP, lo cual se agradece en estas fechas. A decir bien, en estas fechas se agradece cualquier cosa, hasta Beverly Hills Chihuahua. Bendita vida la de los perros.

Javier Montes es @JavierMontesCas

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